Hiperinflación: Arma imperial (IV) Argentina, 1988

Por: Pascualina Curcio

“Quienes tienen menos de cuarenta años de edad quizá no lo recuerden, pero el precio del dólar en el mercado paralelo era una información que aparecía muy frecuentemente en la tapa de los diarios y se encontraba destacada entre las series estadísticas que actualizaban diariamente las publicaciones especializados en economía y finanzas.

Domingo Cavallo, 2011. Exministro de economía de Argentina (1991-1996) [1]

Los argentinos también padecieron lo estragos de la hiperinflación. Durante la década de los 80´y hasta principios de los 90´, los precios aumentaban de manera acelerada y sostenida.

A 4.924% llegó la inflación el año 1989 y a 1.344% en 1990.

Los precios comenzaron a registrar aumentos a partir del año 1983, lo que coincide con la llegada al poder de Raúl Alfonsín, quien se desempeñó como presidente de la Nación Argentina durante el período 1983-1989. Durante su gobierno debió enfrentar elevados niveles de precios, los cuales trató de enfrentar con distintos planes, el primero de ellos, el Plan Austral de junio de 1985 mediante el cual se cambió la denominación monetaria del peso argentino al austral y se congelaron todos los precios de la economía.

Si bien el Plan Austral permitió detener la escalada inflacionaria durante 1985 y 1986, los precios comenzaron a aumentar nuevamente en 1987. En 1988, Alfonsín implementó un nuevo plan, el Primavera, que tampoco logró detener la inflación, por el contrario, en 1989 se registró el primer episodio hiperinflacionario.

Fuertes presiones por parte de la población, explicadas entre otras razones por la situación económica, caracterizaron esos años. Entre las medidas económicas, se implementó el Plan Alimentario Nacional (PAN) para paliar los efectos de la hiperinflación. Consistía en la distribución, a nivel de municipios, de cajas de comida que incluían leche, harina de maíz, de trigo, pasta, arroz, frijoles, aceite y carne enlatada.

Otro plan se puso en práctica en agosto de 1988, el Primavera, cuyo principal objetivo también era contener la inflación. Se decidió no congelar los precios sino llegar a un acuerdo con las empresas.

Entre las acciones emprendidas resaltamos la liberación del mercado cambiario en febrero de 1989. [2]

Dada la situación política, Alfonsín decidió adelantar las elecciones presidenciales para el 14 de mayo de 1989. Debieron haberse celebrado el 10 diciembre del mismo año. En vísperas de las elecciones sucedieron manifestaciones y saqueos a supermercados, pero además se registró un aumento muy acelerado de los precios. De hecho, el primer episodio hiperinflacionario se registró antes y durante los comicios [3], en mayo, junio y julio de 1989 los precios variaron 78%, 114%, 197% respectivamente. [4]

El periódico especializado en economía “Ámbito financiero” en un artículo publicado el 15 de diciembre de 1989, titulado “El país entró en la era de los golpes de mercado en lugar de los antiguos golpes de Estado que hacían los militares” [5] mostró la nueva modalidad para derrocar gobiernos, relacionada con la manipulación de variables macroeconómicas y de los mercados.

Al respecto, Adamovsky afirmó refiriéndose a la salida adelantada de Alfonsín de la presidencia:

“se trató de una escalada de precios deliberadamente provocada por los sectores empresariales y financieros más concentrados para poner de rodillas al sistema político. En efecto, la experiencia de la hiperinflación fue tan traumática que desde entonces la sociedad reclamó la estabilidad económica por sobre todas las cosas. En lugar de un golpe de estado se trató de un golpe de mercado, según la expresión que se acuñó entonces. Y en verdad sus efectos inmediatos no fueron del todo diferentes: Alfonsín se vio obligado a abandonar el poder antes del fin de su mandato y entregar la presidencia a su sucesor.” (subrayado nuestro). [6]

Desde ese momento fue acuñado el término “golpe de mercado” para referirse a todas aquellas acciones que los poderes económicos emprenden para incidir sobre aspectos políticos.

En julio de 1989, Carlos Menen asumió la presidencia de la República. Al igual que Alfonsín debió enfrentar el flagelo de la hiperinflación, para lo cual aplicó políticas neoliberales siguiendo la receta del Consenso de Washington: privatizaciones, liberación de los precios, aumento de los impuestos, especialmente al valor agregado, disciplina fiscal y monetaria y reducción de la cantidad de dinero.

