El Plan de la Patria se debate en la frontera. Relato de asamblea.

Muchas cosas llaman la atención cuando se camina por las calles de Guasdualito, a tan solo 32 km de Arauca, Colombia.

Todo el mundo habla de la escasez de dinero en efectivo pero por todas parte se ve gente ostentando enormes pacas de billetes del nuevo cono monetario. A cada tanto se ven letreros en rejas, puertas y ventanas que dicen “Se compran Pesos”, abundan los tarantines en el frente de las casas en los que se vende arroz, harina, azúcar y artículos de higiene colombianos, y en las estaciones de gasolina hay siempre una larga-cola-permanente.

Si la caminata es un sábado o domingo, lo más probable es conseguirse un Clap vendiendo carne a mitad de precio con suma organización y disciplina, bien uniformados sus integrantes y orgullosos(as) de su trabajo colectivo. Y si se pregunta una dirección lo más seguro es que como parte de la explicación se mencione el nombre de la comuna en cuyo territorio está la dirección en cuestión.

Pero en ese contexto intensamente determinado por la cercanía con la compleja frontera con Colombia y por dinámicas propias de la guerra económica, también hay una importante presencia de organización popular comunera, de consejos comunales, Ubchs y Claps, entre otros. Ese chavismo militante que resiste en la base con disciplina y tesón, entre otras tareas, ha estado en estos días analizando y debatiendo propuestas para el Plan de la Patria, a partir de la convocatoria realizada por el presidente Maduro.

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A las nueve de la mañana más o menos es la cita. El lugar, un patio a la sombra de un par de árboles de mango detrás de una cancha de bolas criollas. Más allá el sol, la vegetación, un pequeño sembradío de maíz, el calor que va creciendo con el acercamiento del mediodía. Poco más de veinte personas se juntan en círculo, con el acompañamiento de vocerías de la estructura parroquial del Psuv. Empieza el debate.

Lo primero que queda claro es el punto de partida: gente resteada, clara del difícil momento político, social y económico que vive el país, pero clara también en la agresión imperialista de que somos objeto y de la necesidad de defender la patria y su soberanía.

Sentadas esas bases para la conversa, no tardan en aparecer las críticas y preocupaciones: “El país está bajo un asedio de guerra inducida por el imperio. Ante eso necesitamos unidad, pero no sólo en política, sino para todas las tareas. Necesitamos la unidad, pero fíjense que aquí estamos no más que 22 personas. ¿Por qué pasa eso? ¿Dónde está toda la gente?”, dice una señora, integrante de la estructura parroquial del partido.

La respuesta no tarda en llegar, y su contundencia es incuestionable: por un lado, la gente anda buscando la forma de resolver la alimentación familiar, rebuscándose; y por otro, hay mucha desmotivación porque la gente siente que tantas asambleas y reuniones no conducen a nada: “La gente no va más a las reuniones porque cuando los voceros de los consejos comunales van a espacios de debate los dejan hablar y después no les hacen caso”, dice un compañero: “Nuestra voz se deja oír sólo en estos espacios. No tenemos voz más allá de la que tenemos aquí en una reunión, pero hasta allí”.

Por un buen rato el debate deriva hacia el desmenuzamiento de la realidad cotidiana, llena de dificultades: el desabastecimiento de gas, el ascenso vertiginoso de los precios, la escasez de efectivo y la obligatoriedad de pagar altos porcentajes para obtenerlo, la corrupción evidente de algunos funcionarios de instituciones nacionales e integrantes del partido en el municipio, la cantidad de gente que se dedica al contrabando en lugar de producir, el retroceso experimentado en algunas conquistas y derechos sociales.

Algunas preguntas resuenan una y otra vez: ¿Dónde está la Sundde? ¿Dónde está el Seniat? ¿Dónde está el partido para enfrentar esto? Y además, junto a las preguntas, algunas reflexiones y denuncias: “Siempre le echan la culpa a las comunas y a los consejos comunales porque dizque no hacemos contraloría social. Pero, ¿qué pasó con la última contraloría social que hicimos con el tema del gas? Pues no nos pararon. Lo del gas es muy fuerte. No hay gas. Y eso aquí no lo están manejando los adecos sino el partido. ¿Qué hacemos entonces?”.

En la enumeración de problemas que ameritarían obras y propuestas concretas, la prioritario es el agua y la iluminación pública: “La infraestructura para abastecimiento de agua es deficiente. Nosotros tenemos un proyecto que desde hace tiempo está parado. Tenemos un pozo perforado, el estudio del agua, el cálculo de los materiales. Faltan son unos pocos recursos para los materiales y para la bomba”.

