“Turn up the heat”

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“En el frente económico, puedo decir que nuestro plan para hacer más daño, es aumentar la temperatura sobre el gobierno venezolano”

Steven Mnuchin. Secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

En inglés, la expresión “turn up the heat” se lee como “aumentar la presión” o “aumentar la temperatura”. Formalmente son sinónimos, pero, dados los contextos, su uso connota más alguno de los dos significados. Así por ejemplo, cuando Steven Mnuchin la utilizó en la rueda de prensa ofrecida el 25 de agosto de 2017 para explicar los alcances de las sanciones financieras contra Venezuela, no cabe duda de que el mensaje enviado se inclinaba más por el segundo que por el primero.

Además de avanzar de forma cada vez más evidente sobre un bloqueo comercial y financiero que antes operaba de manera solapada, el conjunto de medidas contra las operaciones vinculadas a la deuda venezolana busca, de hecho, aumentar la temperatura contra el gobierno venezolano hasta rostizarlo. El tema es que no son acciones dirigidas solo contra el gobierno o tal o cual funcionario, sino contra el país todo. Y seguirán dirigiéndose, porque, como ya se ha advertido hasta el aburrimiento, hace rato que dentro de la doctrina norteamericana las herramientas de guerra económica y financiera son tan o más válidas que las convencionales. Y no lo dijo Chávez ni Fidel Castro. Lo dicen voceros y figuras del alto gobierno norteamericano mismo.

Por ejemplo James Rickards, del Comité de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, quien publica libros y dicta conferencias explayándose en la doctrina de “la guerra financiera como forma de la guerra pero por otros medios”. Un tipo de guerra que “es menos familiar a los estrategas militares y políticos debido a su naturaleza muy especializada y a su reciente arribo al terreno de combate”, pero que “involucra actos hostiles en los mercados con acciones, bonos, divisas, materias primas y derivados financieros, entre otros”.

O Juan Carlos Zárate, exsecretario del Departamento del Tesoro y viceconsejero de Seguridad Nacional de Bush Jr., quien escribió un bet sellers titulado La Guerra del Tesoro: El desarrollo de una nueva era de batalla financiera, donde define a esta como “una nueva especie de guerra, como una insurgencia financiera sigilosa, que tiene la intención de constreñir el flujo financiero vital de nuestros enemigos, sin precedentes por su alcance y efectividad. El nuevo juego geoeconómico pudiera ser más eficiente y sutil que las competencias geopolíticas del pasado, aunque no es menos despiadado y destructivo”.

Steven Mnuchin no ha escrito ningún libro al respecto. Pero es un sionista nacido en Wall Street –su padre fue un célebre especulador financiero– y formado en Goldman Sachs, tras lo cual fundó de su propio fondo especulativo. Con este, se hizo tristemente célebre expulsando a ciudadanos estadounidenses de sus casas tras la quiebra de las hipotecas en 2007. Fue demandado por ello y libró el juicio, si bien se vio obligado a vender el fondo. También es un conocido productor de cine de películas posapocalípticas y bélicas como Avatar, Mad Max, Suicide Squad y la más reciente versión de El rey Arturo. Cuenta la leyenda que era de los más atorrantes estudiantes adinerados que pasaron por la Universidad de Yale, lo que es mucho decir. En fin, todo un personaje con el ánimo, la convicción, la falta de escrúpulos, el poder y el imaginario hollywoodesco suficiente como para llevar la doctrina de la guerra financiera hasta sus últimas consecuencias. Hoy que comienzan las rondas de negociación de la deuda, ¿estamos preparados para enfrentarlo como el psicoganster económico que es?

3 Comentarios en “Turn up the heat”

  1. Muchas personas, quizá la mayoria olvida o no considera El Azar como factor en estas situaciones bélicas tan complejas (nos están haciendo la guerra en términos holísticos)……no creo que estemos adecuadamente preparados pero……tenemos buena suerte……Maduro es sortario…..hacemos cosas, pero también suceden cosas…….cuando terminen de reirse, pónganse a recordar y a comparar….Los Balcanes,Afghanistan, Irak, Libia, Siria, Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil……y con un poco de ingenuidad, este Pueblo es más arrecho…..

  2. EL VERDADERO TEATRO DE OPERACIONES DE LA GUERRA ECONÓMICA CONTRA VENEZUELA.

    Parece insólito, pero a estas alturas de la guerra económica todavía hay quien se atreva a poner en duda su existencia, siendo peor aún que haya quien quiera convencerlos de lo contrario, en lugar de restarles importancia, ya que tan absurda posición de unos pocos que para nada representan el sentido común, no merece un mínimo de desgaste. Sin embargo, es necesario precisar cuáles son los verdaderos escenarios de dicha guerra en su justa dimensión para tener en claro quién es el enemigo, esto para evitar caer en su estrategia distractora de ponernos a combatir contra quienes son también sus víctimas, haciéndonos creer que es nuestro adversario, para que mutuamente nos debilitemos y les facilitemos el trabajo viniéndonos ambos a menos para cuando quiera destruirnos encontrarnos indefensos; siendo esta una de las típicas estrategias engañosas del Sionismo en su infinita avaricia como dignos herederos de su padre Jacob.

