La enfermedad más grande de la economía: el auge de las finanzas improductivas

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Por: Rana Foroohar

De la periodista y economista norteamericana Rana Foroohar, pueden decirse muchas cosas, menos que se trata de una intelectual anticapitalista o que no pertenece a las corrientes principales de la opinión mundial en la materia. Muy por el contrario: se trata de una militante del capitalismo desde su posición de Editora Jefa de la mundialmente conocida revista Time, a la vez que comanda su sección de economía. También es analista económica para CNN y pertenece al Council on Foreign Relations, el Think-Tank de política exterior más influyente de los Estados Unidos y seguramente del mundo.

En virtud de esta notoria pertenencia a las entrañas del mundo capitalista académico-mediático, resulta tan interesante reproducir este texto donde la autora se despacha contra las tendencias a la financiarización que arrastra a la economía global, esa que cada vez propende a la “producción de riqueza” para mercados especulativos y por tanto necesariamente improductivos, lo que va desde la emisión de acciones y bonos de deuda hasta de la última fiebre: las criptomonedas. 

De esta autora ya publicamos en el pasado otro interesante texto sobre el capitalismo especulativo-rentístico.    

Cómo los mercados financieros ya no son compatibles con los negocios, y por lo tanto, el crecimiento económico.

Los mercados suelen reaccionar más a los fundamentos económicos que a la política. Pero estos no son tiempos típicos, y nuestro futuro económico está profundamente enredado con la economía política.

La victoria presidencial de Donald Trump desafía fundamentalmente el futuro de la globalización y el capitalismo de status quo. De hecho, el hecho de que Trump obtuvo una porción inesperada del voto minoritario, así como de algunas mujeres con educación universitaria, habla del hecho de que la ansiedad económica es más que solo un nivel de ingresos. Se trata del hecho de que un gran porcentaje de la población siente que tenemos un sistema económico manipulado que beneficia desproporcionadamente a la élite estadounidense y mundial. No importa que Trump sea una de esas elites. Se postuló como retador de Hillary Clinton, la máxima figura política del establishment y vendió al electorado con la idea de que él era el rostro del cambio.

¿Cómo llegamos aquí? A pesar del progreso económico realizado desde 2008, nuestra recuperación actual ha sido la más larga y más lenta de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, y el nivel de desigualdad es tan alto como lo ha sido desde la Era Dorada. La razón clave es algo que ninguno de los candidatos en el ciclo de 2016 abordó por completo: el hecho de que los mercados financieros en sí mismos ya no respaldan los negocios, y por lo tanto, el crecimiento económico.

¿Por qué es esto?: pues porque la industria financiera, de acuerdo con una gran cantidad de datos, se ha vuelto demasiado grande y demasiado alejada de su misión original de invertir en empresas nuevas y productivas. Esta enfermedad tiene un nombre: los académicos lo llaman financiarización. Es un término para la tendencia por la cual Wall Street y su forma de pensar han llegado a reinar en Estados Unidos, impregnando no solo a Wall Street, sino a todos los negocios estadounidenses.

Incluye el crecimiento en tamaño y alcance de las finanzas y la actividad financiera en nuestra economía (que se ha duplicado desde la década de 1970), el aumento de la especulación alimentada por la deuda sobre los préstamos productivos, el predominio del valor para los accionistas como el único modelo de gobierno corporativo (y la presión a corto plazo que imponen las empresas) al enorme poder político del lobby financiero. Es un cambio que incluso ha afectado nuestro lenguaje, nuestra vida cívica y nuestra forma de relacionarnos. Hablamos de “capital” humano o social y titularizamos todo, desde la educación hasta la infraestructura crítica y los términos de la prisión, una marca de nuestra floreciente “sociedad de cartera”.

Esta no es la forma en que se suponía que era. Se suponía que el capitalismo de mercado, tal como lo concibió Adam Smith, debía canalizar nuestros ahorros colectivos hacia la inversión productiva a través del sistema bancario. Pero hoy en día, la investigación académica más seria, muestra que solo alrededor del 15% del dinero que fluye de las instituciones financieras realmente se abre camino en la inversión empresarial. El resto se mueve en un ciclo financiero cerrado, a través de la compra y venta de activos existentes, como bienes raíces, acciones y bonos.

Es un ciclo que aumenta la desigualdad, ya que el cuarto superior de la población posee la gran mayoría de esos activos (atestigua la desconexión entre los mercados y Main Street*, que ha alimentado gran parte del sentimiento populista en el ciclo electoral).

El sector financiero, que incluye desde bancos hasta fondos de cobertura, fondos mutuos, seguros y casas comerciales, representa alrededor del 7% de la economía. Sin embargo, crea solo el 4% de todos los empleos en Estados Unidos y toma el 25% de todas las ganancias del sector privado. Si bien un sistema financiero saludable es crucial para el crecimiento, la investigación de numerosos académicos e instituciones como el Banco de Pagos Internacionales y el Fondo Monetario Internacional muestra que, cuando las finanzas se vuelven tan grandes, comienzan a absorber la vitalidad y las energías de toda la economía, y de hecho, el efecto de crecimiento más lento comienza cuando el sector tiene la mitad del tamaño que tiene hoy en día en los Estados Unidos.

Es crucial que abordemos este problema para garantizar no solo un crecimiento más sostenible, sino una política más estable. Una reciente encuesta de Harvard encontró que solo el 19% de los millenials, ahora el mayor bloque de votantes del país, se consideran “capitalistas”. Irónicamente, nuestro presidente -un inversionista conocido por negocios inmobiliarios muy apalancados- ha sido uno de los mayores beneficiarios de nuestro sistema financiero.

Sin embargo, si esta administración no toma medidas serias para reconectar los mercados a Main Street, nos encontraremos en la misma economía de crecimiento lento en cuatro años. Solo que esta vez, la política será aún más extrema, y puede haber nuevos forasteros para desafiar el status quo.

 

*Main Street: el termino Main Street es un neologismo norteamericano que hace mención a la economía de los ciudadanos de a pie, clase media y trabajadora, en oposición a Wall Street, que es el mundo de las grande finanzas corporativas. Por analogía también refiere entonces a las diferencias entre la economía real-productiva en oposición a la especulativa, que es la propia de Wall Street.

Publicado originalmente en: Evonomics

Traducido para 15yultimo.com por: Luis Salas Rodríguez.

 

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