El 27 de marzo de 1991 fue aprobada la ley de convertibilidad, que estuvo vigente durante 11 años y se basó en la restricción de la emisión monetaria en función de la cantidad de reservas internacionales de las que disponía el país. Se trata de un paso previo a la dolarización, en la que se limita la cantidad de dinero a ser emitida, y con ella también la participación del Estado en la economía y en el desarrollo de programas sociales, viéndose obligado al endeudamiento y a la privatización.

Mágicamente y de repente, en cuestión de días, a partir de la convertibilidad se detuvo la inflación. También se había detenido la publicación diaria en las tapas de los periódicos, el supuesto valor de la moneda. Ya no era necesaria la información, ya la economía argentina se había cuasi-dolarizado, dependía de la cantidad de dólares atesoradas en las reservas internacionales, dependía también del endeudamiento externo y las condiciones impuestas por el sistema financiero internacional para su otorgamiento.

Durante los 80´ la inflación se mantuvo en 3 dígitos, con un pico importante en 1984. Siguió así hasta 1991, momento en el que los niveles inflacionarios comenzaron a descender ubicándose en 2 dígitos. Ya para 1992, los precios fueron controlados.

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Los períodos hiperinflacionarios se registraron en julio de 1989 y en marzo de 1990. La variación mensual de los precios llegó a 197% y 96% respectivamente. Recordemos que, por convención, se considera que una economía se encuentra en hiperinflación cuando la variación de los precios es superior al 50% mensual. En el siguiente gráfico se muestra el comportamiento de los precios, mes a mes entre enero de 1980 hasta diciembre de 1992.

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En Argentina los precios subían mientras los niveles de producción nacional descendían. Se trató de una estanflación. Teóricamente, este tipo de fenómeno ocurre cuando se contrae la oferta agregada de la economía, es decir, cuando, por razones externas, aumentan los costos generales de producción generando como efectos, por una parte, el aumento de los precios, y por la otra la disminución de las cantidades de producción. Se trata de una inflación de costos ocasionada por un shock de oferta. [7]

El tema relacionado con los tipos de inflación y sus causas, así como la distinción entre la inflación de costos y de demanda lo hemos estado trabajando, desde el punto de vista teórico, en artículos recientes, específicamente el de “Hiperinflación: arma imperial: Caso Venezuela, 2018”, motivo por el cual no profundizaremos sobre este aspecto. La invitación es a leer la parte titulada “Tipos de inflación: breve repaso” en el trabajo antes referido. [8]

Lo que es necesario recordar y tener presente es que las estanflaciones solo pueden ser ocasionadas cuando ocurre un shock de oferta en la economía, es decir, cuando se contrae la oferta agregada, y por lo tanto, siempre, los aumentos de precios con recesión están relacionados con una inflación de costos.

Las inflaciones de demanda siempre tienen como resultado final en la economía, además del aumento de los precios, un incremento de los niveles de producción.

En Argentina, de la misma manera como hemos observado en los casos de la República de Weimar [9] , Nicaragua [10] y Venezuela [11], economistas y autoridades gubernamentales, atribuían las causas de la hiperinflación al dinero. Afirmaban que fue consecuencia de la indisciplina fiscal y de la expansión de dinero “inorgánico”.

No obstante, también en esa ocasión, ingenua o intencionalmente, cayeron en una contradicción teórica. Si la causa de la hiperinflación hubiese sido la emisión de dinero “inorgánico”, no se hubiese estado ante la presencia de una estanflación. Por el contrario, y de acuerdo con la secuencia monetarista, el aumento de la cantidad de dinero implicaría una expansión de la demanda agregada de la economía y con ella un incremento de los precios, pero acompañado de un aumento de los niveles de producción, más sin embargo, la producción en Argentina disminuyó.

En el siguiente gráfico, se muestra en un mismo plano el comportamiento de los precios y el producto interno bruto desde 1980 hasta 1992. Entre 1987 y 1989 el aumento de los precios, incluyendo los dos períodos hiperinflacionarios, estuvo acompañado de disminuciones del producto interno bruto. Se trató de una estanflación. Entre 1982 y 1984, período en el que se registró un aumento de los precios, los niveles de la economía fueron en franco descenso: en 1984 el producto interno bruto cayó 8%. Entre 1987 y 1989 ocurrió lo propio, esos 3 años el PIB disminuyó, observándose una caída de 7% en 1988, año en el que la hiperinflación alcanzó su mayor nivel 4.924%.

