Precios acordados vs., desacordados: ¿quién ganará?

Por: Luis Salas Rodríguez 

Asumiendo que el gobierno sostiene que la causa originaria de lo que estamos viviendo es una guerra económica, emprendida por el poder económico local y transnacional mediante la especulación cambiaria y de precios, lo que incluye prácticas como el acaparamiento, el desvío de mercancías y aquello que VTV alguna vez llamó “simplificación de la producción”, lo de los precios acordados debemos entenderlo entonces como una suerte de “armisticio”.

Como toda negociación de este tipo, deben ser más los aspectos que no se conocen que aquellos que sí. Ahora, de lo que se desprende públicamente, dicho armisticio implica al menos los siguientes compromisos de parte y parte:

De parte del gobierno:

  1. Garantía de flexibilidad inmediata a la hora de actualizar los precios, demostrada ya con la actualización de 7 de los primeros 25 alimentos del Plan 50 una semana después de su lanzamiento.
  2. Garantía de que el acuerdo solo implica a presentaciones de productos y no a los productos en sí mismo. Por caso: no está acordado el precio del atún, sino el de una presentación específica del atún (latica de 140 gr.). De la misma manera, solo se acordó el precio de la pasta dental en su versión de 50 ml. Y así sucesivamente. En su sentido más amplio, esto significa que el acuerdo en torno a los 50 precios (de los que a la fecha de hoy son públicos 33), implica un compromiso de no intervención para el resto de los millones de precios de la economía nacional, los cuales quedan a criterio de comerciantes y empresarios, o como suele decirse, “del mercado”.
  3. Garantía de suministro de las materias primas, lo que en la práctica constituye un subsidio para las empresas firmantes de los acuerdos, además de una medida que las protege de la competencia, y por tanto, refuerza sus posiciones de dominio de mercado.
  4. Exoneraciones impositivas (suspensión o reducción en materia de pago de impuestos).
  5. Acceso a créditos en condiciones preferenciales a través de la banca pública.
  6. Liberalización y despenalización total del mercado cambiario.
  7. Y lo más importante y sin duda novedoso: garantía de cubrirse con dineros de la Nación el monto de prácticamente todos los salarios, gracias a los cuales serán adquiridos los bienes contemplados y no en el acuerdo al menos en los próximos tres meses. Esto significa, en el lenguaje simple de la economía más convencional, que en materia de distribución del ingreso, a la hora de descontarse los costos productivos, a efectos del sector privado prácticamente todo lo referente a mano de obra pasa a contabilizarse como ganancias. Es decir: al capital, durante los tres meses contemplados como fase inicial del plan de estabilización (septiembre, octubre y noviembre), habida cuenta de esta transferencia unilateral de recursos públicos (que actúa como un subsidio universal vía salarios) el factor trabajo le sale prácticamente gratis.

A cambio, el sector privado quedó comprometido a:

  1. Mantener los precios acordados (con las salvedades implicadas en los numerales 1 y 2).
  2. Y aunque no está claramente establecido en ninguna parte, suponemos que a aumentar la producción y conservar los puestos de trabajo.

 

¿Qué ha pasado?

Hasta ahora, en líneas generales, el gobierno ha cumplido con sus compromisos. Sin embargo, en vista de lo observado en las calles y anaqueles, no puede decirse lo mismo del sector privado: prácticamente ninguna de las presentaciones con precios acordados se encuentra. Y cuando se encuentran, no se venden con el precio acordado o se condiciona a la adquisición de otros productos, salvo excepciones de negocios que los venden bajo supervisión militar o policial.

A esto hay que agregar el salto exponencial en los precios de los productos y servicios no contemplados en el acuerdo: como cualquiera que compre habrá constatado, durante el mes de agosto los precios de todas las cosas al menos se duplicaron con respecto al mes de julio. Y en lo que va de septiembre, una vez hecha efectiva la primera mitad de los salarios, dichos precios se triplicaron y en algunos casos cuadruplicado.

