El Nula y la maquinita de reproducir dinero, un asunto de soberanía

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Por: Eduardo Viloria Daboín

En El Nula, Apure, donde apenas con cruzar el río Arauca se llega a Colombia, son casi inexistentes los puntos de venta para tarjeta de débito, y hasta hace poco habían dejado de funcionar el banco y el cajero automático. De paso, recientemente se cayó el puente sobre el río Burgua, quedando la ciudad casi incomunicada, con lo cual se hizo mucho más difícil ir a ciudades cercanas en busca de efectivo.

En esta pequeña ciudad apureña, la gente debe comprar dinero en efectivo para poder comprar lo que necesita. Para obtener 100.000 bolívares en efectivo se llega a pagar hasta 160.000 por vía electrónica. Y esta compra de efectivo se hace a los propietarios de los poquísimos negocios que tienen punto de venta, quienes llegan a cobrar hasta el 60% por transacción.

El ciclo perverso en el que la gente se ve obligada a entrar es más o menos así: 1) el dinero llega en depósitos a las cuentas de la gente trabajadora, 2) la gente recurre a quienes tienen punto de venta para para poder convertir el saldo de su cuenta en dinero en efectivo, pagando el ya mencionado 60% de comisión, 3) la gente hace sus compras y ese dinero en billetes queda en manos de los comerciantes, 4) esos comerciantes no lo depositan en banco alguno sino que lo venden, 5) el dinero llega nuevamente a manos de quienes tienen punto de venta, 6) quienes tienen punto de venta tienen otras fuentes para comprar dinero en efectivo: traficantes que lo traen de ciudades cercanas o de Colombia, 7) estos lo ponen nuevamente en circulación cobrando su porcentaje especulativo por transacción. Está claro, entonces, quiénes son los(as) únicos(as) perjudicados(as).

De entrada podría pensarse que el dinero en efectivo allí escasea. Pero al recorrer la ciudad y entrar en distintos comercios, bodegas, luncherías, panaderías, es fácil constatar que en realidad no escasea: en las mesas y escritorios donde están las cajas registradoras, o simplemente los cajones de madera donde se guarda el dinero, se apilan a montones los billetes ordenados por denominación (del nuevo cono monetario, además, que escasean en ciudades como Caracas), o guardados en bolsas plásticas. ¿Conclusión? El dinero en efectivo escasea para la mayoría trabajadora y consumidora, pero no para los comerciantes: los que tienen punto de venta lo acumulan para venderlo a cambio de dinero electrónico hasta con un 60% de ganancia, y los que no tienen punto de venta lo acumulan para venderlo a los que sí lo tienen o para sacarlo a Colombia y venderlo allá.

De este modo, quien recibe su salario depositado en su cuenta personal termina recibiendo en realidad 60% menos al verse obligado a entrar en ese ciclo perverso. Para la mayoría de la gente el dinero termina valiendo menos y para una pequeña minoría termina valiendo más y, por si fuera poco, reproduciéndose como por arte de magia, impunemente, comprando y revendiendo, con un margen especulativo gigantesco, una novedosa mercancía: el dinero en efectivo. A tal extremo llega la situación, que puede resultar más favorable para la gente adquirir pesos colombianos, que también terminan por ser aceptados por muchos comercios. Del mismo modo, los pequeños y medianos productores de leche y carne terminan por aceptar, como lógico y normal, vender su producción en Colombia por el solo hecho de que así pueden obtener el margen de ganancia que les permite cubrir los gastos en insumos que no pueden conseguir en Venezuela y que compran, a su vez, en Colombia.

He aquí una más de las dinámicas en las que se expresa en concreto la guerra en la que Venezuela está inmersa. Una guerra en la que, con la introducción de elementos que distorsionan el metabolismo económico, se ponen en juego y se disparan los resortes del sentido común capitalista según el cual unos pocos sacan mayores ganancias con menores esfuerzos, sacando provecho de la necesidad de muchos. Una guerra que requiere, para ser derrotada, acciones de guerra también para eliminar los aspectos de la economía que generan esas condiciones favorables a esas lógicas de hiperespeculación, por un lado, y de sobrevivencia, por otro. Esas acciones solo están en manos de un Estado resuelto a disponer y dirigir toda su fuerza en función de ello.

