Gloria al bravo pueblo que el yugo del bolsillo lanzó…

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Los días previos a las elecciones de este 15 de octubre presagiaban en gran medida lo que finalmente ocurrió: pese a la gravedad de la crisis económica que atraviesa el país, el chavismo asistía a su enésima batalla electoral en mucho mejor condición que la derecha oposicionista. El solo hecho de que hubiese elecciones ya de por sí era una victoria del chavismo, pues, como es por todos conocidos, de acuerdo a los planes de la MUD a estas alturas del partido en Miraflores debería haber un gobierno de “transición” resultado de un golpe de Estado. Tras su victoria en diciembre de 2015 decretaron que al gobierno le quedaban seis meses de vida. Pero gracias a la solidez de la institucionalidad democrática del país y, en no poca medida, también debido a la propia torpeza de Julio Borges, Ramos Allup y compañía, esos seis meses transcurrieron sin que ocurriera nada de lo decretado. En consecuencia, se lanzaron a por todas en una larga y sangrienta jornada de violencia callejera cuyo saldo en vidas humanas supera la centena: lincharon, quemaron, acosaron, destrozaron y viajaron por el mundo pidiendo una intervención. Y no obstante, no solo no lograron su cometido, sino que fortalecieron al gobierno: el 30 de julio sufrieron una estrepitosa derrota tras unas elecciones a la ANC que juraron no se realizarían bajo ninguna circunstancia, así como juraron no asistir a las regionales bajo ninguna circunstancia, pues “eran una trampa del régimen”. Ya conscientes del error, les era, sin embargo, demasiado tarde. Desconcertada y frustrada, la militancia oposicionista se preguntaba cómo era eso de que debían salir a votar por unos candidatos a gobernadores que hasta hacía un par de meses atrás decían que la única opción válida era la salida del presidente Nicolás Maduro y que no se confirmarían con menos. Llegó el día de la elección y el gobierno se hizo con el 75% de las gobernaciones. E incluso, se dio el lujo de ganar la de Miranda, la joya de la corona oposicionista, el bastión de Capriles Radonski, de Primero Justicia y de los guarimberos del este del Este que ahora tienen un gobernador de Río Chico.

A este respecto, por más a lugar común que suene, debe decirse que los grandes triunfadores de las elecciones de este 15 de octubre, como del pasado 30 de julio, fueron el pueblo y el sistema democrático venezolanos. Ambos han sabido resistir los embates de una derecha que enceguecida de supremacismo, e ignorante como ella sola, no logra calar en las preferencias de las mayorías nacionales pese al profundo malestar que existe en las calles. Forzados a ir a una guerra civil, amenazados de ser invadidos, bloqueados comercial y financieramente, vapuleados por una crisis económica que por momentos parece no tener fin y más bien agravarse, los venezolanos y las venezolanas han decidido mayoritariamente que no quieren matarse unos a otros ni con terceros y que cualquier diferencia debe resolverse civilizada y democráticamente a través del voto.

El segundo gran ganador ha sido, desde luego, el gobierno y particularmente el presidente Maduro. Apostó fuerte y osadamente por la Constituyente y cambió el cuadro político crítico tomando la iniciativa. Desde el punto de vista táctico la jugada ha sido brillante, por decir lo menos. Y por más que no lo reconozcan públicamente, ya sus más enconados enemigos deben haber reconocido, a estas alturas, que subestimarlo les ha salido caro.

Lo que nos lleva al siguiente punto. Y es que si bien en política la subestimación del otro se paga caro, la sobreestimación de lo logrado también. En primer lugar, desde el punto de vista geopolítico, e inclusive de seguridad de Estado, se perdieron gobernaciones delicadas: Zulia, Táchira, Mérida y Nueva Esparta. Todos ellos estados fronterizos con fuerte presencia de economía ilegal y paramilitarismo, lo que no solo siembra preocupación por la vida de los chavistas habitantes de esas zonas, sino por alta posibilidad de pasar a ser cabeza de playa –que ya en buena medida lo son– de futuras agresiones contra el país. Por otra parte, en Bolívar, Anzoátegui, Táchira y Zulia reposan los puntos neurálgicos de varios de los experimentos que el gobierno ha venido adelantando en materia económica: la faja petrolífera del Orinoco, el Arco Minero, las casas de cambio, las zonas económicas especiales, etc., lo que lo obliga a una revisión de lo hecho en esas áreas.

