¿Cómo sobrevivir en Globalistán? (III)

Por: Lenin Brea y Miguel Antonio Guevara

La Gran Guerra

Globalistán tiene muchas formas de manifestarse, no se trata solo de su cascada incesante de imágenes y mercancías digitales y de las ya comentadas contradicciones entre su centro y periferia. Su dimensión espacial material-virtual, donde tiene lugar el selfie world, también tiene una expresión bélica y geopolítica.

A nosotros nos gusta decir: en Globalistán, Facebook, Trump y el apocalipsis zombi están hipervínculados.

Porque Globalistán también expresa lo geopolítico, al tiempo que como concepto de lo virtual-digital traspasa las geografías y llega a todas las masas muertas-vivas, es decir, conectadas y no conectadas; hordas hambrientas de likes y transparencia.

En Globalistán estos tres elementos, el geopolítico, el virtual y el social, están sumidos en una catástrofe expresada por múltiples guerras con sus respectivas guerritas frías o calientes, igualmente fluidas.

De hecho, justo en este momento se está llevando a cabo una Gran Guerra. No nos atrevemos, de momento, a darle nombre ni número de versión (si la III o IV Guerra o quizás, la II pero fría, o por qué no, la 2.5 o 3.0…) de lo que sí estamos seguros es de que se trata de uno del mas grandes y novedosos espectáculos globales ocurridos dentro de sus ambiguas fronteras.

Claro que estamos hablando de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, dos grandes expresiones de la subjetividad geopolítica globalistaní. Allí, es decir, aquí, las conflagraciones no solo tienen lugar en los battlegrounds multinacionales de los e-sports, o tienen como protagonistas a carteles xenófobos de jugadores de Runescape tratando de acaparar mercados liminares; también se dan entre sus correspondientes feudos e infraestructuras 2.0 y como siempre, los siervos de la gleba, los que pertenecemos a la horda zombi, somos los más afectados o en su defecto: simples espectadores.

La Gran Guerra está sucediendo ahora. Si no nos cree le ofrecemos un mapa virtual de los ataques cibernéticos en todo el globo. No deje de consultarlo… alucinará. Sobre todo si, aunque sea mentalmente, superpone a la representación de los toma y dame cibernéticos, la de los conflictos, más sanguinarios, del mundo no-virtual.

¿Quién cree usted que ganará? ¿vencerá el dragón rojo digital o el tigre blanco de Silicon Valley? ¿Quién se revelará gigante de papel?

Las acusaciones por espionaje y fraude contra Meng Wanzhou, vicepresidenta y heredera de Huawei, y su inmediata detención por parte de autoridades canadienses,  (a petición de las estadounidenses) fueron el casus belli espectacular de la Gran Guerra, y el clímax mayor lo estamos presenciando con el veto obediente que Google, Amazon, Facebook, Microsoft y demás siliconlandienses impusieron a los dispositivos 5G del gigante tecnológico asiático.

A nadie sorprende, cosa que en realidad es una buena noticia, que el Estado comunista chino apoye decididamente la competitividad del capitalismo chino y el reinado del libre mercado global, al tiempo que, los EE.UU., el campeón del libre comercio, recurra, al menor indicio de debilidad, al proteccionismo e incluso a una forma activa de aislacionismo.

Mas instructivo sobre cómo funciona Globalistán es que, de una parte, los chinos y los rusos la emprendan contra Microsoft y decidan abandonar Windows más de una década después de que tal cosa sucedió en un lugar llamado Venezuela, !Hic sunt dracones!

Pero, creemos necesario insistir en ello, también es ilustrativo el hecho de que la gente de Silicon Valley terminó, luego de mucho pataleo liberal-new-age, subsumiendose a los deseos de Trump.

Considerese que no es poca cosa lo que él supremacista blanco exige a los nerds multi-étnicos de Silicon Valley. Piénsese en que el capitalismo de estos últimos se funda en dos premisas que se ven obligados a abandonar o modificar.

Por un lado, de concretarse la forma más radical imaginable de guerra tecnológica- comercial,  la estrategia consustancial al negocio de la Web 2.0, basada en crecer a costa de los beneficios (growth before profit), encontraría un limite a su despliegue en las fronteras cerradas del gigantesco mercado chino.