Y en casos como este de El Nula se trata, además, no solo de proteger a una parte de nuestro pueblo trabajador, sino que se trata de una cuestión de soberanía. No solo es una frontera vulnerada cotidianamente por las lógicas mafiosas del contrabando extractivo de combustible, leche, carne y billetes, sino de una porción de territorio en el que empiezan a ponerse en juego otros riesgos. ¿Qué pasa si la población que allí vive prefiere practicar un comercio ilegal con el vecino país porque es económicamente más rentable que comerciar del lado venezolano y hacia el centro del país? ¿Qué pasa si en esta porción de territorio se hace más y más común el flujo de pesos colombianos por la dificultad de conseguir el dinero venezolano en efectivo?

La República y su soberanía es Territorio, Estado y Pueblo. Si en un territorio, ya de por sí vulnerado, el pueblo no es protegido por el Estado de su nación y pasa a entablar relaciones cada vez más profundas, de conveniencia incluso en una lógica de sobrevivencia, con el país vecino, ¿no sucede entonces que comienza a verse socavado el más importante fundamento de la soberanía, de la nacionalidad y del patriotismo que es, justamente, el pueblo?

9 Comentarios en El Nula y la maquinita de reproducir dinero, un asunto de soberanía

  1. Totalmente de acuerdo; sin embargo, somos los trabajadores los que debemos tomar la iniciativa para salvar la Patria, sobre el particular me permito reenviar un comentario que hice al editorial de esta semana de 15 y Último con una propuesta que en mi muy humilde opinión considero que es la única vía para salir de esta coyuntura. El comentario dice así:

    EL VERDADERO TEATRO DE OPERACIONES DE LA GUERRA ECONÓMICA CONTRA VENEZUELA.

    Parece insólito, pero a estas alturas de la guerra económica todavía hay quien se atreva a poner en duda su existencia, siendo peor aún que haya quien quiera convencerlos de lo contrario, en lugar de restarles importancia, ya que tan absurda posición de unos pocos que para nada representan el sentido común, no merece un mínimo de desgaste. Sin embargo, es necesario precisar cuáles son los verdaderos escenarios de dicha guerra en su justa dimensión para tener en claro quién es el enemigo, esto para evitar caer en su estrategia distractora de ponernos a combatir contra quienes son también sus víctimas, haciéndonos creer que es nuestro adversario, para que mutuamente nos debilitemos y les facilitemos el trabajo viniéndonos ambos a menos para cuando quiera destruirnos encontrarnos indefensos; siendo esta una de las típicas estrategias engañosas del Sionismo en su infinita avaricia como dignos herederos de su padre Jacob.

    Es así como se amerita retirar por un momento la mirada solo dirigida hacia el teatro de operaciones virtual de esta guerra económica que es el de los medios de comunicación y de las redes sociales en el que solo se habla de bloqueo, de default y de sanciones simbólicas; para voltear hacia el verdadero lugar de los acontecimientos que son las fronteras y las calles de Venezuela, donde la lucha por la supervivencia está haciendo que el pueblo se destruya entre sí para hacerles el trabajo al verdadero enemigo, cuya base de operaciones tiene su domicilio en un pueblo forajido llamado Cúcuta ubicada al este de la “hermana república”, que no por casualidad es también llamada “El Israel de Latinoamérica”, cuyo mecanismo de guerra a través de la manipulación desproporcionada, arbitraria e irracional del valor del Bolívar y del contrabando de extracción estimulado por un arbitraje cambiario inducido a favor de Colombia como consecuencia de dicha distorsión, es bastante conocida por todos, pero que nunca está de más traer a colación porque de allí subyace la naturaleza de todas nuestras crisis a lo interno que se resumen en dos palabras: inflación y desabastecimiento.