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En este trabajo, demostramos estadísticamente que los episodios de hiperinflación en Argentina no fueron causados, tal como plantea la teoría monetarista, por la expansión de la cantidad de dinero “inorgánico”, sino que se debió a un shock de oferta, ocasionado, a su vez, por el aumento de los costos de importación al verse “depreciada” la moneda.

También demostramos, empíricamente, haciendo uso de herramientas econométricas, que la causa originaria y determinante de la hiperinflación en la Argentina de la década de los 80´ fue la depreciación de la moneda, la cual a su vez, y también lo demostramos, no se correspondía con las condiciones económicas del momento, por lo menos no en términos proporcionales, sino que fue manipulado su valor mediante la publicación diaria en las tapas de los principales periódicos.

Esta manipulación política del valor de la moneda tenía como objetivo dolarizar la economía argentina. En 1991, lograron el paso previo, la Convertibilidad. Es esta manipulación política de la moneda la principal arma imperial.

Culminamos este trabajo mostrando la Argentina de 2018. Similar a la década de los 80´, nuevamente buscan dolarizarla. El protagonista hoy es el dólar blue.

La liquidez monetaria y la hiperinflación en Argentina

Entre enero del año 1980 y diciembre de 1990, la cantidad de dinero en la economía argentina, medida por la liquidez monetaria (M2) aumentó 211.524.327%. Solo entre enero de 1987 y diciembre de 1990, la variación fue 409.558%. Sin duda fue un aumento importante, pero a pesar de ello, no podemos afirmar a priori que fue la causa de la hiperinflación, pudo haber sido la causa, como efectivamente demostramos a continuación.

En el siguiente gráfico se muestra el comportamiento de los precios y de la cantidad de dinero desde 1980 hasta 1992. Se observa, a simple vista, que ambos varían simultáneamente.

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Gráficamente pareciera haber una estrecha relación entre ambas variables. De hecho la hay, cada vez que aumenta la cantidad de dinero, también varían los precios [12]. También se observa que el año 1989 la variación de los precios (4.924%) fue mayor que la de la cantidad de dinero (2.235%).

Lo importante en estos análisis, además de las relaciones entre las variables, es cuantificar cuál de ellas varía primero. Esto nos permite conocer cuál es la causa y cuál la consecuencia. Al aplicar el test de causalidad de Granger, herramienta que mide cuál fenómeno precede al otro, obtuvimos que primero varían los precios y luego la cantidad de dinero [13]. Estadísticamente, y aunque en el gráfico es imperceptible, la emisión de dinero ocurrió después del aumento de los precios.

Tipo de cambio paralelo e hiperinflación en Argentina

Existe también una relación casi perfecta entre el tipo de cambio y las variaciones de los precios, incluso mayor que la observada con respecto a la liquidez monetaria. Hemos sostenido como hipótesis que las causas de las hiperinflaciones están relacionadas con las depreciaciones de las monedas. Además hemos venido demostrando mediante el estudio de otros casos, que dichas depreciaciones han sido producto de la manipulación política del tipo de cambio. Los objetivos apuntan a dos direcciones, o derrocar gobiernos socialistas y revolucionarios, o dolarizar las economías.

En el caso de Argentina, la hiperinflación derivó en la implementación, en xx de 1991 de la caja de convertibilidad, paso previo a la dolarización.

Cuando relacionamos el tipo de cambio, sea este oficial o el paralelo con los niveles de precios observamos una relación estadísticamente perfecta. El siguiente gráfico muestra el comportamiento del tipo de cambio paralelo y los precios desde 1980 hasta 1992.

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Entre 1980 y 1990, la moneda, en el mercado paralelo se depreció 3.507.080.346%. La cotización del austral en el mercado negro, era publicada diariamente en la prensa, así como en los boletines estadísticos, tal como refiere Domingo Cavallo [14], quien fue ministro de economía durante el gobierno de Menen y autor de la caja de convertibilidad.

