¿Contrabando por Aruba y Curazao? ¿Qué hay de nuevo viejo?

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Lo del contrabando y la extracción de mercadería desde Venezuela hacia Las Antillas es un asunto viejo y ampliamente conocido. No solo en el entendido que varias de las islas que la conforman aparecen desde hace rato como exportadoras de minerales preciosos… sin tener ni una sola mina. Pero que además del oro y el cobre, por ahí se llevan hasta los chivos de Falcón, el pescado y hasta las conocidas cholitas petroleras (algún día descubrirán las autoridades y servicios de inteligencia que lo mismo y hasta peor pasa con Trinidad y Tobago). Si no en el sentido de que, a través de ese contrabando y gracias al mismo, se conformó la clase capitalista venezolana.

Como se recordará, los primero capitalistas en operar en territorio venezolano fueron los Welser. Llegaron buscando El Dorado, gracias a una concesión dada por la Corona española, en razón de una deuda que tenía con dicha familia de banqueros y prestamistas alemanes. Tras su fracaso, el relevo lo tomarán Lope de Aguirre y un burócrata  llamado Alonso Bernáldez.

Lope de Aguirre emprenderá una vendetta entre los demás conquistadores para encabezar la búsqueda de El Dorado, y años más tarde, moriría en medio de ella. Bernaldez, por su parte, sería enjuiciado por la Corona al haberse dejado chantajear por el pirata y traficante de esclavos inglés John Hawkins.

Gracias a la venialidad y colaboración de Bernaldez, gobernador de la Corona, Hawkins compró varios barcos con los que se dio a la tarea de asolar y saquear las costas venezolanas y el caribe durante varios años. Con el tiempo, los mismo harán Preston, Dudley, Raleigh (el pirata favorito y oficial de la Reina Isabel) y toda una serie de corsarios ingleses, franceses y holandeses. Los ingleses harán suya la isla de Jamaica, lugar que convertirán en un legendario centro de operaciones y guarida de la piratería y el contrabando caribeño. Entre 1796 y 1797, hacen lo mismo con la Guyana y Trinidad, donde ya merodeaban desde hace rato los holandeses de la de las Indias Occidentales, tanto como decir la agencia oficial de piratería y contrabando del Reino de los países bajos por estos lares.

De que el contrabando de holandeses, ingleses y franceses no siempre fue fruto del saqueo, sino que en buena parte se hacía en conchupancia con los agentes criollos, no solo fue ejemplo Bernaldez sino los llamados Blancos Criollos venezolanos o Mantuanos. De hecho, la mayor parte de la fortuna de estos se hizo desviando los productos desde su destino natural –el Reino de España- hacia los ávidos contrabandistas anglosajones y franceses, todo lo cual motivará el envío de los vascos de la Compañía Guipuzcoana.

Ahora, entre los efectos no deseados por la Corona pero tal vez inevitable de la Compañía, estuvo que entre los contrabandistas locales –azuzados por sus compinches foráneos- comenzó a prender el germen de la Independencia, entendiendo por “independencia” libertad para romper con el monopolio comercial español. La rebelión de Juan Francisco de León será una de las primeras. Y en general, la mayoría de los blancos criollos del 19 de abril de 1810, tenían ese tipo de independencia en mente, y no la mucho más extrema versión de Miranda, Bolívar, Ribas y compañía.

La historia terminará tomando el rumbo por todos conocidos. Muchos criollos de corazón realista o en todo caso opuestos a liberar a sus esclavos y ceder sus negocios, migrarán a las islas vecinas como Curazao y Aruba. Donde además de perfeccionar sus prácticas contrabandistas, conspirarán de mano de los ingleses contra la Gran Colombia y regresarán como premio al país durante la República Oligárquica paecista para instalar en nombre del “libre” comercio las Casas Comerciales que marcarán en siglo XIX venezolano.

Por esa vía ingresarán al país apellidos todavía célebres como Capriles, Boulton, Fleury, Ackers, Chataing, Dupoy, quienes se juntarán con locales como Salias, Irribarren, Patruyo, etc., formando el germen de la burguesía mercachifle venezolana. Los ingleses se apoderarán del comercio de bienes y los temas financieros, fundando los primeros bancos. Los judíos sefardíes como Isaac Senior del tráfico por Falcón, aprovechando las cercanías de las costas curazoleñas. Los franceses e italianos se apoderarán del tráfico del cacao y el ron en el oriente. Mención aparte merecen los alemanes, quienes tempranamente harán suyo los puertos y valles del centro del país, por intermedio de los Vollmer y los Römer. Pero también se apoderarán del tráfico del café desde Maracaibo y los propios páramos andinos. Y más adelante, de la importación de variedades para gustos de los oligarcas locales, cuestión en que se especializarán familias como los Brand, Blohm o Zingg, todos los cuales operarán como insignes representantes del partido nazi en estas cosas en los tiempos del gomecismo.

Esta liga histórica de piratas, contrabandistas, agentes de casa comerciales y funcionarios corruptos, con el tiempo, irá cebándose hasta hacer surgir, como decíamos, el capitalismo a la manera venezolana.

Extraído y editado de: El contrabando y la tracaleria en el ADN del capitalismo venezolano 

 

3 Comentarios en ¿Contrabando por Aruba y Curazao? ¿Qué hay de nuevo viejo?

  1. que horror saber que los grandes capitales son hechos con tracaleria y muerte y se escudan en las personas de poco recursos acusandolas de todo lo que ellos practican robo trafico de drogas malversacion de fondos y pare de contar

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