El Último Round / Calladitas no nos vemos más bonitas

Por: Jessica Dos Santos Jardim

Hace días supe que la hija de una vecina está siendo víctima de un sinfín de maltratos por parte de su esposo porque “sin él, en medio de esta crisis tan arrecha, no tendría como sostener económicamente mi hogar, porque yo gano sueldo mínimo y quien resuelve es él, en especial los medicamentos de la niña”.

A la par, una ex compañera de trabajo anda luchando para que el papá de sus hijos le aporte una manutención mayor pues la ley estableció un porcentaje (%) de su sueldo fijo, pero sus verdaderas ganancias mensuales provienen de una informalidad que ella conoce aunque no pueda probar.

Mientras tanto, cada día son más y más las panas que han tenido que abandonar su intento de independencia económica para dedicarse de lleno a las tareas del hogar y la maternidad: no como una opción (muy válida, claro está) sino como una imposición (ya que costear el cuidado de los niños, por ejemplo, es una proeza difícil de alcanzar).

De esta forma, la situación económica va teniendo un impacto trasversal cada vez más desproporcionado y diferenciado sobre la vida de las mujeres.

Al principio fue la escasez de insumos para la higiene menstrual (toallas sanitarias, etc), le siguió el alto costo de los métodos anticonceptivos (algo que va de mal en peor), llegó el ruleteo a las embarazadas, y hoy la violencia machista (en su conjunto) es la que marca la pauta.

Al respecto, el Estado venezolano no suministra cifras oficiales desde hace mucho rato.

Lo último que supimos fue una escueta declaración del Fiscal Tareck William Saab en diciembre del año pasado (cuando nuestra presión hizo que el feminicidio de la bailarina venezolana Mayell Hernández se posicionara en la agenda mediática):

“Durante nuestra gestión ingresaron 96 causas por femicidio: fueron privados de libertad 85 presuntos responsables, se realizaron 78 imputaciones y 73 acusaciones”, nos dijo, sin que luego nada de esto se reflejara en detalle en ningún lugar.

¿Qué pasó antes? ¿Qué vino después? ¿Cuál es el estatus hoy? ¿Debemos esperar un nuevo asesinato para obtener una actualización?

Hoy para las autoridades es más fácil hablar de un Plan Nacional de Parto Humanizado (que lamentablemente no posee el alcance que quisiéramos y que han intentado mostrarnos por televisión) o de los bonos (que está bien, pero no rinden ni para los pañales).

Mientras, algunas de nosotras nos enfrascamos debatiendo si decir “nosotras” “nosotros” o “nosotres” o creemos que desmontar el concepto de amor romántico es más urgente que esta realidad que nos engulle: nos están matando, incluso a las que tienen los conceptos teóricos muy claros.

Mencionemos un solo caso: En mayo, Melissa Sidney Arcila Ruiz fue asesinada de 12 puñaladas por José Gregorio Pérez, su expareja desde hace un año (padre de sus 2 hijos).

Melissa llevaba los mismos 12 meses denunciando a su agresor, quien ya le había fracturado la nariz en dos golpizas anteriores.

¿Cuál fue el trato recibido por parte de las autoridades? Según sus familiares, desde la desatención porque “no tenemos tinta para imprimir la orden de alejamiento”, pasando por el “tienes que traer el moretón, la herida”, hasta detener y excarcelar al tipo tan solo unas horas después.

¿Entonces?

En el 2014, nosotras dimos una ardua lucha para que se tipificaran como delitos el femicidio y la inducción al suicidio y esta acción permitió empezar a visibilizar las cantidades de casos de violencia de género.

Recuerdo que los cálculos arrojaron que entre los años 2015 y 2016 cada tres días murió una mujer por estas razones. ¿Cuántas mueren hoy? Porque, no sé ustedes, pero al menos yo cada día me entero de un nuevo caso (muchos, muchísimos, con denuncias previas).

Asimismo, una revisión periodística superflua nos permite visualizar al menos 13 feminicidios en junio y una cantidad similar en julio (aunque la prensa aun hable de “crímenes pasionales”). La mayoría de estos casos  ocurre en el ámbito privado, y los responsables son la pareja o ex pareja.

Al mismo tiempo, un simple chequeo mediático (que muchos llevamos rato haciendo y denunciando) nos permite contabilizar que más de 40 venezolanas han sido asesinadas en el exterior, tras ser ingresadas a redes de trata de personas.

¿Será que tanta vista gorda intenta decirnos que ya es hora de que nos recojamos del espacio público, nos regresemos a casa, nos quedemos calladitas porque así nos vemos más bonitas o al menos nos vemos?

Hoy, a la par de tener que resolver el sinfín de problemas que acarrea la sobrevivencia cotidiana, nos toca levantar una nueva agenda de lucha, aun en medio de cualquier diferencia, para impedir que estas cosas sigan ocurriendo. Debemos reencontrarnos en la activación.

 

 

 

About Jessica Dos Santos
Licenciada en Comunicación Social (UCV). Locutora (UCV). Periodista en La Radio del SUR, Revista Épale CCS, entre otros. Autora del libro “Caracas en Alpargatas”. Profesora universitaria. Ganadora del “Premio de Periodismo Aníbal Nazoa 2014, mención impreso” y una mención especial del “Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, mención radio” en los años 2016 y 2018.

1 Comentario en El Último Round / Calladitas no nos vemos más bonitas

  1. TE ADORO Y ADMIRO POR EL RUIDO QUE HACES… CALLADITA TE VERÍAS NADA BONITA. ESTA ES LA LETRA DEL TEMA QUE NECESITAN ENTONAR LAS MUJERES TRABAJADORAS VENEZOLANAS, Y NO LOS DISCURSOS DE OCASIÓN DE UN FEMINISMO DORMIDO EN LOS REGAZOS DE LA INSTITUCIONALIDAD DE UN ESTADO TAMBALEANTE Y BURGUÉS

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