Existe una alta y casi perfecta relación entre el tipo de cambio paralelo y los precios [15]. En cuanto a la secuencia, las variaciones del tipo de cambio paralelo, preceden en términos de Granger la de los precios. [16]

Secuencialmente, el análisis hasta ahora nos arroja que primero varía el tipo de cambio en el mercado paralelo, luego los precios internos de la economía y por último la cantidad de dinero.

Tipo de cambio oficial e hiperinflación en Argentina

El tipo de cambio oficial también muestra una alta correlación con respecto a los precios, de hecho mayor que el paralelo [17]. Se puede observar en el siguiente gráfico.

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Al analizar cuál indicador entre el tipo de cambio oficial o los precios, varía primero, obtenemos que los cambios en el valor de la moneda oficial preceden el de los precios. [18]

Tanto el tipo de cambio oficial, como el paralelo se comportan de manera similar, varían en la misma proporción [19]. Cada vez que aumenta el paralelo lo hace el oficial. Lo importante a identificar es cuál varía primero, cuál está marcando el precio del otro.

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Los análisis econométricos basados en el test de causalidad de Granger nos arrojan que la secuencia de la hiperinflación en el caso de Argentina entre 1980 y 1990 es la siguiente: 1) variaba el tipo de cambio en el mercado paralelo, el cual era publicado diariamente en la prensa y en los boletines estadísticos, 2) luego variaba el tipo de cambio oficial (en términos de Granger, el paralelo causaba las variaciones del tipo de cambio oficial); 3) posteriormente, aumentaban los precios de la economía; 4) por último incrementaba la cantidad de dinero.

La causa originaria de la hiperinflación en Argentina fue la variación del tipo de cambio en el mercado paralelo.  La expansión monetaria, en el análisis secuencial, resultó ser una consecuencia y no una causa de la hiperinflación.

El tipo de cambio, además de ser la causa originaria del aumento de los precios, es el factor determinante. Al comparar la incidencia del valor de la moneda y el de la cantidad de dinero sobre la hiperinflación, obtuvimos que con un 99,99% de probabilidad, el tipo de cambio explica en 78,8% el comportamiento de los precios, mientras que la liquidez monetaria incide 21,2%. [20]

Insistimos que la causa de la hiperinflación en Argentina no fue la expansión monetaria, se originó desde el lado de la oferta agregada mediante un shock que atribuimos a la “depreciación” de la moneda, la cual incidió sobre todos los costos de importación.

Causas de la depreciación

Desde el punto de vista económico, no hay manera de explicar la depreciación en más de 35 millones por ciento entre 1980 y 1990, como tampoco, puede ser entendida la depreciación de más de 350 mil por ciento en menos de tres años entre 1987 y 1990. Solo en 1988 la moneda se depreció 11783% en el mercado paralelo.

Al tratar de hallar explicación relacionando estas variaciones con respecto, a por ejemplo, los niveles de reservas internacionales, observamos, que efectivamente éstas disminuyeron 38% en 1988, sin embargo, proporcionalmente no se corresponde con la depreciación de más del 10.000% de la moneda durante ese año.

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Al analizar el período entre 1980 y 1992, la relación estadística entre la depreciación de la moneda y el comportamiento de las reservas internacionales, en lugar de ser negativo es positivo. Teóricamente esperaríamos que el tipo de cambio aumentase cuando disminuyen las reservas internacionales, sin embargo, ocurría lo contrario [21], en la medida en que aumentaban las reservas internacionales, también se depreciaba la moneda.

Hay quienes afirman, que el aumento del tipo de cambio en el mercado paralelo fue consecuencia de la elevada presión de la demanda en dicho mercado, originada a su vez por la expansión de la cantidad de dinero, la cual fue destinada a la adquisición de divisas. Sin embargo, al analizar la secuencia entre las variaciones de ambas variables, tipo de cambio paralelo y cantidad de dinero, obtuvimos que en términos de Granger, la variación del tipo de cambio paralelo precede la de la cantidad de dinero [22]. Lo que resulta lógico y coherente con la secuencia de la hiperinflación mostrada antes. Es decir, si habíamos obtenido que la cantidad de dinero es el último eslabón en la secuencia y el primero es la variación del tipo de cambio, mal podríamos haber obtenido al relacionarlas a ambas una secuencia contraria.