    De esta manera, vemos a consumidores siendo víctimas de la usura de quienes también son estafados por sus proveedores (o más bien, por el tipo de la cava que le cobra la vacuna en efectivo) pero que como buenos practicantes del pensamiento keynesiano no ven otra opción que transferir la carga especulativa al siguiente eslabón de la cadena; vemos también a usuarios del transporte público quejarse del mal servicio que prestan los transportistas y de lo extremadamente costoso que se ha puesto el pasaje, pero a su vez vemos a un transportista pasar penurias porque el costo de los servicios de mantenimiento y de los repuestos ha alcanzado unos niveles que le están haciendo inviable la prestación del servicio, siendo impensable para él la renovación de la flota como corresponde con cualquier activo de una empresa en plena actividad luego que este ha expirado su vida útil.

    Quién lo iba a pensar a los niveles en los que hemos caído, mientras hace muy poco tiempo nos reíamos de nuestra plástica miseria cultural con cierta cuña publicitaria que expresaba una realidad de entonces con aquella chica que no sabía que hacer entre “o me hago las lolas o pago las deudas”; hoy el dilema de la realidad actual de cualquier trabajador es “o compro comida o compro las medicinas” por una crisis inducida desde el vecino país, apoyada por sectores apátridas y con la complicidad de muchos infiltrados en las instituciones que les hacen el trabajo valiéndose de nuestra estructura burocrática que pareciera ser “indestructible”, porque lo más triste es que mientras, se libran batallas épicas contra poderes imperiales, logrando el gran sueño del gigante Chávez, que ni Saddam Hussein, ni Muammar Gaddafi pudieron, de comercializar el petróleo en monedas distintas al dólar, así como también se logra renegociar la deuda externa y burlar el default en el que nos quieren hacer caer.

    Entretanto, el enemigo sigilosamente se infiltra en las catacumbas del pueblo para socavar los cimientos de los verdaderos artífices de la revolución que es precisamente ese pueblo al que quieren hacer rendir por hambre para despojarlo de sus riquezas a cambio de un plato de lentejas, creando un ambiente hostil minándolo con los antivalores del capitalismo para hacerlo desarrollar su instinto de supervivencia, donde el más fuerte busque devorar al más débil como la única alternativa para lograr su subsistencia, a lo que muy bien le pudiera asentar como eufemismo “los embates del capitalismo popular”, pero que no es más que la degeneración del ser humano que da origen a vicios de corrupción tanto en el sector público como en el sector privado, en el que se exponen a los honestos al exterminio en masa por la voracidad depredadora de quienes opten por no serlo para sobrevivir, lo cual sin duda en muy corto tiempo llevaría a los honestos a encabezar la lista de especies en extinción, es decir, la verdadera naturaleza de nuestra crisis es inducida y es más de valores que de problemas económicos.

    Ahora, ¿qué hacer?, en principio se hace inminentemente necesario desmontar ese mecanismo perverso de devaluación en la praxis de nuestra moneda, estructurado para impactar sobre el resto de la economía y crear el caos, para ello se requiere que el pueblo todo se organice y los verdaderos patriotas que hacen vida en las instituciones del Estado nos acompañen y nos apoyen para exigir al Banco Central de Venezuela que asuma su rol constitucional de velar por la preservación del valor de nuestro signo monetario, como se establece en el Artículo 318 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y acuda ante instancias internacionales a objeto de hacer que se apliquen los mecanismos de ley y se prohíba el libre cambio del Bolívar fuera de nuestras fronteras, toda vez que el Bolívar no es una divisa de reserva de libre convertibilidad fuera de nuestro territorio, incluso ni siquiera dentro, ya que por la voracidad parasitaria de sectores oligopólicos cartelizados que pululan en el sector privado de la economía, nos hemos visto forzados a mantener un necesario control de cambio.