Y por último, aunque no menos importante, por más méritos del gobierno que haya en estas victorias, no debería confundirse el resultado con la perpetuación de un cheque en blanco sobre la gestión. Sobre este particular, sabido es que el gobierno y ahora la ANC tienen deudas importantes en materia económica. Los precios siguen subiendo a diario, al escasez no ha desaparecido –incluso se ha profundizado en rubros como los medicamentos– y todo indica que para final de año tenderá a agravarse la situación conforme avanza la Navidad. La buena noticia es que la estrepitosa derrota de la derecha y el reposo electoral de los próximos meses allanan el camino para que el gobierno se concentre en la resolución de los problemas pendientes. Que el determinante en última instancia, hasta ahora, del voto y las preferencias políticas no haya sido el bolsillo, por malogrado que esté, no significa que no pueda llegar a serlo en el momento menos pensado.

4 Comentarios en Gloria al bravo pueblo que el yugo del bolsillo lanzó…

  1. El triunfalismo, ya sea pre o post, es muy mal consejero.

    Hay que leer muy bien la pérdida se votos, el triunfo por ñinguitas y el profundísimo malestar por el agobio económico que seguro golpeó muy fuerte el voto bolivariano, pero que no se sintió tanto por la tremenda abstención oposicionista.

    Así que ¡cuidado!; hay que resolver los enormes problemas de gestión -que llega a desidia en algunos casos-, la casi total impotencia en el tema económico, las promesas no cumplidas en este ámbito (precios justos, 50 productos con precios acordados, etc.) y lo principal: tener algún éxito frente a la principal arma desastibilzadora de todo: Dólar Today y su bestial capacidad de destrozar el bolsillo de los venezolanos.

    Si esto sigue así, el amor del pueblo por Chávez, que acaba de demostrarse que aún es una realidad y tiene saldos de conciencia a favor, podría convertirse en desprecio y mayor encono aún contra quienes parecen no encarnarlo muy bien, y no pueden, no saben, o quizá no encuentran cómo proteger al pueblo, o peor aún, creen que sí lo están haciendo bien, se vanaglorian por ello y que por ello este ‘éxito electoral’. O sea, gracias a ellos…

    ¡Cuidado con los autor galos!

    Y más cuando parece que se anuncian nuevas prontas elecciones…

  2. Excelente articulo. Me sumo a la idea que el reto por delante es el económico, ya la asamblea constituyente tiene varios meses y no se le ve el queso a la tostada, el presidente sometió varias leyes y aun no se concretan. Me parece que lo más urgente es el tema cambiario y como hacer para que el emprendedor, empresario, inversionista pueda poner a circular el dinero en función de una economía productiva. Es obligado revisar este tema, creo que la medida de cotizar el petróleo en moneda China es necesario pero no suficiente, debemos establecer mecanismos para que esa monedas y otras, puedan circular en el país, de esa manera garantizamos el flujo de dinero que permita incentivar la economía productiva.

  3. “En primer lugar, desde el punto de vista geopolítico, e inclusive de seguridad de Estado, se perdieron gobernaciones delicadas: Zulia, Táchira, Mérida y Nueva Esparta. Todos ellos estados fronterizos con fuerte presencia de economía ilegal y paramilitarismo, lo que no solo siembra preocupación por la vida de los chavistas habitantes de esas zonas, sino por alta posibilidad de pasar a ser cabeza de playa –que ya en buena medida lo son– de futuras agresiones contra el país.”

    Como siempre alli viene el lobo… viene el lobo… nos va a invadir. Cuantos chavistas no dicen que la inseguridad era mayor en los estados con gobernadores de oposicion. Veremos como las cosas seguiran igual, porque los gobernadores y alcaldes sin importar el bando no pueden luchar contra los errores macroeconomicos del gobierno central ni la inseguridad desbordada que pareciera ser tambien politica de estado.

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