Dicho por el propio Cavallo, los medios de comunicación se daban a la tarea de publicar la cotización de la moneda. Tipo de cambio que servía como referencia para marcar los precios internos de la economía. Escribió el entonces ministro de economía:

“La existencia de un mercado paralelo con una fuerte brecha en relación al mercado oficial promueve la aceleración inflacionaria, porque muchos precios comienzan a ser fijados según la evolución del mercado paralelo y no en base al precio pagado por los importadores en el mercado oficial. La política monetaria, si pretende enderezarse a una determinada meta de inflación, se torna más restrictiva, porque para alcanzar esa meta de inflación tienen que lograr primero controlar la brecha en el mercado paralelo del dólar”. [23]

Los valores publicados diariamente en la prensa no se correspondían, como hemos mostrado, con la realidad económica. Proporcionalmente, la caída de las reservas internacionales no guarda relación con los niveles de depreciación de la moneda, así como tampoco la cantidad de dinero circulando en la economía.

Una vez más, la manipulación del tipo de cambio, apoyada en los medios de comunicación, incidiendo sobre la variable expectativas racionales de los agentes económicos, aparece como el origen de los fenómenos hiperinflacionarios, en este caso, buscaban la dolarización de la economía argentina.

ARGENTINA HOY, 2018

Hoy, y a partir del año 2011, los argentinos padecen nuevamente del ataque imperial, de la manipulación de su moneda. Buscan dolarizar la economía.

Desde el año 2011, durante el gobierno de Cristina Kirchner, comenzó a regir un control cambiario, cepo cambiario como lo llaman los argentinos. En ese momento comenzaron a publicar diariamente en portales web, el supuesto valor del peso argentino en el mercado negro, mejor conocido como el dolarblue.

A diferencia de la década de los 80´, en la actualidad estas armas de guerra son más sofisticadas, ya no son publicadas en las portadas de los periódicos de mayor circulación, hacen uso de la nueva tecnología, de los portales web y de las redes sociales, lo que además permite un flujo más rápido de la información, de la incidencia sobre las expectativas de los agentes económicos y sobre el resultado final de los mercados.

Se trata de una página similar a la que desde hace años se ha estado posicionando en Venezuela, dolartoday a través de la cual publican diariamente el supuesto valor del bolívar. De manera similar al dolartoday, cada vez que se celebraban comicios en Argentina, el blue variaba más rápido y la brecha entre éste y el tipo de cambio oficial se hacía más grande.

Al asumir la presidencia Mauricio Macri, levantó el cepo cambiario. Lo hizo en diciembre de 2015. Desde ese día, en cualquier banco o casa de cambio se pueden transar libremente los pesos argentinos por divisas. Hubiésemos esperado que habiendo libre convertibilidad de la moneda, desapareciese el marcador del mercado paralelo, especialmente si dicho mercado ya no existe.

Sin embargo, dos años y medio después de levantar el cepo, el dolarblue se mantiene. No solo marcando los precios internos de la economía, sino además, el precio del peso argentino en el “libre mercado”, el cual se ha depreciado 113% desde enero de 2016.

Ambos, el dolarblue y el tipo de cambio del “libre” mercado, suben tomados de la mano: varía uno de ellos, e inmediatamente después varía el otro. En la siguiente gráfica se muestra el comportamiento tanto del dólar oficial como del blue. Se observa que desde enero de 2011 hasta diciembre de 2015, el dólar blue, se ubicaba por encima del oficial, en períodos aumentaba la brecha entre ambos, la cual se cerraba en el momento de las devaluaciones por parte del Banco Central de la República de Argentina.

A partir de diciembre de 2015, ambos muestran un comportamiento similar. Ya no hay brechas, éstas parecieran cerrarse a diario e inmediatamente.