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Luego de la catarsis, necesaria por demás, la gente retoma el objetivo de la reunión. Y el tema se aborda por el principio: “Lo primero que deberíamos hacer es un balance sobre el Plan de la Patria 2013-2019. ¿Se ha cumplido? ¿Qué cosas se cumplieron y qué otras no?”. No pasa por alto en la asamblea que uno de las principales utilidades de un plan bien elaborado es no sólo marcar la ruta a seguir y fijar metas específicas en tiempos concretos, sino poder medir después, al término de los plazos definidos, cuál fue su nivel de cumplimiento para, a partir de allí, valorar causas y dificultades enfrentadas en aquellas metas que no se hayan cumplido.

La discusión se torna, entonces, intensa, porque se plantean incumplimientos del plan por parte del gobierno pero también por parte de la gente: “¿Cuántas comunas debíamos haber construido y hacer funcionar bien? ¿Cuántas EPS?”.

Con una contundente frase se cierra el punto: “Tenemos que aprender nosotros también a planificar, aquí en lo pequeño, en nuestros territorios, y ser serios en el cumplimiento de los planes y acuerdos. Le toca al gobierno pero a nosotros también. Construyamos el poder popular, a nuestra medida, en equidad, y no sólo esperemos a que nos convoquen. Pongámonos tareas, metas, tiempos. Y cumplámoslo”.

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Cuando se pasa a lo propositivo empieza a cobrar nueva riqueza el debate. Surgen temas como la construcción del poder popular, la relación entre éste y el Estado constituido, la necesidad de una política económica coherentemente contundente, la lucha contra la corrupción. Pero surgen todos desde la tensión crítica/propuesta, porque lo que se plantea como desafíos implica principalmente, para la gente, la superación de trabas, vicios, rémoras que continúan presentes tanto en el gobierno como en el partido y sus lógicas.

La gente está clara de que la económica es la batalla principal. Al referirse a la unidad necesaria para enfrentar la agresión injerencista, la primera forma en que se plantea que debe expresarse esa unidad es en materia económica: “Una forma de activarnos y de concretar esa unidad es sumándonos a lo productivo. Aquí en Páez estamos en una zona semi-rural donde perfectamente podemos cultivar alimentos. Tenemos que prepararnos para eso las comunas, los consejos comunales y otros espacios organizativos”, opina alguien, y otro compañero responde: “Sí. Debemos lograr la victoria económica, y para eso hace falta un nuevo plan macroeconómico con medidas claras, para todos los sectores, un plan que genere confianza”.

Y se escuchan, también, propuestas más concretas: “Además de los patios productivos aquí falta desarrollo de la agroindustria, construir silos, frigoríficos, plantas de procesamiento de cereales. No tenemos maquinaria y eso es súper necesario. Por ejemplo, para recoger arroz. Un comunero sembró una hectárea de arroz y le salió más caro cosechar que sembrar y cuidar la siembra. También hay que mejorar la infraestructura vial rural. Y el financiamiento al productor es clave. Debe ser menos burocrático”.

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La reiterada manera en que la asamblea toca el tema político hace pensar que, si bien en el tema económico está la clave para superar la actual coyuntura de adversidad que vive el país, no deja de ser central la transformación de ciertas prácticas y estructuras políticas que impiden cualquier avance. Es decir, que la victoria en la batalla económica depende en buena medida de una suerte de golpe de timón político y ético. Y esto tiene que ver, a fin de cuentas, con el ejercicio del poder y con la necesidad de que éste se democratice cada vez más: “A las comunas nos ponen la palabra de autogobierno pero luego nos ignoran. No terminamos, como poder popular, de integrar el gobierno. No sabemos de las decisiones de los nombramientos de cargos, por ejemplo, no tenemos decisión en eso. Eso sería una propuesta concreta: que los cargos de funcionarios directivos de las instituciones del gobierno sean nombrados con participación de la gente, del poder popular, que sean evaluados periódicamente y que el resultado de esa evaluación sea vinculante”.