Esto corrobora la advertencia con respecto a que la mejora inmediata del poder adquisitivo provocada por la reconversión del salario mínimo, podía ser absorbida por la reconversión en la misma dirección de los precios, reconversión mucho más inmediata y flexible, dado que depende unilateralmente de los poseedores de los bienes y servicios. Esta absorción no se ha producido del todo, pero al ritmo que experimentan los precios no tardará en llegar.

Por otra parte, y esto es radicalmente importante, todo indica que la (de)formación de precios no está actuando solo en función del momento actual (captación del circulante agregado en la calle, impacto de la devaluación sobre la inflación, etc.), sino también y sobretodo en base a las expectativas hacia finales de año, cuando llega la hora de pagos extraordinarios (aguinaldos, utilidades, etc.) pero además cesa el subsidio salarial. Dicho en simple: los precios no se están ajustando conforme a septiembre u octubre, sino preparándose para diciembre y después.

En cuanto el tema laboral, aunque es menos notorio que lo anterior y sobre ello pesa un apagón mediático perfectamente entendible, es sabido que muchas condiciones están siendo cambiadas: existen innumerables y documentadas denuncias sobre despidos y liquidaciones al cierre de agosto tipo “cajita feliz”, en algunos casos con recontratación en septiembre empezando “de cero” pero en otros no.

En estos casos, ha terminado privando la típica situación laboral de elección forzada, en la que trabajadores y trabajadoras se ven obligados a “elegir” entre una opción mala (un arreglo ilegal, violatorio de derechos, etc.) y otra peor (quedarse sin empleo en un contexto como éste).

 

Perspectivas

Volviendo al inicio, asumiendo la tesis del “armisticio” representado por el acuerdo de precios, su principal reto a nuestro entender no pasa por la voluntad real por parte de los privados a respetarlo.

Suponiendo la tengan, el principal reto pasa por responder lo siguiente: cómo, en el marco de una economía que se está ajustando a su nuevo y en buena parte todavía incierto marco de “libertad cambiaria” en tiempos de incertidumbre ídem (no solo local sino inclusive global), con niveles de producción que retrocedieron prácticamente dos décadas (de 2013 a la fecha, se estima que el PIB cayó un 35% y que a finales de 2018 -si no hay recuperación- lo haga en un 50%, lo que supone pasar de un PIB de más de 300 mil millones de dólares en 2012 a uno de poco más de 100 mil) y sin recursos disponibles para importaciones masivas, 50 precios pueden mantenerse mientras todos los demás siguen su línea ascendentes alimentados por la puja distributiva, la inercia inflacionaria y el impacto directo de medidas como la “sinceración” cambiaria (reconocimiento oficial del tipo de cambio paralelo) y el que de una forma u otra tendrá el de la gasolina, por más que sea cierto que el Estado la subsidiará vía el carnet de la Patria incluso a los transportistas.

Por otra parte, creemos se depositan demasiadas expectativas en el efecto “ancla” que sobre los precios se dice debe tener el anunciado anclaje monetario en conjunción con la desregulación del mercado cambiario: hasta la fecha, lo primero es meramente nominal (en el mejor de los casos, sabremos si funciona y cómo luego que se realicen las primeras operaciones con petros y se levanten las condiciones especiales de los tres meses iniciales).

Y en cuanto a lo cambiario, habría que tomar en cuenta que no solo no existe evidencia reciente de que los precios sean sensibles a la baja o a la estabilización cuando baja o se estanca el tipo de cambio, sino que la evidencia disponible demuestra exactamente lo contrario: los precios de los bienes y servicios son perfectamente elásticos y sensibles al alza del tipo (o los tipos) de cambio (es decir: aquellos suben cuando éste o estos suben); pero inelásticos a su baja o estancamiento (es decir: cuando se estanca o baja el tipo o los tipos de cambio, los precios pueden seguir subiendo tranquilamente).