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La gran pregunta es ¿cuál de los dos, el del libre mercado o el blue, varía primero, cuál hala al otro, y por lo tanto, cuál está marcando el valor del peso?
Hemos aplicado el test de causalidad de Granger, resultó que desde el 04-01-2016, hasta el 27-08-2018, con una probabilidad de 84,85%, primero aumenta el dolarblue, y luego el del “libre mercado”. [24]
El dolarblue, está marcando el precio del peso argentino, y con este el de todos los bienes de la economía. Hay un nuevo intento, así como lo hubo en la década de los 80´, por dolarizar la economía.
La cotización diría de un supuesto valor del peso, específicamente, de una supuesta depreciación de la moneda argentina en los portales del dolarblue, incide sobre la expectativas racionales de los agentes económicos marcando los precios de la economía, pero además obligando al Estado a ofertar divisas para “detener” tal depreciación, lo que se traduce en una fuga de los capitales argentinos y una acelerada disminución de las reservas internacionales, viéndose en la necesidad de acudir a la solicitud de préstamos en el Fondo Monetario Internacional, tal como ha ocurrido.
Argentina acaba de endeudarse por US$ 50.000 millones con el mencionado organismo internacional, por supuesto, condicionado a las políticas consensuadas, en su momento, en Washington [25]. El aspecto central desde lo político, es el sometimiento de las naciones a través de la dependencia permanente hacia el sistema financiero internacional.
La presencia y permanencia de esta arma del imperialismo que distorsiona toda la economía a través de la manipulación del principal precio, el de la moneda, no solo no garantiza que el préstamo de US$ 50.000 millones permita “superar” la crisis argentina, sino que en un círculo vicioso contribuirá a que estos miles de millones regresen a sus dueños, al sistema financiero internacional, a través de una fuga de divisas que no parará hasta que no depongan el arma imperial, dolarblue.

Notas y Referencias:

[1] Cavallo, Domingo. 2011. El mercado negro de las monedas extranjeras. Consultado el 01-09-2018 en  http://www.cavallo.com.ar/el-mercado-negro-de-las-monedas-extranjeras/

[2] Ámbito.com. A 20 años del Plan Primavera. Agosto de 2008. Consultado el 01-09-2018. http://www.ambito.com/414514-a-20-anos-del-plan-primavera

[3] La Argentina y su drama con la inflación: a 25 años de la híper, julio 2014. Consultado el 01-09-2018.  http://www.ambito.com/748406-la-argentina-y-su-drama-con-la-inflacion-a-25-anos-de-la-hiper

[4] Banco Central de la República de Argentina.

[5] Ámbito.com, 08-07-2015 “Otra creación de Julio Ramos en el diario”. Consultado el 01-09-2018. http://www.ambito.com/798207-otra-creacion-de-julio-ramos-en-el-diario

[6] Adamosvsky, Ezequiel, 2006. Historia de las clases populares en la Argentina. Buenos Aires: Sudamericana.

[7] El lector puede consultar cualquier libro básico de macroeconomía. Allí encontrará los dos principales tipos de inflación, de costos y de demanda, sus causas y efectos.

[8] Curcio, Pasqualina, 2018. Hiperinflación: arma imperial (III). Caso Venezuela, 2018

[9] Curcio, Pasqualina, 2018. Hiperinflación: arma imperial (I). República de Weimar, 1923.

[10] Curcio, Pasqualina. Hiperinflación, arma imperial (II). Nicaragua, 1988.

[11] Curcio, Pasqualina, 2018. Hiperinflación, arma imperial (III). Caso Venezuela, 2018

[12] El coeficiente de correlación de Pearson es 0,9773, es decir, casi perfecta.

[13]   Los resultados del Test de causalidad de Granger son los siguientes:

GRANGER ARGENTINA.005

[14] Cavallo, Domingo. 2011. El mercado negro de las monedas extranjeras. Consultado el 01-09-2018 en  http://www.cavallo.com.ar/el-mercado-negro-de-las-monedas-extranjeras/

[15] El coeficiente de correlación de Pearson entre ambas variables es 0,9878.

[16] Los resultados del Test son los siguientes:

GRANGER ARGENTINA.007
[17] El coeficiente de correlación de Pearson entre el tipo de cambio oficial y los precios es 0,9978.

[18] Los resultados del test de causalidad de Granger son:

GRANGER ARGENTINA.009
[19] El coeficiente de correlación de Pearson entre el tipo de cambio oficial y el paralelo es 0,9924.

[20] Aplicamos una regresión lineal. La variable dependiente es el índice nacional de precios, y las independientes, el tipo de cambio, en este caso el oficial y la liquidez monetaria, medida por M2. Los resultados obtenidos fueron los siguientes:

GRANGER ARGENTINA.011
[21] El coeficiente de correlación de Pearson entre las reservas internacionales y el tipo de cambio en el mercado paralelo es 0,6693.

