CITGO: mentiras, verdades y posverdades

Por: Luis Salas Rodríguez y Lenin Brea

Imagine que a usted, en una época de crisis, vienen y le ofrecen un tremendo negocio, para el cual “solo” tiene que invertir casi todos sus ahorros y una parte importante de su salario. Supongamos que ese negocio es una franquicia en otros país. Y supongamos que usted acepta. Desde luego, si lo hace, es esperando que ese negoció lo saque de la pobreza y/o los apuros, es decir, que le reporte ganancias. Podrá hasta estar dispuesto a sacrificarse por un tiempo aguardando el retorno de su inversión, pero confiando que el negocio madure: tarde o temprano, obtendrá su recompensa.

Pues bien, eso fue exactamente lo que no le pasó a Venezuela con la compra de CITGO, y más allá, de la veintena de refinerías compradas por PDVSA entre 1983 y 1998, en el marco de lo que se llamó la internacionalización de PDVSA.

Mejor dicho, si le pasó, pero solo la primera parte: en medio de una gran crisis que apenas comenzaba, año 1983, le anunciaron que iban a usar sus ahorros y buena parte de sus ingresos petroleros –los único con que contaba y cuenta- para comprar una red de refinerías y estaciones de comercialización de combustible a lo largo y ancho del mundo.

El negocio se explicaba por sí solo: Venezuela, un país petrolero, básicamente extractor y explotador de crudo, se haría con activos de refinación y comercialización, a través de los cuales podría colocar los derivados en los mercados más apetecibles del mundo y sacar provecho comercial. ¿Cómo negarse? Era como ingresar a las grandes ligas. Sin embargo, pasaron los años, se multiplicaron las inversiones, pero el negocio para Venezuela nunca llegó.

Y no llegó no por cualquiera de las vicisitudes y riesgos que cualquier inversión comporta en mayor o menor grado: sino porque el esquema comercial montado por PDVSA, fue diseñado para que representara negocios para todas las partes, menos para el accionista, es decir, el pueblo venezolano, la República en cuanto tal, propietaria del petróleo, la industria y la plata invertida.

Pero peor aún: el esquema de negocios no solo se diseñó adrede para que no reportara ganancias al país. También para que los costos de la actividad si fueran cargados a la cuenta venezolana.

Volviendo a nuestro ejercicio imaginario del inicio, fue como si en medio de una crisis económica, usted se metiera –o lo metieran, como sería más justo decir- en el negocio de su vida, con la única salvedad que tiene que poner la plata y asumir todos los costos… pero para que los beneficios se los lleven otros.

Breve genealogía de un mal negocio:

PDVSA adquirió el 50% de la acciones de CITGO en 1986. El resto del paquete accionario lo compró en 1990. No fue la primera refinería que compró y tampoco la última. A lo largo de esas dos décadas, adquirió otras 18 por unos 7.000 millones de dólares iniciales. Y decimos iniciales, pues a cada una de ellas PDVSA tuvo que invertirle mucho más dinero para su adecuación, ya que se trataba de activos obsoletos con un agravante: ninguna estaba concebida para procesar crudos del tipo venezolano, y mucho menos, los extra-pesados de la faja, que eran los que se suponía iban a procesar.

Dado que PDVSA siempre se manejó como una caja negra, y dado que el esquema montado en el marco de la internacionalización siempre fue ajeno al escrutinio de las autoridades venezolanas, es difícil saber a ciencia cierta cuánto se gastó en ello. Sin embargo, si tomamos como referencia el valor actual nada más de CITGO (unos 10 mil millones de dólares) luego de todo lo que se le invirtió, es posible estimar se debe haber gastado en las 19 refinerías al menos tres veces la cifra inicial.

Y todo esto, como dijimos, desde 1983 hasta 1998, en el marco de una severa crisis económica. Y todo esto, como dijimos, sin que al país le reportara nada tamaña inversión.

La primera refinería que se compró fue Vebel Oel, en Alemania, en el año 1983, pocas semanas después de El Viernes Negro. Y la forma en que se hizo prefiguró todo el esquema fraudulento de la internacionalización: el contrato con la empresa alemana Veba Oel A.G, fue firmado de manera ilegal, sin la aprobación del entonces Congreso de la República, aún cuando de acuerdo al artículo 126, de la constitución vigente entonces, todo contrato de interés nacional que en materia petrolera hubiera de celebrarse, debía contar con la aprobación del Congreso.