    Es así como se amerita retirar por un momento la mirada hacia el teatro de operaciones virtual de esta guerra económica que es el de los medios de comunicación y de las redes sociales en el que solo se habla de bloqueo, de default y de sanciones simbólicas; para voltear hacia el verdadero lugar de los acontecimientos que son las fronteras y las calles de Venezuela, donde la lucha por la supervivencia está haciendo que el pueblo se destruya entre sí para hacerles el trabajo al verdadero enemigo, cuya base de operaciones tiene su domicilio en un pueblo forajido llamado Cúcuta ubicada al este de la “hermana república”, que no por casualidad es también llamada “El Israel de Latinoamérica”, cuyo mecanismo de guerra a través de la manipulación desproporcionada, arbitraria e irracional del valor del Bolívar y del contrabando de extracción es bastante conocida por todos, pero que nunca está de más traer a colación porque de allí subyace la naturaleza de todas nuestras crisis a lo interno que se resumen en dos palabras: inflación y desabastecimiento.

    De esta manera, vemos a consumidores siendo víctimas de la usura de quienes también son estafados por sus proveedores (o más bien, por el tipo de la cava que le cobra la vacuna en efectivo) pero que como buenos practicantes del pensamiento keynesiano no les queda más que transferir la carga especulativa al siguiente eslabón de la cadena; vemos también a usuarios del transporte público quejarse del mal servicio que prestan los transportistas y de lo extremadamente costoso que se ha puesto el pasaje, pero a su vez vemos a un transportista pasar penurias porque el costo de los servicios de mantenimiento y de los repuestos ha alcanzado unos niveles que le están haciendo inviable la prestación del servicio, siendo impensable para él la renovación de la flota como corresponde con cualquier activo de una empresa en plena actividad luego que este ha expirado su vida útil.

    Quién lo iba a pensar a los niveles en los que hemos caído, mientras hace muy poco tiempo nos reíamos de nuestra plástica miseria cultural con aquella cuña publicitaria que expresaba una realidad de entonces con aquella chica que no sabía que hacer entre “o me hago las lolas o pago las deudas”; hoy el dilema de la realidad actual de cualquier trabajador es “o compro comida o compro las medicinas” por una crisis inducida desde el vecino país, apoyada por sectores apátridas y con la complicidad de muchos infiltrados en las instituciones que les hacen el trabajo valiéndose de nuestra burocracia estructural que pareciera ser “indestructible”, porque lo más triste es que mientras se libran batallas épicas contra poderes imperiales logrando el gran sueño del gigante Chávez, que ni Saddam Hussein, ni Muammar Gaddafi pudieron, de comercializar el petróleo en monedas distintas al dólar, así como también se logra renegociar la deuda externa y burlar el default en el que nos quieren hacer caer.

    Es así como el enemigo sigilosamente se infiltra en las catacumbas del pueblo para socavar los cimientos de los verdaderos artífices de la revolución que es precisamente ese pueblo al que quieren hacer rendir por hambre para despojarlo de sus riquezas a cambio de un plato de lentejas, creando un ambiente hostil minándolo con los antivalores del capitalismo para hacerlo desarrollar su instinto de supervivencia, donde el más fuerte busque devorar al más débil como la única alternativa para lograr su subsistencia, a lo que muy bien le pudiera asentar como eufemismo “los embates del capitalismo popular”, pero que no es más que la degeneración del ser humano que da origen a vicios de corrupción tanto en el sector público como en el sector privado, en el que se exponen a los honestos al exterminio en masa por la voracidad depredadora de quienes opten por no serlo para sobrevivir, lo cual sin duda en muy corto tiempo llevaría a los honestos a encabezar la lista de especies en extinción, es decir, la verdadera naturaleza de nuestra crisis es inducida y es más de valores que de problemas económicos.

    Ahora, ¿qué hacer?, en principio se hace inminentemente necesario desmontar ese mecanismo perverso de devaluación en la praxis de nuestra moneda estructurado para impactar sobre el resto de la economía y crear la crisis, para ello se requiere que el pueblo todo se organice y los verdaderos patriotas que hacen vida en las instituciones del Estado nos acompañen y nos apoyen para exigir al Banco Central de Venezuela que asuma su rol constitucional de velar por la preservación del valor de nuestro signo monetario, como se establece en el Artículo 318 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y acuda ante instancias internacionales a objeto de se apliquen los mecanismos de ley y se prohíba el libre cambio del Bolívar fuera de nuestras fronteras, toda vez que el Bolívar no es una divisa de reserva de libre convertibilidad fuera de nuestro territorio, incluso ni siquiera dentro, ya que por la voracidad parasitaria de sectores oligopólicos cartelizados que pululan en el sector privado de la economía nos hemos visto forzados a mantener un necesario control de cambio.