Esto ya se ha visto en múltiples ocasiones al menos desde 2016, fecha en la que ya se hablaba de la muerte del tipo de cambio paralelo, en aquel tiempo monopolizado por dólar today. Y lo vimos a comienzos de este año, cuando el paralelo se estancó y cayó violentamente cerca de dos meses, sin menoscabo de que los precios –y en especial el rubro alimentos- siguieran su línea hiperinflacionaria ascendente prácticamente sin enterarse.

Lo que demuestra dos cosas: la primera, que la indexación de los precios al tipo de cambio (sea el que sea) es parcial y especulativa en sentido duro: funciona como argumento para subir precios, pero no para bajarlos ni estabilizarlos. Y la segunda, que las distorsiones causadas por el tipo de cambio no son las únicas que influyen sobre los precios. Se están subestimando otras poderosas fuerzas, siendo la más importante la de la puja distributiva propia de situaciones como la que estamos viviendo.

 

Precios relativos, hiperinflación y puja distributiva.          

En los procesos hiperinflacionarios, los precios terminan envueltos en un bucle de retroalimentación, donde los ajustes especulativos tradicionales que se hacen con el propósito de “ganar más”, tienden a ser reemplazados por ajustes especulativos que no tienen como propósito necesariamente enriquecerse a costilla de los otros sino procurar no perder, perder lo menos, o en el mejor de los casos, recuperar ingresos perdidos.

Esto no quiere decir que lo primero desaparezca: lo único que quiere decir es que, en el agregado, son más los agentes económicos que especulan “defensivamente” (especulación de segundo tipo), que aquellos que continúan haciéndolo “ofensivamente” (especulación de primer tipo).

Sobre esto ya hemos hablado en anteriores ocasiones, pero para decirlo brevemente y utilizando el lenguaje de la economía más convencional, el paso del primer tipo de especulación al segundo, se produce cuando ésta pasa a convertirse en un fenómeno colectivo y a masificarse, siendo que necesariamente entonces comienza a arrojar utilidades decrecientes e inclusive perdidas a muchos de quienes lo hacen.

Dicho más simple: en una primera etapa, quienes especulan hacen ganancias con respecto a quienes no, pero cuando a esos primeros se le suma otros agentes económicos que antes no lo hacían, la especulación se convierte en un todos contra todos en el que si bien al subir los precios nominalmente aumentan los ingresos, ya no pasa necesariamente así en términos reales: también aumentan los egresos dado que todos los demás subieron sus respectivos precios.

En nuestra contabilidad, este proceso comenzó a observarse a finales de 2016, como efecto seguramente no deseado pero inevitable del célebre PAC. Pero más allá del impacto inmediato del mismo, como resultado de la conjunción de tres factores:

1) la prolongación en el tiempo de la corrida especulativa que comenzó a principios de 2013

2) el recrudecimiento de la conflictividad política (sanciones y bloqueo, guarimbas, etc.)

3) y el no éxito de los diversos intentos de “ofensiva económica”, que terminaron dando paso a una suerte de “dejad haced dejad pasad” institucional, traducido en un levantamiento no decretado de los controles de precio y cambio que nos trajo al escenario actual, donde se oficializa y sincera de derecho lo que venía funcionando de hecho.

A esto hay que sumarle la contracción dramática de las importaciones y del PIB que ya mencionamos, traducido a su vez en menos actividad económica y menor disponibilidad de bienes. La suspensión del mercado cambiario oficial en septiembre de 2017 hizo el resto: mes y poco más después explota la hiperinflación.