    Por otro lado, como sabemos que no solo porque se prohíba se va a dejar de hacer, ya que quienes quieren violar las leyes siempre encuentran como hacerlo, es necesario salirles al paso con estrategias para neutralizarlos, para ello se requiere agilizar la apertura de las casas de cambio en el país para que privados intercambien sus divisas entre sí, pero sin tocar las divisas del Estado que ingresan a través de la renta petrolera. Esto pudiera suponer que por efectos de oferta y demanda la paridad pudiera incluso sobrepasar la que marca el mercado paralelo para ejercer presión sobre el Estado para que inyecte divisas y contenga la depreciación del Bolívar, variable esta que sin duda asumirá el sector privado como el nuevo marcador oficial para justificar la especulación, pero a este respecto se propone aplicar estrategias para llevarlos a un terreno donde se sientan cautivos de su propia especulación, a sabiendas de que si la propician para perjudicar a las otras partes involucradas, se les viene en su contra; esto es lo que Nash llamó el “DILEMA DEL PRISIONERO”, en tal sentido y bajo dicha premisa, se considera la pertinencia de aplicar por decreto presidencial bajo la venia de la Asamblea Nacional Constituyente, la INDEXACIÓN automática y constantes de todas las escalas salariales a las tasas reales inflacionarias, en palabras llanas, ajustar periódicamente los salarios en la misma proporción en la que suba la inflación.

    Esto muy por el contrario de lo que pueda pensar cualquier estudioso de la economía clásica, keynesiana e incluso monetarista y la prediposición dogmática que le pueda hacer que se niegue a ello, constituye la fórmula para encontrar el equilibrio perfecto y acabar con ese perverso flagelo que se deriva del rentismo petrolero, obligando al sector privado a hacerse competitivo para captar mercado internacional y colocar parte de su producción para generarse sus propias divisas, claro está, en las primeras de cambio su aplicación creará un efecto hiperinflacionario mientras se reacomodan todas las variables, pero que en el muy corto plazo tenderán a su estabilidad y lo mejor de todo es que sería con la menor afectación al eslabón más débil de la cadena que es el trabajador y que por cierto es quien al final produce. De esta manera, el sector privado no le quedará más que hacerse garante de que el Bolívar preserve su valor, una depreciación supone para ellos, incremento de obligaciones fiscales y de pasivos laborales, al tiempo que les representa la descapitalización de su patrimonio mayormente expresado en moneda nacional y para la banca el tener que operar a tasas negativas.

    Al Estado por su parte le corresponderá, apoyar cualquier iniciativa del sector exportador otorgándoles créditos en divisas, pero para ser cancelados única y exclusivamente en divisas. Por otra parte, también le corresponderá la administración de la base monetaria a través del Banco Central de Venezuela, ampliándola según considere necesario para ponerse a tono con las presiones que quiera ejercer el mercado cambiario que en todo caso es exclusivamente privado, esto para cubrir los compromisos de ajustes presupuestarios que se derivan de la indexación de las escalas salariales, así pues el sector privado sentirá que si induce la especulación es a ellos a quienes se les vendría en su contra. Es importante destacar, que esto no hará desaparecer el mercado paralelo, pero el mismo se manejará de manera subterránea y no se constituirá como marcador de la economía formal, como ocurre hoy día y por supuesto, los diferenciales cambiarios no serán tan altos como los que se observan actualmente y sencillamente porque serán muy pocos los que se dispongan a pagarlo.

    Para cerrar el llamado es nuevamente a ser pragmáticos y a desarrollar nuestro propio modelo socialista, echando mano de todos los mecanismos experimentales de ensayo y error bajo metodologías de riesgos controlados que en palabras de Simón Rodríguez no es otra cosa que aquello de: “O inventamos, o erramos”

    Solo el pueblo salva al pueblo, viviremos si vencemos.

    • Los primeros en no creen que existe la Guerra Economica son los personeros del estado, ellos que tanto la calcárea en discursos con retorica interminable son los primero es duda en la existencia de la GE, y prueba de esto es que no hacen nada para combatirla, están en la lógica del “dejar pasar”. Nosotros los trabajadores vamos a salvar la patria? Si no podemos salvarnos a nosotros mismos de la precarización de nuestras condiciones económicas y del trato que se recibe en las mismas empresas socialistas del estado, donde el neoliberalismo campa a sus anchas. Despierte hermano.

    • Yo si creo en la guerra que nos han inducido ,el manejo que tiene el estado no es el más adecuado , no ha tenido repuesta justas para combatir , y es para mí incompetente , contoda su fuerza militar , policial etc. el punto aquí según el texto leído ,es el cierre definitivo de las fronteras y, dictatorialmente aplicar la ley en las zonas .