La estrategia de los gerentes de PDVSA fue aprovecharse de las circunstancias difíciles atravesadas por el país para imponer los intereses del cartel petrolero internacional: eso fue lo que sucedió en 1983. Y luego en 1986, cuando en el marco de la negociación de la deuda (“el mejor refinanciamiento del mundo” señaló en principio Jaime Lusinchi, solo para terminar diciendo después “la banca me engañó“), avanzó con la compra de CITGO. Y lo mismo haría en 1990, luego del caracazo en 1989 y aprovechando el empuje privatizador contemplado en los “acuerdos” con el FMI.

¿Y por qué los gerentes de PDVSA se prestaron para ello? Pues básicamente porque todos y todas habían sido formados en el seno de las transnacionales petroleras, en virtud de lo cual, nunca estuvieron de acuerdo con la nacionalización de 1976, por más que dicha “nacionalización” en realidad fue un acuerdo entre las petroleras y el gobierno de CAP I, habida cuenta que en el marco de la ley de hidrocarburos de 1943 (Medina Angarita) para 1983 las concesiones quedaban sin efecto. Es decir, la “nacionalización” en realidad fue un subterfugio para pagarle a las petroleras indemnizaciones que no tenían que pagarse de esperar a 1983.

En este marco de cosas, la internacionalización para los gerentes de PDVSA fue una manera de volver al esquema transnacional, pero de manera más radical: ya no se trataría del enclave extranjero operando en el país, y en virtud de ello, cancelando tributos a la República. Por el contrario: la internacionalización se concibió para integrar a PDVSA al complejo petrolero transnacional mundial desligándola del país, desnacionalizándola. Para ello transformaron la vieja consigna de Úslar Pietri asumida luego por Betancourt y Pérez Alfonzo: Sembrar el petróleo, lo que siempre significó utilizar la riqueza petrolera para desarrollar el resto del país. En la mente de los gerentes de PDVSA había que “sembrar el petróleo (pero) en el petróleo”, lo que significaba reinvertir sus ganancias en la propia industria, disminuyendo y a la larga eliminando los aportes al fisco nacional.

La promesa sobre la cual siempre se justificó la internacionalización, fue la de la colocación segura en mercados internacionales de los crudos venezolanos, especialmente los pesados y extrapesados. Sin embargo, la dieta de crudos enviados a las refinerías de PDVSA en el exterior, no solo siempre ha sido mayoritariamente de livianos y medianos, sino que en la mayoría de los casos se trata de petróleo no venezolano. El ejemplo más aberrante fue el caso de la Veba: por sus tuberías, hasta su venta en 2010, jamás pasó un barril de petróleo venezolano. En el caso de CITGO, buena parte del petróleo que se procesa en ella tiene origen mexicano.

Chávez y CITGO.

Es de sobra conocida la relación de Chávez con la gerencia de PDVSA y todo el proyecto de apertura e internacionalización. Una de sus primeras medidas al llegar a la presidencia, fue despedir a Luis Guisti, para 1998 emblema de la internacionalización, presidente de PDVSA y, por la vía de facto, casi presidente del país. En 2001, luego de la elaborada la nueva constitución donde se prohíbe taxativamente la privatización de PDVSA, Chávez reforma la ley de hidrocarburos y rescata a la OPEP, lo que lo puso aún más a contracorriente de los gerentes de PDVSA, quienes abogaban por salirse del cartel de países productores de petróleo para ingresar al de consumidores (así, tal cual como se lee). Por esa razón en abril de 2002 le dan el golpe de Estado y en diciembre de ese mismo año se produce el sabotaje petrolero que paralizó PDVSA. Luego de tres meses de batalla, Chávez junto a la movilización cívico-militar vence a los golpistas.

Chávez siempre tuvo entre sus propósitos vender CITGO, lo que llegó a manifestar públicamente en más de una ocasión. Por ejemplo, en 2007, en el marco de la instalación de la III Cumbre de PETROCARIBE, lo señaló abiertamente: “Nosotros tenemos en Estados Unidos una empresa mediana, más o menos grande, la Citgo, que Venezuela la compró hace tiempo atrás, esa empresa tiene 7 refinerías grandes, refina casi 2 millones de barriles diario de petróleo, distribuye combustible en 14.000 estaciones a lo largo y ancho de Estados Unidos, tiene un número, no recuerdo cuántos terminales, gasoducto, oleoducto, etc., miles y miles de trabajadores que nosotros empleamos allá. Ahora, si nosotros vendiéramos esa empresa y le colocáramos la plata en el Banco, nos daría más ganancia que la que nos da, y por ahí fue por donde entre otras cosas a Venezuela la amarraron con unos convenios que han obligado a Venezuela a subsidiar, imagínate tú Venezuela subsidiando a Estados Unidos, petróleo subsidiado, eso no lo dicen quienes están señalando que yo ando regalando el dinero de Venezuela, etc., subsidiado, petróleo más barato a Estados Unidos, y una serie de convenios de los cuales algunos, no nos hemos podido zafar todavía,” 