A lo que vamos: en un contexto hiperinflacionario donde los formadores de precios e inclusive los consumidores internalizaron expectativas inflacionarias y una buena parte de ellos (pequeños y medianos productores y comerciantes, el conjunto de asalariados promedios, los cuentapropistas e informales en general) luchan por no perder utilizando lo único que tienen a la mano en una economía de mercado: aumentando el precio de sus respectivas mercancías, a la política económica se le hará cada vez más cuesta arriba -por decirlo así- mantener el equilibrio entre sus pretensiones de estabilizar precios, por una parte, y dejar que se ajusten bajo la lógica de precios relativos, por la otra.

No puede ser de otra forma: si se asumió –como se ha dicho- que la forma de equilibrar la economía es impulsando que los precios internos se equiparen o superen a los internacionales y para ello se liberó el tipo de cambio e internacionalizará el cobro de la gasolina y se supone que el de otros servicios, entonces todos los precios de la economía responderán en consecuencia hacia arriba, lo que es todavía más cierto en un contexto ya de por si hiperinflacionario.

 

Entonces ¿no tendrá fin la hiperinflación?

Lo anterior no quiere decir que debemos prepararnos para vivir indefinidamente en hiperinflación. Lo único que quiere decir es que, de detenerse, no será como resultado de los precios acordados o porque el bolívar soberano se haya anclado al petro (sea lo que sea que esto significa).

De hecho, vista en sentido amplio, la nueva política económica puede en efecto detener la hiperinflación, solo que por su vía ortodoxa. Y la prueba es el nuevo consenso en torno a la “necesidad” de acabar con la emisión “excesiva” de liquidez monetaria (el (mal) llamado dinero “inorgánico”) y de reducir el déficit fiscal.

Como está ampliamente demostrado (ver acá y acá) y como incluso sostienen a regañadientes y de modo ambiguo -pero sostienen al fin- varios especialistas claramente opositores (por ejemplo acá, acá y acá) es un mito para el caso venezolano aquello de que la inflación (ahora hiperinflación) es causada por el exceso de liquidez monetaria.

Ciertamente, desde 2013 existe una correlación casi perfecta entre el crecimiento de la liquidez monetaria y la de los precios, pero se produce de modo totalmente opuesto a como dicen los “especialistas”: no pasa que los precios suben porque aumenta la liquidez monetaria, aumenta la liquidez monetaria porque suben previamente los precios y la emisión adicional se hace necesaria para poder pagarlos.

Al principio, la carrera de la liquidez tras la inflación se producía con ventaja de un mes de ésta sobre aquella (la liquidez tardaba más o menos un mes en ajustarse a los nuevos precios). Y con el paso del tiempo se fue ampliando dicha ventaja.

Pero de hecho, desde que estamos oficialmente en hiperinflación (noviembre-diciembre 2017) ambas variables literalmente se han desconectado, siendo que incluso dramáticas caídas de la liquidez como la observada en los meses previos a la reconversión (abril-mayo-junio-julio) coinciden con aumentos igualmente dramáticos de los precios, tal y como se puede observar en la siguiente gráfica:

Diapositiva1

Pero si esto es así, ¿por qué decimos entonces que las políticas de contracción de la masa monetaria pueden ser exitosas para acabar con la hiperinflación si está demostrado que no es la emisión monetaria lo que hace subir los precios?

Por lo siguiente: porque si bien es verdad lo anterior, también lo es que el aumento de la masa monetaria (vía bonos, aumentos salariales, créditos bancarios, etc.) al compensar los efectos negativos de la inflación sobre el poder adquisitivo, facilita condiciones para que el bucle vicioso se sostenga en el tiempo.

Ahora, ¿cuál es la alternativa? Pues contraer la emisión monetaria implica dejar que el shock de precios descargue sin compensación alguna toda su acción negativa sobre el poder adquisitivo, de modo que la gente ya no pueda definitivamente con los nuevos precios, se contraiga el consumo y paralice la actividad económica.