[22] El resultado del test de causalidad de Granger entre la cantidades dinero (m2) y el tipo de cambio paralelo es el siguiente:

GRANGER ARGENTINA.014
[23] Cavallo, Domingo. 2011. El mercado negro de las monedas extranjeras. Consultado el 01-09-2018 en  http://www.cavallo.com.ar/el-mercado-negro-de-las-monedas-extranjeras/

[24] Los resultados obtenidos son los siguientes:

GRANGER ARGENTINA.016
[25] France 24. 31 de agosto de 2018. “FMI inicia el martes nuevo diálogo con Argentina y espera conclusión rápida”. Consultado el 02-09-2018. https://www.france24.com/es/20180831-fmi-inicia-el-martes-nuevo-dialogo-con-argentina-y-espera-conclusion-rapida

7 Comentarios en Hiperinflación: Arma imperial (IV) Argentina, 1988

  1. Así como existen medios sofisticados para manipular el tipo de cambio, la telemática permite hacer seguimiento a los productos, desde su origen, ya sea producido internamente o importado, hasta la disposición para la venta al consumidor. Las redes de producción, almacenamiento, comercialización y venta al consumidor final, pueden ser geoposicionadas y controladas en todo su entramado. Asimismo, tal como lo viene proponiendo la misma autora de este artículo, la obligación de la consolidación de los estados financieros de las grandes transnacionales que operan en el país y el establecimiento de un sistema público de contabilidad empresarial digitalizado. que permita hacer seguimiento y control en tiempo real de todas las operaciones comerciales, transversalizado con el sistema financiero, el SAREN y el SENIAT. Esto se puede hacer con las principales corporaciones que, siendo unas pocas, concentran la producción e importación de la economía nacional. Con ello estaríamos avanzando en la organización del sistematización del Estado en todo lo que se refiere a Contabilidad Nacional, Empresarial y en general, el Sistema Estadístico Nacional. Esto ha debido hacerse desde los tiempos de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE) y luego el Programa de Modernización de la Administración Financiera del Estado (PROMAFE), dejados de lado por quienes han detentado los más altos cargos, ya sea por omisión, negligencia o, simplemente, por conveniencia, cuando lo que en realidad les interesa es el desorden propicio para la corrupción.

  2. TODAS (!) las afirmaciones en este texto interpretando los resultados del test de Granger son falsos. (Pero claro, para los foristas aquí es un trabajo científico riguroso.)

    Por ejemplo es totalmente falso que los resultados reportados en la nota 24 muestran “que desde el 04-01-2016, hasta el 27-08-2018, con una probabilidad de 84,85%, primero aumenta el dolarblue, y luego el del “libre mercado””.

    Lo que muestran los resultados es que asumiendo que el cambio oficial no causa (en el sentido Granger) el dolarblue, un valor de la estadística F de 0,03724 o mas tiene una probabilidad de 84,85% y consecuentemente no se puede refutar la hipótesis que el cambio oficial no causa (en el sentido Granger) el dolarblue. Pero a niveles de significación usuales, tampoco la hipótesis que el dolarblue no causa en el sentido Granger el cambio oficial puede ser refutada.

    Si la señora tuviera razón con su interpretación de los resultados en la nota 24 la probabilidad que “primero varían los precios y luego la cantidad de dinero” seria 0,0000000004% o prácticamente cero (compárese nota 13).

    No existe economista chavista aquí que sabe algo de estadística?