Las razones para la venta de CITGO en líneas generales siempre fueron tres: la primera, de orden político, la hostilidad del gobierno norteamericano involucrado en el golpe de 2002, lo que exponía al país a la pérdida de un activo en el cual se había invertido mucho. La otras dos eran de orden más bien económico: en primer lugar, el esquema ya descrito de no reportar ganancias al fisco venezolano; y segundo, que como señala el propio Chávez en el párrafo citado, el petróleo “venezolano” comercializado por CITGO iba con descuento, lo que en la práctica suponía un subsidio al consumidor norteamericano, tanto particulares como empresas y al propio gobierno hostil al nuestro. De hecho, las ganancias reportadas por CITGO solo fueron posible porque al petróleo que le vendía PDVSA se le cargaba el descuento, de manera que la perdida se traslada a nuestro fisco y las ganancias al bolsillo de los consumidores gringos.

Pero vender CITGO no resultó fácil, ya que en los documentos de su compra y constitución, prácticamente se imposibilita al gobierno venezolano de hacerlo sin la aprobación de las autoridades norteamericanas. Por eso, los sucesivos intentos al menos desde 2010 y hasta 2014 –último año en el que se tiene noticias de intentos concretos- resultaron infructuosos, lo que incluye un veto del gobierno gringo a la compra de la mayoría accionaria por parte de la petrolera rusa Rosneft.

CITGO hoy: ¿el corolario Roosevelt reloaded?

Como es de conocimiento público, en días pasados CITGO fue objeto de una medida tomada por un tribunal norteamericano que permite sea embargada, como parte de un conflicto con una minera canadiense. Es la amenaza más seria que se ha hecho contra la empresa, sin embargo, no es la única.

Semanas antes, el Departamento del Tesoro emitió una orden ejecutiva que permite a los tenedores de bonos PDVSA 2020,  tener acceso a las garantías en caso de un impago, pese a las medidas de boqueo financiero y comercial tomadas contra el país. Esto en razón que ante las dificultades para su venta y los apremios económicos, entre 2015 y 2017 todo indica se optó por ponerla como garantía (colateral) de deuda: una parte de estos bonos y la otra de un préstamo de la compañía rusa Rosneft.

Estas medidas tomadas por el Departamento del Tesoro y un tribunal norteamericano, nos coloca en una situación que recuerda, por una parte, al bloqueo de nuestras costas en 1902 y al caso de los fondos buitres contra Argentina entre 2014 y 2015, en los que autoridades de los Estados Unidos se abrogaron el poder de intervenir en conflictos derivados por deudas a favor de las partes privadas contra Estados. Y esta es una situación muy peligrosa, pues por esa vía el gobierno norteamericano se “auto-habilita” de intervenir más allá para salvaguardar dichos intereses privados.

La orden ejecutiva de mediados de agosto, de hecho, dice textualmente que se toma para evitar “que el régimen de Maduro use la orden ejecutiva para incumplir sus obligaciones de bonos sin consecuencias”. Y la del tribunal en el caso de CITGO marcha en la misma dirección. Lo que constituye, palabras más palabras menos, una reedición no decretada del célebre corolario Roosevelt de 1904, enmienda a la Doctrina Monroe derivada justamente del conflicto suscitado por el cobro de las deudas contra Venezuela por parte de potencias extranjeras.

8 Comentarios en CITGO: mentiras, verdades y posverdades

    • Hola Alenxander ¡ buen documento de La Gestión de Activos, seguramente el tema aquí esta relacionado con el tema de la Citgo y pienso que en función al activo que este bien obtuvimos a través de su compra en los años que en el articulo indica, las mejoras que se le hicieron a todas estas refinerías a pesar de eso ya de por si fue una perdida para la nación y nos “enganchamos” a el Corolario del gobierno de los EEUU, si es así hoy en día se pagan o nos cobran los errores y trampas de otros…si estoy equivocado te agradecería tu opinión, saludos y gracias

    • Hola, William.

      Para el momento que se hicieron esas compras, la filosofía de la Gestión de Activos no existía como tal; de hecho, el término “Activos” estaba casi que reservado para el área contable y financiera; sin embargo ante lo que representaban decisiones de gran envergadura como lo es la compra de refinerías, si existían ciertos criterios que prevalecían y servían de soporte para la toma de dichas decisiones, pero que básicamente consideraban los aspectos relacionados con la magnitud de la inversión requerida y la Tasa Interna de Retorno, entre otros indicadores económicos, más no necesariamente articulados con una política de gestión del activo a lo largo de su ciclo de vida para obtener de este el máximo rendimiento considerando el resto de los elementos asociados, lo cual es indispensable para desarrollar el plan estratégico de negocio de la corporación que hiciera la inversión.