Es lo que en alguna otra parte llamamos derrotar la inflación por hambre, como pasó en 1996-97 en el marco de la Agenda Venezuela, cuando se liberalizaron los precios y congelaron los salarios, siendo que la inflación se disparó a 103% en el primer año para caer a 37% el siguiente, lo que no significa que bajaron los precios sino que se redujo su ritmo de crecimiento pues ya no había con qué pagarlos

Desde luego, estamos todos y todas de acuerdo en que éste no es en sentido estricto el caso actual, entre otras cosas porque el plan de recuperación económica empezó con un sustancial aumento salarial.

Sin embargo, se quiera o no, medidas como reducir la asignación de créditos bancarios, buena parte de los cuales financian el consumo de muchos hogares actualmente (como pasa con las tarjetas de crédito) y el achatamiento de las escalas salariales, en conjunción con la liberación de facto de todos los precios no acordados, parecen conducir inevitablemente hacia allá.

No está de más decir, ya para terminar, que la alternativa no es el retorno a la política reactiva de simplemente aumentar salarios y dar créditos indiscriminadamente y más nada. Estamos claros que eso no era exactamente un plan y que solo servía solo para aguantar y cada vez menos. Y de hecho, siempre hemos dicho que la banca es unos de los principales focos de las desestabilizaciones monetarias y por ende cambiarias, por lo que es acertado tomar medidas al respecto y procurar la autoridad monetaria del Estado. El tema es que hay que tener cuidado de no caer directamente en el fuego, algo a lo que muchas veces conduce la desesperación entendible por salir del sartén.

15 Comentarios en Precios acordados vs., desacordados: ¿quién ganará?

  1. Derrotar la inflación provocada con hambre? No, que va, es mucho derrotarla aplicando el método de las tres P, es decir, Prisión, Paredón y Plomo a quienes la provocan. Ya está bueno eso de sentarse a acordar con esa pandilla de manceres mercachifles

  2. Parece que la única solución sera un Nuevo Caracazo. Peor que le anterior y que se encontrara con todos, especialmente con los engañados ineptos del gobierno.

  3. Varios comentarios:
    “Los precios de los bienes y servicios son perfectamente elásticos y sensibles al alza del tipo (o los tipos) de cambio (es decir: aquellos suben cuando éste o estos suben); pero inelásticos a su baja o estancamiento (es decir: cuando se estanca o baja el tipo o los tipos de cambio, los precios pueden seguir subiendo tranquilamente).”
    Esta afirmación es falsa. En 2015 hubo un incremento pronunciado del paralelo y los precios tardaron en reaccionar. De hecho, en ese momento se alcanzó el mayor poder de compra del paralelo y era hasta común escuchar cómo se “resolvían” algunos vendiendo apenas $20.

    Otro comentario:
    “Ciertamente, desde 2013 existe una correlación casi perfecta entre el crecimiento de la liquidez monetaria y la de los precios, pero se produce de modo totalmente opuesto a como dicen los “especialistas”: no pasa que los precios suben porque aumenta la liquidez monetaria, aumenta la liquidez monetaria porque suben previamente los precios y la emisión adicional se hace necesaria para poder pagarlos.”
    Los precios pueden subir por múltiples causas. No estoy de acuerdo con esta descripción del mecanismo de transmisión. El circuito es más así -> Gobierno declara aumento de salario mínimo (u otros bonos que se le ocurra en el momento) -> Los empresarios reaccionan y ajustan precios (incremento de costos + expectativas inflacionarias) -> El gobierno obviamente no tiene como pagar lo decretado y le dice al BCV que emita Bs -> Esta masa monetaria entra en forma de base monetaria (dinero creado por el Estado) que desde 2016 crece mucho más que el dinero bancario.
    Esta visión es acorde en que la raíz de la inflación – hiperinflación es fiscal, que después se manifiesta en lo monetario.