  3. Es necesario tener un Banco Central? (Javier Milei)
    A juzgar por los resultados en materia de inflación a lo largo de la historia, el desempeño del BCRA está muy lejos de ser aceptable. Previo a su creación en 1935, la cantidad de dinero crecía a una tasa anual del 6,1%, mientras que la inflación y el tipo de cambio lo hacían a un ritmo anual del 3,4% y 3,5% respectivamente. A su vez, en los primeros diez años de operación (cuando era mixto), la cantidad de dinero creció al 13,6% anual, mientras que la inflación y el tipo de cambio lo hicieron al 6,0% y 2,2%. Sin embargo, luego de ser estatizado en 1946, la tasa de crecimiento anual promedio de la cantidad de dinero se disparó a un nivel del 133,2%, mientras que las tasas de inflación y de devaluación treparon a niveles del 167,6% y 155,7%. Por lo tanto, a la luz de los datos uno debería preguntarse si ¿es necesario tener un Banco Central?
    La moneda es una mercancía que sirve como medio general de intercambio y por ende, su utilización penetra en todo el sistema económico. A su vez, como toda mercancía, tiene su propio mercado y su poder adquisitivo viene dado por cuatro factores: (i) la demanda y (ii) la oferta de bienes y servicios no monetarios que se cambian por dinero y (iii) la demanda y (iv) la oferta del propio dinero. Así, estos cuatro factores se combinan para determinar el poder adquisitivo del dinero. De este modo, cuanto mayor sean los precios monetarios de los bienes y servicios, menor será el poder adquisitivo del dinero.
    Alternativamente, se puede pensar que conforme aumente el monto de dinero del que dispone el individuo, ello hace que baje su utilidad, motivo por el cual procedería a cambiarlo por bienes que le brinden mayor satisfacción, con lo cual los precios de los restantes bienes tenderían a subir haciendo caer el poder adquisitivo del dinero. Por ende, cuando se incrementa la cantidad de dinero ofrecida, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que pueden obtenerse por unidad de esa moneda se reduce también. Esto es, el dinero, al igual que cualquier otro bien de la economía, cuando la oferta sube, su precio (poder adquisitivo) cae. Naturalmente, cuando aumenta (baja) la demanda de dinero, ello implica una menor (mayor) demanda del resto de bienes y servicios, por lo que al caer (subir) sus precios, el poder adquisitivo del dinero sube (cae). Por último, cuando aumenta (cae) la oferta del resto de bienes y servicios de la economía, sus precios deben caer (subir), por lo que el poder adquisitivo del dinero aumenta (cae). DÓLAR  DÓLAR BANCO NACIÓN 35,70 / 37,50  MERVAL 28.359,72  24/10/2018 ¿Es necesario tener un Banco Central? | El Cronista https://www.cronista.com/columnistas/Es-necesario-tener-un-Banco-Central-20161226-0020.html 3/13 A su vez, en función de lo anterior, resulta evidente que la cantidad de dinero dentro de la economía está dada por los deseos de los individuos y todo lo que intente hacer un Banco Central con la cantidad de dinero (ya sea manteniendo constante, reduciendo o aumentado el stock nominal) su efecto se diluirá por su impacto en precios (cambio del poder adquisitivo).
    Sin embargo, no se trata de un simple cambio del poder adquisitivo de la unidad monetaria ya que las modificaciones en la existencia de dinero no toman lugar de modo simultáneo y automático. Así, cuando se produce un aumento de la oferta monetaria, el nuevo dinero entra en algún punto concreto del sistema y luego se va difundiendo por el resto de la economía. De este modo, las personas que lo reciben primero son las que obtienen las mayores ganancias ya que sus precios de venta suben sin que hayan cambiados sus precios de compra. A su vez, aquellas que lo reciben en último término son las que más pierden ya que todos sus precios de compra han aumentado antes que sus precios de venta. Por ende, la política monetaria (al no estar decida por los individuos) no sólo impacta sobre el poder adquisitivo del dinero, sino que además produce efectos distributivos arbitrarios entre los distintos agentes de la economía, lo cual se traducirá en cambios de precios relativos y en la asignación de recursos artificiales con efectos no sólo presentes sino también futuros.
    Por lo tanto, dados los daños que causa el accionar de un Banco Central al tratar de regular la cantidad de dinero, los beneficios de su existencia son por demás cuestionables, donde a su vez, sus costos se acrecientan enormemente cuando dicha institución cae en las garras del Estado. Sin embargo, y a pesar de los beneficios de su eliminación, si no estuvieran dadas las DÓLAR  DÓLAR BANCO NACIÓN 35,70 / 37,50  MERVAL 28.359,72  24/10/2018 ¿Es necesario tener un Banco Central? | El Cronista https://www.cronista.com/columnistas/Es-necesario-tener-un-Banco-Central-20161226-0020.html 4/13 banco central reservas dólar condiciones del entorno social como para ello (puede que la sociedad no esté dispuesta a tomar un sistema de libertad monetaria plena), entonces, el mismo, debería no sólo ser totalmente independiente del poder político, sino también que su accionar debería estar enmarcado en un esquema de plena competencia de monedas, de modo tal que se minimice la posibilidad de abuso en contra de los individuos por la mera existencia de un monopolio legal en favor del Estado.

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