El desespero reloaded

El desespero

“No van bien las cosas. No van bien las cosas del común, con unos gobernantes de segunda y con una oposición de tercera. Con una clase política que no solo es incapaz de enfrentar creativamente a los problemas políticos, administrativos, sociales, culturales y de todo tipo que el país tiene planteado, sino que carece de la voluntad para hacerlo. Reseñar esto parece abundar en un lugar común. Lo que creo un raro lugar es constatar el reciente carácter general del malestar: a un pueblo abrumado por el errático gobierno, se suma ahora un gobierno aturdido por su propia incompetencia. Vale la pena, entonces, detenerse en este universal desasosiego.

Lo que el pueblo en general ha tenido y tiene que aguantar habría bastado en una comunidad más impaciente, para hacerle sobrepasar los límites de la prudencia. Aquí, sin embargo, salvo casos aislados desfasados de la voluntad mayoritaria, el común de la gente –demócrata contra viento y gobierno– está demostrando que no le tumban fácilmente su esperanza de lograr una conducción más sensata y digna para los asuntos del Estado.

De hecho, lo que este pueblo soporta cotidianamente sin perder la calma despeja cualquier duda que pudiera tenerse acerca de su capacidad de aguante. Innecesario enumerar las condiciones adversas a las que se le somete. Es visible la desproporción entre las altas posibilidades que una sabia gestión hubiera aprovechado para invertir el signo de esas condiciones, y los miserables resultados que este gobierno está ofreciendo al país. Las exigencias que la misma realidad plantea como de solución posible e inmediata, se ven respondidas por decisiones y logros que, lejos de contribuir a despejar el camino de la necesidad, nos refieren a un futuro cada vez más incierto a través de un pésimo presente.

Eso es así, tan cierto como la resistencia del pueblo a perder la fe en la posibilidad de una acción efectiva, que sepa corregir los desastres del manejo de las cuestiones públicas sin tener que recurrir a vías que traspasen los límites de la Constitución y de las buenas maneras. En el conjunto de la ideología democrática, ese es, por cierto, el aspecto que más hondas raíces tiene y más afianzado está en la conciencia ciudadana: el de la confianza en que por las vías pautadas puede darse un vuelco a una situación ingrata; que es cuestión de esperar el momento en que la garantía democrática, basada en la elección periódica, permita desprenderse de un gobierno particularmente infeliz, y asume como propia la sentencia de Kafka, que califica a la impaciencia como el pecado original del cual se derivan los demás. Para decirlo en el lenguaje de la calle, se hace evidente que este pueblo no cae en provocaciones, no cae en las provocaciones de su gobierno ni tampoco, ampliando un poco más el radio de responsabilidad, en las de la clase política en general.

No hay duda. El pueblo es paciente y confiado. Con razón o sin ella se siente dueño de los mecanismos de respuesta establecidos y confía en la capacidad de utilizarlos adecuadamente. Es empujado hasta el borde del desespero, mas no se desespera; conserva la cabeza despejada para estar atento al diseño del porvenir sin caer en provocaciones.

Pero ahora que una relativa escasez convoca a la seriedad que no se tuvo en la abundancia, ahora, cuando ocultas podredumbres salen a la luz y cuando la realidad petrolera revela que la firmeza y el piadoso paternalismo eran solo fanfarronería; ahora, en fin, que el malestar alcanza también al gobierno, hay derecho sin duda a preguntarse si este va a tener la misma capacidad de aguante frente al desespero, si va a corresponder a la lección que el pueblo ha dado.

Cabría preguntarse si, además de todos sus errores, el gobierno sería capaz, ahora, de desesperarse, impacientarse y tirar palos de ciego en un vano pero peligroso invento de disimular su propio y auténtico fracaso. Es para preocuparse. Acabamos de ver cómo el gobierno argentino embarró una reivindicación histórica porque, a la desesperada, la concibió como el pretexto para una operación de diversión.

Hablando de gobiernos desesperados, cabría esperar que al nuestro no le diese por inventar algún tipo de juego, grande o chiquito, con la misma intención de desviar la atención. Porque hasta ahora, la irreflexión ha sido cultivada sobre todo en el uso de una cuantiosa renta. Sería triste cosa, y peligrosa por cierto, que faltando el dinero la irreflexión busque nuevos espacios“.

Alfredo Maneiro. Diario de Caracas. 27 de julio de 1982. Notas políticas

***

Por: Lenin Brea

Puede llegar a ser realmente sorprendente que el texto presentado arriba parezca escrito para nuestra situación actual.

Sin embargo, para que pase la sorpresa basta observar que el escrito describe la relación entre el pueblo y su deseo de avanzar por la vía democrática, y la clase política del momento, pendiente exclusivamente de preservar sus privilegios y negocios. Entonces es posible preguntarse ¿por qué sería tan sorprendente qué existiese una continuidad e incluso una radicalización del deseo de democracia de la gente, a la par que corre desbocado el animo de lucro y poder de la clase política actual?

Más allá, es evidente que algo le falta al texto para que la coincidencia con el presente sea más plena. En nuestra situación se suma a lo que el pueblo tiene que aguantar la acción de los gobiernos foraneosy otros actores confabulados para lograr una intervención extranjera. El objeto de esta observación no es disculpar ni al gobierno ni tampoco a la oposición.

La intención de publicar el escrito y más en especifico de señalar aquello que le faltaría se enmarca en la 6ta tesis sobre el concepto de la historia de Walter Benjamin:

 “Articular históricamente el pasado no significa conocerlo ‘tal como verdaderamente fue’. Significa  apoderarse de un recuerdo tal como éste relumbra en un instante de peligro”.

Podemos así completar la idea central del texto y redefinir el peligro actual: “Sería triste cosa, y peligrosa por cierto, que faltando el dinero y agobiada por los efectos de la presión extranjera  la irreflexión busque nuevos espacios”.

Más allá queda del lector buscar, si le interesa otras coincidencias y diferencias… el ejercicio no tiene perdida, así como no la tiene leer a Maneiro.

About Lenin Brea
Sociólogo (Universidad Central de Venezuela). Tesista de la Maestría en Ciencias Sociales de la Universidad de General Sarmiento y el IDES (Argentina). Investigador, articulista y editor. Autor del folleto “Crímenes de odio y violencia incendiaria 2017”. Militante del Colectivo Alpargata Solidaria y miembro de la Universidad Popular de las Comunalidades.

4 Comentarios en El desespero reloaded

  1. Creo que el último párrafo deberia ser: “….el ejercicio no tiene pérdida, asi como NO la tiene leer a Maneiro”…..Convengo en que el texto parece escrito para la circunstancia actual……ingénuamente no creí posible que después de 1.999, volveríamos a tener un gobierno que pareciera adeco o copeyano….o que lo fuese en la práctica……

  2. Excelente Lenin. Una de las estrategias actuales de los discursos ha sido vendernos la situación actual como antiguamente novedosa en la historia nacional, pareciera que oposición y gobierno se juntan en ese coro. Un vistazo como este, permite apreciar que hay condiciones similares al pasado, muy similares en algunos casos y que es ahí junto a una mirada centrada en lo nuevo donde se pueden encontrar algunas respuestas.

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  1. ¿Cómo terminará todo esto? – 15 y Último

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