    • Con respecto a lo primero, es parte en verdad, pero también lo es que la inercia inflacionaria y la puja distributiva entonces era mucho menor a la actual. De hecho mi punto es que no es solo el tema cambiario influye en el cambio de precios. Por otro lado, lo que sigue siendo absolutamente cierto también es que los precios son inelásticos a la baja del paralelo y en los últimos meses pueden perfectamente marchar en dirección contraria (baja el paralelo o se estanca y los precios igual suben). X cierto que, mi hipótesis es que en algunos momentos la relación se ha invertido y los precios hacen subir al paralelo y no al revés, buscando recuperar el poder adquisitivo perdido ese que señalas, como pasó por ahí por marzo y abril.

      En cuanto al mecanismo de transmisión ciertamente son múltiples. Pero esa secuencia que señalas tu tiene el defecto de suponer que siempre los precios suben porque previamente suben los salarios, lo cual cualquier observador medianamente atento de la realidad rápidamente entiende que no pasa. Por un lado, no solamente ocurre que los precios suben aumente o no el gobierno los salarios o de bonos; sino que por lo general estos aumentos de salarios suelen más bien alcanzar aumentos de precios viejos.

  4. Otra afirmación falsa
    “Es lo que en alguna otra parte llamamos derrotar la inflación por hambre, como pasó en 1996-97 en el marco de la Agenda Venezuela, cuando se liberalizaron los precios y congelaron los salarios, siendo que la inflación se disparó a 103% en el primer año para caer a 37% el siguiente, lo que no significa que bajaron los precios sino que se redujo su ritmo de crecimiento pues ya no había con qué pagarlos”
    En 1997 hubo un incremento importante del salario mínimo el cual, como ha ocurrido en muy pocos casos, sí se transformó en poder de compra, tanto de producto como en $. Una vez desmontado el control de cambio, cualquier persona que ganaba salario mínimo podía ir al banco o casa de cambio y comprar $75. Dos años después podría comprar $200.

    • Ud. no pega una, ni siquiera por lleva el mismo nombre de una reconocida marca de pegamento. El que una persona pueda acceder a comprar de 75 a 200 $ o más, no depende de que haya o no control de cambio; esto solo será posible en la medida en la que surjan fuentes generadoras de ingresos en divisas al país, donde cuyos representantes y propietarios manifiesten su plena disposición a ofertarlas en el mercado cambiario para sostener esos esquemas de libre flotación que a ustedes tanto les gusta, pero que en el fondo pareciera que no tanto, porque a decir verdad no aportan ni un solo dólar al mercado cambiario. De esta manera, por simple y elemental lógica de Oferta y Demanda, para que dicho esquema se sostenga debe existir un mínimo de equilibrio, de lo cual se dista mucho, porque bajo las condiciones actuales la realidad nuestra es que solo contamos con demandantes que se cuentan por millones, mientras que de oferentes, salvo contadas excepciones apenas se reconocen los que reciben las remesas y cambian en el mercado paralelo.

      Por tanto, si quieren dólares, deben contar con empresas generadoras de ingresos en dólares, empresas que exporten legalmente, pero para ello deben entrar a competir con el resto de las empresas del mercado internacional, cosa que les cuesta mucho, porque mientras en ese mercado los márgenes de ganancia oscilan entre el 6% y el 9%, aquí en Venezuela por Ley son del 30%, pero en la realidad ha llegado a superar hasta el 2000%, teniendo los costos de mano de obra más bajos del planeta, (léase, con base de 1$ diario como sueldo mínimo), así ¿quién les compra? lo cual da cuenta de porqué prefieren vivir a expensas de la renta petrolera.

      Un mercado libre de divisas, requiere de oferfentes de divisas; de lo contrario pasa a ser como una panadería sin pan, una floristería sin flores, una licorería sin licores, una librería sin libros o una cristalería sin vidrio.

      ¿Se da cuenta por qué es que no pegan una?