    Por otro lado, como sabemos que no solo porque se prohíba se va a dejar de hacer, ya que quienes quieren violar las leyes siempre encuentran como hacerlo, es necesario salirles al paso con estrategias para neutralizarlos, para ello se requiere agilizar la apertura de las casas de cambio en el país para que privados intercambien sus divisas entre sí, pero sin tocar las divisas del Estado que ingresan a través de la renta petrolera. Esto pudiera suponer que por efectos de oferta y demanda la paridad pudiera incluso sobrepasar la que marca el mercado paralelo para ejercer presión sobre el Estado para que inyecte divisas y contenga la depreciación del Bolívar, variable esta que sin duda asumirá el sector privado como el nuevo marcador oficial para justificar la especulación, pero a este respecto se propone aplicar estrategias para llevarlos a un terreno donde se sientan cautivos de su propia especulación, a sabiendas de que si la propician para perjudicar a las otras partes involucradas, se les viene en su contra; esto lo que Nash llamó el “DILEMA DEL PRISIONERO”, en tal sentido y bajo dicha premisa, se considera la pertinencia de aplicar por decreto presidencial bajo la venia de la Asamblea Nacional Constituyente, la indexación automática y constantes de todas las escalas salariales a las tasas reales inflacionarias.

    Esto muy por el contrario de lo que pueda pensar cualquier estudioso de la economía clásica, keynesiana e incluso monetarista, constituye la fórmula para encontrar el equilibrio perfecto y acabar con ese perverso flagelo que se deriva del rentismo petrolero, obligando al sector privado a hacerse competitivo para captar mercado internacional y colocar parte de su producción, generándose sus propias divisas, claro está, en las primeras de cambio su aplicación creará un efecto hiperinflacionario mientras se reacomodan todas las variables, pero que en el muy corto plazo tenderán a su estabilidad y lo mejor de todo es que sería con la menor afectación al eslabón más débil de la cadena que es el trabajador y que por cierto es quien al final produce. De esta manera, el sector privado no le quedará más que hacerse garante de que el Bolívar preserve su valor, una depreciación supone para ellos, incremento de obligaciones fiscales y de pasivos laborales, al tiempo que les representa la descapitalización de su patrimonio mayormente expresado en moneda nacional.

    Al Estado por su parte le corresponderá, apoyar cualquier iniciativa del sector exportador otorgándoles créditos en divisas, pero para ser cancelados única y exclusivamente en divisas. Por otra parte, también le corresponderá la administración de la base monetaria a través del Banco Central de Venezuela, ampliándola según considere necesario para ponerse a tono con las presiones que quiera ejercer el mercado cambiario que en todo caso es exclusivamente privado, esto para cubrir los compromisos de ajustes presupuestarios que se derivan de la indexación de las escalas salariales, así pues el sector privado sentirá que si induce la especulación se le viene en su contra. Es importante destacar, que esto no hará desaparecer el mercado paralelo, pero el mismo se manejará de manera subterránea y no se constituirá como marcador de la economía formal, como ocurre hoy día y por supuesto, los diferenciales cambiarios no serán tan altos como los que se observan actualmente y sencillamente porque serán muy pocos los que se dispongan a pagarlo.

    Para cerrar el llamado es nuevamente a ser pragmáticos y a desarrollar nuestro propio modelo socialista, echando mano de todos los mecanismos experimentales de ensayo y error bajo metodologías de riesgos controlados que en palabras de Simón Rodríguez no es otra cosa que aquello de: “O inventamos, o erramos”

    Solo el pueblo salva al pueblo, viviremos si vencemos.

  3. Será que yo soy la única revolucionaria que patea la calle? Será que la revolución sabe que los PVP de productos NACIONALES, que sacaron HOY, por lo menos aquí en Barquisimeto, subieron OTRA VEZ. El KILO de café viene con PVP de 56MIL BOLOS camaradas. Quien APRUEBA ese EXABRUPTO de PVP? Pongo el ejemplo del café porque es IMPENSABLE que NO podamos tomarlo. YO ya me lo tomo SIN AZÚCAR hace 4 años. Y apareció la lecha de larga duración, LA PASTOREÑA, con el nuevo PVP, por 1 LITRO a 18MIL BOLOS. Que tal? Así que, por ahora, el sicópata criminal yankee está ganando…

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