Por el otro, esto significaría el reparto geopolítico de la inteligencia colectiva y su parcelación. ¿Cómo podría funcionar, por ejemplo, la externalización-multitudinaria (Crowdsourcing) sin un mercado global formado por trabajadores deslocalizados? ¿Qué será de ese loable negocio dedicado a la explotación 24/7 de la fuerza de trabajo global que es el Amazon Mechanical Turk? Pero ¿y los chinos? ¿qué piensa de todo esto la gente de Alibaba Group? Además, ¿qué piensan la surcoreana Samsung, las europeas Nokia y Ericsson, competidoras de Huawei, o la taiwanesa Foxconn subcontratista de todas?

Volviendo a la jugada de Trump, pues, después de todo es él quien a través de Twitter desestabiliza los timelines de la geopolítica mundial, no deja de ser relevante que la obediencia le llega justo cuando amenaza con golpear Silicon Valley con la nada despreciable Sherman Antitrust Act.

Entre tanto comienzan a aparecer, aquí y allá, noticias en que se acusa abiertamente a los seres más ricos del planeta, otrora portada de las revistas de negocios y farándula más prestigiosas, por practicar el monopolio y emplear técnicas deshonestas de recolección de datos para su propio beneficio comercial. ¿Resultará Bezos un ladrón, Zuckerberg un traidor a la patria?

¿Y si lo que buscan el supremacista, magnate y presidente estadounidense y su combo no es solo golpear o frenar a los chinos, sino meter en cintura al capitalismo 2.0 en su propio país, o para usar una imagen computacional, lograr que le abran de una vez y para siempre la puerta trasera de sus negocios y de su poder, con fines ignominiosos como no pueden dejar de serlo los policiales? ¿No quiere Trump lo mismo que dice que quieren los chinos, acceso a los datos, control de las plataformas?

Si es verdad que toda guerra invita a tomar partido –y más una como la presente en que la neutralidad es imposible puesto que no se sabe si hay guerra o paz–, ¿cuál asumir en está?, ¿cuál, si se es un globalistaní del común? ¡Acompañanos a resolverlo!

3 Comentarios en ¿Cómo sobrevivir en Globalistán? (III)

  1. BOLÍVARGRADO.

    Sería interesante una historia que relate cómo ha sido la pulverización del valor del Bolívar en sus diferentes fases a partir de sus dos últimas redenominaciones, el Bolívar Fuerte y el Bolívar Soberano, pero considerando los antecedentes que nos condujeron forzosamente a su degeneración como icono de nuestra identidad por el solo hecho de llevar el nombre de nuestro libertador, lo que en sí representa la voluntad de ser libres e independientes como valor patrio, materializada en las operaciones de intercambio comercial en nuestro día a día, siendo ello contra lo que se oponen quienes procuran muestra subordinación a los poderes fácticos que conforman el poder transnacional y por lo cual buscan destruir a Bolívar, más que como moneda, como ideología.

    Tomando como referencia las transformaciones culturales e ideológicas de las que fue objeto una conocida ciudad rusa, según cada uno de los momentos históricos por los cuales le tocó ser transitada como escenario para los acontecimientos que en ésta tuvieron lugar desde la revolución Bolchevique hasta la Perestroika; es así como en ocasión de ello, en estos nuestros espacios-tiempos en los que se ha venido tratando de banalizar a Bolívar como moneda y como ideología, osaría en denominar a cada una de las escenografías donde se suscitaron los acontecimientos que bajo un mismo suelo le marcaron el camino a la pulverización del valor de nuestra moneda de la siguiente manera:

    – Dólaresburgo.
    – Bitcoingrado.
    – Petrogrado.
    – Sancionesburgo.

    Ahora bien, tras el suscitar de los acontecimientos, en muy buena parte queda en nuestras manos preparar el camino para que los próximos escenarios, bien puedan evocar a Camboya o a Saigón o puedan inspirarse en la mítica Albanta de Luis Eduardo Aute, como su espacio imaginario de libertad tras el fin de la dictadura de Franco, que para nuestro caso sería el idealizar cómo sería el relanzamiento del Bolívar luego que cese la hegemonía del dólar.

    Solo el pueblo salva al pueblo.

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