  2. “Ahora, ¿qué hacer?, en principio se hace inminentemente necesario desmontar ese mecanismo perverso de devaluación en la praxis de nuestra moneda, estructurado para impactar sobre el resto de la economía y crear el caos, para ello se requiere que el pueblo todo se organice y los verdaderos patriotas que hacen vida en las instituciones del Estado nos acompañen y nos apoyen para exigir al Banco Central de Venezuela que asuma su rol constitucional de velar por la preservación del valor de nuestro signo monetario”

    Solo el BCV y el gobierno han devaluado inumerables veces. El valor de la moneda no lo determina una pagina.

    Es posible que en Vzla la oposicion sea tan aguda y capaz de desaparecer todos los billetes, pero incapaz de coordinarse para una eleccion? que es mas probable. Imaginemos el costo Y EL RIESGO personal de los que reciben el efectivo en llevarlo a una agencia bancaria todos los dias o todas las semanas. Imaginen el riesgo y costo para el pueblo el ir a sacarlo a otro sitio… es tan grande que puede costar 60% del valor de la transaccion. Lo mismo para un banco, el costo de poner efectivo en ese pueblo es prohibitivo y la gente busca opciones.

    Si no hubiese escasez de efectivo debido a la inflacion e incapacidad del BCV y casa de la moneda en proveer billetes no estariamos en esta situacion. Si el costo de transaccion en efectivo (que la gente cree que es inexistente pero no lo es) resulta elevado, dificilmente habra cambios en el comportamiento de la gente.

    • “Solo el BCV y el gobierno han devaluado inumerables veces.”
      Hasta donde recuerdo la última cotización del dólar a tasa DICOM fue de poco más 11.000 Bs, nada comparable a los 80.000 Bs que al corte de hoy lo cotizó la innombrable página y que por desgracia nuestra es la que rige la economía, al punto que los usureros se están atreviendo a pedir casi 300.000 Bs. por un desodorante

      “El valor de la moneda no lo determina una pagina”
      Totalmente de acuerdo, pero mientras el BCV permita la libre convertibilidad del Bolívar en Cúcuta, por la vía de los hechos legitima ese valor que se fije a través de esa página.¿Por qué cree que el Gobierno permite los precios que vemos estampado legalmente en cualquier producto?

      “Es posible que en Vzla la oposicion sea tan aguda y capaz de desaparecer todos los billetes, pero incapaz de coordinarse para una eleccion?”
      A mi modo de ver las cosas, la oposición lo menos que le interesa es ganar una elección, creo que su único interés es hacerse del poder por vías no constitucionales para imponer por la fuerza su modelo neoliberal.

      “Si no hubiese escasez de efectivo debido a la inflacion e incapacidad del BCV y casa de la moneda en proveer billetes no estariamos en esta situacion.”
      La escasez de efectivo se debe básicamente al contrabando de extracción del mismo para poder soportar las operaciones cambiarias en Cúcuta, cuyo gran propósito en mi opinión, es el blanqueo de divisas provenientes del delito, de otro modo el que posea divisas optaría por cambiarlas por la moneda de curso legal en su país que es el Peso, en operaciones transparentes, registradas contablemente y totalmente auditables. Esto refuerza mi planteamiento de solicitar al BCV que cumpla su rol constitucional y exija la prohibición del libre cambio del Bolívar en Colombia.

      • “Hasta donde recuerdo la última cotización del dólar a tasa DICOM fue de poco más 11.000 Bs, nada comparable a los 80.000 Bs que al corte de hoy lo cotizó la innombrable página y que por desgracia nuestra es la que rige la economía, al punto que los usureros se están atreviendo a pedir casi 300.000 Bs. por un desodorante”

        La expectativa de cualquier persona es que el gobierno/BCV va a devaluar aun cuando consideres la tasa DICOM… El dolar estaba a 600 Bs cuando chavez gano en 1999 y ahora esta en 11.000.000… si 11 millones… Esa devaluacion fue una brutal expropiacion de ahorros de todos los venezolanos para financiar el gasto publico.

  3. Muy bueno lo escrito por Viloria, Vale la pena ensayarlo, Vamos a partir de ¿Que es lo mas malo que nos puede pasar,? Ya no nos puede pasar nada mas malo de lo que hemos pasado,

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