      No obstante, en cuanto a la adquisición de dichas refinerías, considero que los criterios adoptados en función a la estrategia planteada era la de evolucionar de industria mayormente exportadora de crudo a procesadora de crudos para comercializar los derivados con mayor valor agregado. Ten presente que el plan de la antigua meritocracia era volver a privatizar la industria y para ese entonces con los precios del crudo en el orden de los 7$ por barril, todo apuntaba a que las inversiones productivas se orientarían más a la refinación y no a la exportación de materia prima.

      De todo ello se puede deducir que el plan era que las transnacionales se apoderaran crudos casi gratis, al punto que algunos fueron considerados como bitúmenes, para sacar el máximo provecho comercializando sus derivados en plantas reprivatizadas, claro está, después que el estado recuperara la confiabilidad de dichas instalaciones; donde, como dice Alí: al pueblo solo le quede la miseria y sudor de obrero, a lo que le agrego yo: “también los pasivos ambientales”.

      Saludos.

  1. Brillante!!!!

    “…habida cuenta que en el marco de la ley de hidrocarburos de 1943 (Medina Angarita) para 1983 las concesiones quedaban sin efecto. Es decir, la “nacionalización” en realidad fue un subterfugio para pagarle a las petroleras indemnizaciones que no tenían que pagarse de esperar a 1983.”

    Claro… si hubiesen esperado hasta 1983 no hubieran tenido que pagar compensaciones…. pero cuanto dinero iba a recibir venezuela por concepto de venta de petróleo durante esos años (1976-1984) tomando en cuenta las cacareadas condiciones leoninas de los contratos que se tenía con las transnacionales??? Cuanto dinero le entró a venezuela con la nacionalización (descontando las compansaciones, si quieren) vs cuanto dinero le hubiera entrado sin nacionalización? Alguien serio podría comparar ambos números?

  2. Gracias a este articulo se aclara la situación de la Citgo en relación a la mentira que durante años nos enorgullecía por tener dicha empresa en el norte si saber la cruel realidad de la misma. Por culpa de Chavez es cuando ahora se sabe la realidad,lo mas triste del caso que ni siquiera le podríamos decir los canadienses que se queden con ese traste, que aún perdiendo seria ganancia a largo plazo, los EEUU no son amigos de nadie solo queda esperar ” como se desarrollan los acontecimientos” y esto lo pienso a raiz de la supuestas torpezas que Trump esta llevando a cabo con sus aliados y enemigos repartiendo sanciones como cotillones en fiestas de chamo, luego viene la “la hora loca” dirigiendo atentados cuando tiene un discurso en contra al terrorismo y son ellos los padres de la criatura. La acción a tomar debería ser: pacientes, astutos, hábiles y fríos…quizás sirva para alguna acción.

  3. Buen artículo creo que deberíamos recuperar Citgo y o 1.- empezar a hacer las cosas como debe ser de algo debe servir 14000 estaciones de servicio y 7 refinerías el problema radica donde se encuentran precisamente el país que nos quiere ver humillados y esclavizados entonces debería recuperarse para venderse o desmantelarse para instalarlas en otra parte ya sea aquí en Venezuela o en el Caribe o en Africa donde pueda darnos dividendos. Recuerdo que además de Beba Oil en Alemania habia otra refinería en Suecia y otra en el mediterráneo ¿ o no es así?

  4. Releyendo este articulo mas los insumos del amigo Riera agregándole a Rafael Ramirez y los demas secuaces, quiere decir que luego del destape de la señora: Luisa Ortega PDVSA no fue saneada del personal quinta columna que aún allí labora, según Tarek William actual Fiscal de la República porque siempre han actuado en sus beneficios propios y no del pueblo solo a favor de los gringos y lees por allí a algunos venezolanos que la culpa fué de Chavez. Si no me equivoco es durante la gestión de Rafael Ramirez la activación del sistema gas comunal y vehicular con el propósito de establecer un precio de la gasolina mas justo a nuestra economía sin tocar el bolsillo del pueblo trastocar la extracción de la gasolina a gobierno chupa sangre de Colombia y su vez al Brasil (esta situación la viví en carne propia con conocimientos de las autoridades nuestras) es por eso que se les puede llamar: Piratas del Caribe, todos y todas eran o son pillos por eso es que se debe tener control y supervisión sobre lo supervisado y de allí se debe aplicar para lo que esta por comenzar; el uso del Bolivar Soberano y el Petro. Para finalizar es claro que nunca PDVSA era del pueblo es Gracias a Chavez que la rescata y Maduro que sigue su legado a pesar de tanto saboteo, gracias al amigo Alexander Riera por su atención, Saludos.

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