      • “El que una persona pueda acceder a comprar de 75 a 200 $ o más, no depende de que haya o no control de cambio; esto solo será posible en la medida en la que surjan fuentes generadoras de ingresos en divisas al país”

        Esto ocurrió debido al Plan Agenda Venezuela que no solo tocó el control de cambio. También involucró una apertura económica y también de inversión especialmente problema. El plan implicó, repito, una mejora sustancial en el poder de compra del salario tanto en producto como de $.

        Entiendo que poco sabe de economía. Voy a tratar de ser didáctico. Un control de cambio necesariamente implica un tipo de cambio fijado por debajo del de equilibrio. Eso incentiva las importaciones y tiene un efecto contrario en las exportaciones. Este control de cambio es un buen ejemplo de esa dinámica. Sí hay que reconocer que inclusive fuera del control de cambio ha habido una tendencia a sobrevaluar el Bs con las mismas consecuencias descritas, sin duda, algo que hay que corregir en el futuro.
        Para quienes leen estas líneas y realmente estén interesados en un trabajo serio y académico sobre el tema les recomiendo un trabajo titulado “Estabilización, crecimiento y política cambiaria en Venezuela” de los profesores Francisco Sáez, Leonardo Vera, Luis Zambrano Sequín.

        Hay otro hecho que agregar, casi la totalidad de las importaciones que se hacen hoy se realizan a través de divisas privadas, sean estas adquiridas en paralelo o por Dicom.

        Por último, lo que debería hacer es concentrarse en su labor dentro de PDVSA a ver si detienen el desplome en la producción. Realizan un trabajo bastante deficiente.

        • También tomemos en cuenta, que hay periodos como el actual, donde el paralelo se estanca, pero los precios siguen incrementándose. Hay algo tan elemental, como lo es entender , que hablar de régimen cambiario es hablar de régimen monetario. No podemos variar la masa monetaria en un porcentaje grosero en un mes, y pretender que mantener estabilidad cambiaria e inflacionaria. Es como querer apagar el rancho con gasolina.

    • Bueno Henkel con todo respeto no se donde vivías tu en 1997. Pero para no llenar el análisis de subjetividad, revisa las cifras de pobreza de por ejemplo PNUD y UNICEF para aquellos años y creo que podrás caer en cuenta que tu afirmación es cuanto menos temeraria, independientemente de la relación entre los salarios en bs y el dólar que mencionas, en un contexto por lo demás muy distinto al actual. De hecho, todo los análisis más o menos serios al respecto coinciden en que ese es uno de los principales factores por los cuales Chávez gana las presidenciales, que hizo campaña contra los efectos de La Agenda Venezuela con su Agenda Alternativa Bolivariana. Para lo del PNUD y UNICEF puedes revisar acá http://hdr.undp.org/sites/default/files/venezuela_2000_sp.pdf y acá https://www.unicef.org/venezuela/spanish/Cap7.pdf

      • Chávez gana de la misma forma que ganó CAP II, de la misma forma que ganó Caldera. Haciendo énfasis en la visión demorrentista (leer a Roberto Casanova) a una población que añoraba regresar a la Venezuela Saudita. El boom de precios del petróleo hizo ver que Chávez lo lograría, pero era eso, un bocanada de la Venezuela Saudita, pero con un daño mucho más profundo en el modelo económico-político-social de Venezuela. Y acá estamos. Con prácticamente todos los indicadores por debajo a 1998 después de haber recibido un millón de millones de $.

      • En todo caso, puntualmente me refería a esta frase
        “cuando se liberalizaron los precios y congelaron los salarios”
        Repito, es falso que se congelaron los salarios.

