El último round / Por un 2018 amuñuñados

Por: Jessica Dos Santos Jardim

Yo nunca he sido muy amante de la navidad. De una u otra forma, mi familia (la que se asentó en Venezuela) siempre fue muy reducida, por ende, para mi este mes nunca estuvo revestido de grandes celebraciones sino de pequeños encuentros donde siempre estábamos los que éramos: cuatro. Aunque yo anhelaba que fuésemos muchos más, como en las casas de mis amiguitos.

No obstante, en mi mente reposan grandes recuerdos de esas fechas. En especial, los asociados a la infancia. La verdad, yo no se que edad tenia cuando descubrí que “el niño Jesús” no existe, pero si recuerdo con exactitud el momento:

Yo me caía de sueño y andaba obstinada (yo siempre he tenido un poquito de mal genio) porque el carajito ese nada que llegaba y ya eran más de las doce, pero, además, yo lo quería ver, necesitaba saber como aterrizaban los regalos en el arbolito, pues mi vieja se las ingeniaba para que en un abrir y cerrar de ojos aparecieran ahí.

Por esa razón, el niño Jesús llegaba justo en los minutos en que me había quedado dormida, en el instante exacto en que mi hermano mayor me llamó para mostrarme algo, cuando fui a buscar una galleta, o cuando (como aquella noche) me dieron ganas de hacer pipí.

Al salir del baño, estaban todos ahí, infraganti. Yo no supe bien que hacer, pero sentí muchas ganas de llorar, y lloré. Pero no por la inexistencia de algo o alguien, sino por todo lo demás, lo que si existía. En ese instante mi mente revivió mil recuerdos en cámara rápida.

Esos recuerdos aún perduran en mi cabeza, porque mis cartas decembrinas no eran cualquier cosa: yo pedí desde una mascotica virtual pasando por un furby hasta llegar a una muñeca que sabia nadar (probablemente porque yo no había aprendido) y cuando tenía contacto con el agua se le dibujaba un traje de buza que a mí me fascinaba.

Y todo eso, todo, habían sido ellos, los viejos, los pelabolas que se mataron por cada uno de esos juguetes, y ellos no podían, yo sabía perfectamente que no podían, lo cual generó en mí una especie de antes y después.

Precisamente hace unos días, un peladito me contaba que cuando él descubrió que el niño Jesús no existía pues se hizo el loco para que igual le siguieran regalando. Yo me cagué de la risa ante la inocencia de su inteligente travesura, pero también me pregunté por qué yo no pude hacer lo mismo.

El hecho es que desde entonces la navidad ha devenido en eso: en la felicidad de quienes se merecen ser felices (en especial ellos, los chipilines), pero a costa del esfuerzo (que a veces se mezcla con sufrimiento) de quienes también deberían serlo (sus viejos) o en la felicidad y el derroche de unos pocos sobre la tristeza y la necesidad de otros. Las navidades, a fin de cuentas, no eran justas, y ya ustedes saben… una y sus sueños de igualdad.

Este diciembre me ha recordado mucho a ese, no solo porque he visto a muchas amigas, compañeras de trabajo, conocidas, pariendo para darle algo a sus chamos, así no sea ni remotamente lo que ellos pidieron, sino porque, como cada fin de año, he hecho el balance involuntario de mis 365 días.

Este 2017 fue bastante jodido: guarimbas, procesos electorales, sanciones gringas, transporte insuficiente, apagones, precios descontrolados, comida escasa, medicamentos desaparecidos, problemas con el efectivo, irregularidades con la gasolina, y una vida, y un país, que intentaban seguir, andando, contra todo pronóstico, lo cual se tradujo en capítulos personales cargados de particularidades. Yo recuerdo, con mucho énfasis, al menos cuatro:

El momento más duro de mi año fueron las guarimbas, probablemente porque trabajar en Las Mercedes me convirtió en testigo y víctima de cualquier cantidad de atrocidades. Recuerdo, especialmente, una tarde-noche en que llegué a mi casa después de una especie de secuestro debajo del elevado del Rosal, y empecé a llorar y gritar, en medio de un ataque, al borde la locura, mientras abrazaba a mi compañero y le preguntaba cómo carajo hacia la gente para sobrevivir a la guerra.

El más desesperante fue cuando me enfermé. Me dio una infección vaginal de esas que son super comunes (y ladillas) entre las mujeres, pero de las cuales el machismo hace que nos dé mucho pudor hablar, y tras tres días de intensa búsqueda, los medicamentos nada que aparecían. Después de mil llamadas, termine con 4 pastillas que les sobraban a 4 amigas distintas, una de ellas estaba vencida, pero ahí le dimos.