Y dentro de lo político está el tema de la corrupción: “Es urgente mayor severidad para castigar la corrupción, que las penas sean mayores y que haya recuperación e incautación de lo robado”. En un pueblo tan cercano a la frontera con Colombia, el tema de la corrupción es inevitable que toque a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Varias personas participantes relatan en detalle lo que para todo el mundo allí es en extremo visible: cómo es en las alcabalas y puntos de control donde se administra la entrada y fuga ilegal de mercancías, gasolina y billetes en efectivo a cambio del dinero que los funcionarios cobran por dejar pasar el contrabando en una y otra dirección. La gente de los consejos comunales y las comunas ha intentado enfrentarlo y se ha sentado a discutir el tema, incluso, con militares de altos rangos con responsabilidades en el municipio completo y el estado. Pero nada se logra.

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La base chavista sigue firme y de pie. Hay disciplina en sus estructuras organizativas y hay conciencia política. También hay mucho descontento y frustración. Aspectos básicos de la vida cotidiana como los servicios urbanos se ha vuelto una calamidad: falta el agua corriente, el transporte está crítico, la alimentación ni qué decir. De esto la base chavista organizada se queja, hace propuestas para solucionar, y asume corresponsablemente tareas en su solución; y además, no desmaya en las tareas políticas, en la lucha por avanzar en la construcción del poder popular, y en la defensa del gobierno bolivariano. A pesar de todo, allí siguen, en lucha, haciendo planteamientos, propuestas y con la disposición intacta para seguir dando la pelea.

Pero algo resalta y es de la mayor importancia. La gente reclama y exige más poder, más herramientas e instrumentos para poder aportar su fuerza a la batalla que está en desarrollo. La gente sabe que buena parte de la solución de los problemas y del éxito de planteamientos estratégicos está en que termine de darse el salto para romper estructuras burocráticas, clientelares y de poder basadas en intereses de grupos, para que la participación y el protagonismo popular pueda tener más control y capacidad de conducir procesos.

La gente está clara en que de lo que se trata no es sólo de sostener el poder sino de reconstruir la mayoría popular chavista para que el proyecto estratégico mantenga su viabilidad: “Es necesario reconstruir y recuperar la ética socialista, tanto en nuestros liderazgos, funcionarios y servidores públicos, como en la base del pueblo. Tenemos que reconstruir la idea de que el socialismo es solidaridad, igualdad y amor. La batalla es por la igualdad social. Uno de los principales desafíos de la revolución es abrir el compás a toda la sociedad y reconstruir una nueva mayoría”.

Asambleas como ésta, con un elevado nivel de discusión política, capacidad de análisis, respuestas y propuestas concretas y extrema lealtad a la revolución ocurren en cada rincón de este país. Una convocatoria más realizada por el presidente Maduro ha sido atendida y la tarea se ha cumplido por parte de la gente. Otras convocatorias similares se han hecho y otros instrumentos de discusión, debate y consulta a la gente se han activado en los últimos años, y la percepción popular al respecto es que su eficacia no termina de sentirse, que lo propuesto por la gente en esos espacios no termina concretándose. Si la participación de la gente en estos espacios no se traduce en medidas y acciones consecuentes con lo que allí se discute y se propone, el saldo a la larga será la desmovilización total, el desencanto definitivo y el rechazo de la gente a los espacios de participación. Y esto es lo último que necesitamos para las batallas políticas que se avecinan.

Eduardo Viloria Daboín

 

 

 

 

 

 

 

1 Comentario en El Plan de la Patria se debate en la frontera. Relato de asamblea.

  1. Ellos creyendo en estos locos que estan negociando nuestra dignidad. Si sentados allá en República Dominicana negociando con los terroristas de la oposición cuando deberian estar presos, los quema gente esos. Si negociando con Lorenzo Mendoza al darle tremendo credito en dolares para que sigan haciendo Harina y demás productos allá en Colombia, mientras nuestros anaqueles siguen vacios,negociando nuestra empresa petrolera y entregadas ya casi toda a las empresas mixtas y empresarios que Chavez saco de la Faja .Negociando y dejando fijos a puros escuálidos en nuestras instituciones públicas porque el revolucionario nos les convienen pues no se prestaran para sus traficos de influencia, asociación para delinquir y peculado doloso para eso dejan fijos a los escuálidos para poder hacer lo suyo mientras miles de revolucionarios permanecen contratados en la las instituciones por años y años. HERMANOS LA VERDADERA REVOLUCIÓN ESTA POR COMENZAR LEJOS DE ESTE MIERDERO QUE ESTA DESTRUYENDO AL PAIS A CAMBIO DE LA NEGOCIACIÓN.LA DIGNIDAD NO SE NEGOCIA.

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