  5. Venezuela atraviesa un fenomeno hiperinflacionario cuyo origen es fiscal, el hecho que unos pocos “intelectuales” chavistas afirmen que la inflacion no es un fenomeno monetario sino que los aumentos en la masa monetaria responden al aumento de precios no es demostrar que la inflacion no es un fenomeno monetario sino que es causa de una especulacion (que aqui definen de dos tipos, vaya absurdo), por el contrario la literatura economica esta llena de evidencia empirica que demuestra como la continua monetizacion del deficit termina en aumentos generalizados de precios. En Venezuela no hay libertad cambiaria o alguien aqui presente puede ir a alguna entidad financiera a comprar o vender dolares al precio que dicta el mercado. En definitiva el Sr Salas continua divagando sin poder enterder o sin querer entender las causas del desastre economico provocado por el fracasado modelo chavista, pasara largo rato intentando explicar, sin exitos, los fracasos del socialismo, debe ser frustrante llevar a cabo tan penosa labor.

  6. Quisiera colocar en esta mesa de discusión, muy interesante por demás, ya que se trata de un factor considero, es el mayor reto que tenemos, los que hemos podido disponer de algún conocimiento economico universitario y que vemos con mucha preocupación lo aberrante que se ha convertido aquí en Venezuela el tema INFLACION. Creo que el aporte que han realizado los distintos exponentes anteriores resultan necesarios. Sin embargo cualquier idea que se tenga y se quiera colocar en práctica para darle solución definitiva al tema en referencia, léase buen: SI NO SE DISPONE DE UN ESTADO SANO, MODERNO, TECNIFICADO, SISTEMATIZADO, ARTICULADO, QUE SE HAGA RESPETAR CON LA CONTUNDENCIA QUE AMERITA Y SE NECESITA MAS AUN EN ESTOS TIEMPOS, para que esté cumpla su real función que es: FISCALIZAR, CONTROLAR Y ADMINISTRAR A TODOS LOS QUE VIVUMIS EN ESTA BELLA VENEZUELA. Me disculpan queridos hermanos venezolanos, todo lo que podamos aportar por muy bueno que sea. No se va a poder hacer absolutamente nada. Recuerden El Estado no es Gobierno más el Gobierno es Estado. Me explico un Viceministro o un Ministro o e inclusive un Vicepresidente ni tiene porque entrar a ninguna empresa o almacén privado a verificar ese empresario o comerciante está acaparando o vendiendo al precio que debe. Y todos aquí lo hemos visto por tv. Y lo hacen es porque el Gobierno no cuenta con ese ESTADO que es quien debe hacerlo. Me disculpan , repito, si el ESTUDO no aplica una politica FISCAL seria, responsable y contundente. Seguiremos ARANDO EN EL MAR. Saludos cordiales y fraternos para todos que tengan un excelente día.

  7. Como bien decía el Ilustre, Arturo Uslar Pietri, queridos amigos invisibles, que escriben aquí, muy catedrático todas sus teorías, pero la historia ha demostrado que todo lo que se quiere sobre Venezuela, es el control total y absoluto de nuestras reservas petroleras.
    Y mientras el país sin nombre, eeuu, no lo tenga, seguirán presionándonos con todas las artimañas derivadas de la doctrina económica impartida por ellos en los pensum de nuestras universidades, los cuales fueron revisados por el FMI, (libro CIENCIA, TECNICA Y DEPENDENCIA, LUS BRITTO GARCIA) y aún más por los súper dotados economistas con sus libros, que solo buscan congraciarse con el sistema impuesto, en resumen, el control del dólar.
    Confió como ciudadano de a pie, que seremos libres y seremos un país potencia, aún quedan batallas por luchar Y GANAR, y mientras vea que todas las instituciones y la mass media, sigan hablando de Venezuela, sé que vamos bien.
    Sigan perdiendo tiempo con sus teorías económicas.

  8. En mis 77 años e vivido todos los gobiernos y a una parranda de economistas sabiondos, mis conclusiones son “que ellos son los culpables de los problemas del país”, son puro blablabla, mentirosos y cuando alguien lo está haciendo bien ellos se mueren de envidia y son puras críticas. Un país tan rico y con un pueblo tannoble y trabajador no se merece tanta miseria u mierda humana,

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