El tragicómico fue el fin de semana que decidí, por primera vez en todo el año, quedarme en la playa (Vargas), tras un arduo esfuerzo por comprar una batería y reactivar el carrito, y fuas… choque contra la columna del estacionamiento de la posada. Luego, veía la puerta escoñetada en cada ola del mar. Ya saben: cuando la pobre lava, llueve, y hasta peorcito.

El instante más feliz, sin duda alguna, fue cuando a una gran amiga, madre del carajito más pila de esta ciudad, le asignaron su apartaco en la Misión Vivienda, y nos fuimos llorando, a moco suelto, por toda la Avenida y sus calles aledañas. Ella cumplía su sueño y yo comprobaba que el egoísmo no había hecho tanta mella en mí: porque la felicidad de quien amamos aun puede ser la nuestra.

El hecho es que todos esos ratos, días, semanas, meses, estuvieron signados por lo mismo: la solidaridad, el desapego, el apoyo, la presencia del otro. El 2017, al igual que el 2016, nos demostró que la única manera de lograrlo es así: amuñuñados, sobre el ring de la vida, donde los buenos somos más, y tarde o temprano, vamos a ganar. Feliz año.

16 Comentarios en El último round / Por un 2018 amuñuñados

  1. Te he leido mucho durante este año. En estos tiempos tan duros, gracias por poner en palabras tanta lucidez, tanto sentido común que a veces se nos extravía en el medio de esta locura que estamos viviendo. Gracias por tu sentido del humor y por esa perspectiva tan femenina y esperanzadora de nuestra realidad. Mis mejores deseos

  2. Excelente
    Me siento orgulloso de la comunicadora que eres, apegada a la realidad y sensible con el entorno y siempre buscando ser luz.
    Felicitaciones y
    Feliz Año Nuevo

  3. Feliz año nuevo Jessica!! No había leído este artículo, y no pudo ser mejor para finalizar el 2017. Gracias por compartir tus vivencias, experiencias y transmitir tanta humanidad que tanta falta nos hace en estos días. Creo que para todos los venezolanos el 2017 fue uno de los años más duros que nos ha tocado vivir, tampoco quiero volver a vivir esos días de guarimbas, nunca más!
    Siempre te leo, aunque un poco tarde, pero estoy pendiente de tus escritos porque me siento identificada con tus palabras, son mi cable a tierra y comprendo que no estoy loca, o por lo menos no soy la única loca. Jajajaja!!
    Bendiciones para este año, sigue escribiendo.
    Un abrazo!

    • Feliz año, Georgina. Gracias por todo eso que me dices y por estar pendiente de mis escritos. Somos muchxs locxs. Pero digamos como Pereira: “Si no fuera por los soñadores. ¿qué sentido. tendría. todo esto?”, un beso!!!

  4. Feliz años jessica y q lastima q hayas pasado por tantas calamidades en el 2017 veo q la mala suerte es tu eterna acompañante pero recuerda la cancion de Héctor lavoe “algun dia llegara el dia de tu suerte y no sabía q tenias mal genio porque yo siempre te asocie con el buen humor con la alegría la dulzura, pero fue un error de calculo de mi parte

  5. Maravilloso escrito, Jessica. De tanto rodar como roca pateada, seguro terminamos siendo piedra valiosa, por el aguante y la fe — si nos pusiéramos a sacar cuentas, no sabríamos cuanto nos forjó este año como humanos. ¡Muchas gracias por tu motivación! Seguro que amuñuñados y con tanto amor por la vida, los buenos que en estos tiempos de cambio somos más, el camino florea y el logro que Dios nos guarda asegurado está. Bendiciones para ti y todo tu equipo.

  6. Excelente Jessica me encanta como escribes, estas tocada, pero por los dioses, humana, sensible, graciosa y siempre con un toque de esperanza. Mil bendiciones.

  7. Para evitar esa infecciones vaginales hay q ser mas cuidadosas hay q tener precaución existen preservativos, eso lo saben hasta las de 15

    • Que nivel de ignorancia: una cosa son las infecciones vaginales y otras las enfermedades de transmisión sexual. Le agradezco, Carlos José Guánchez Villalba, que deje de una vez el acoso y las agresiones o sino procederé a una denuncia. Usted requiere atención psiquiátrica. Hasta luego.

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