Dilemas del «nuevo» Petro, escenario presente y posibles futuros

Por: Luis Salas Rodríguez

“Carlos” es prestamista. Muchas de las cosas que tiene las ha logrado con ese negocio. Nunca presta grandes cantidades. Y aunque cobra un interés bastante alto, suele ser más bajo que el exigido por otros. No le ha ido nada mal. Pero desde hace un par de meses le dio un giro radical a su negocio:

No dejó de ser prestamista. Pero lo que ya no hace es prestar bolívares. Ahora presta dólares, siguiendo el mismo criterio: nunca grandes cantidades y con tasas de interés “atractivas” dentro del estándar usurero.

¿A quienes le presta? Pues a gente muy variada: desde peluqueras hasta odontólogos. Pero también a personas con urgencias especiales, por lo general de salud.

En el caso de los primeros, se trata de profesionales que deben adquirir insumos importados, muchos de los cuales ya no son traídos por sus proveedores o los traen cobrando directamente en dólares, bien sea tintes de cabello o prótesis dentales. Optan entonces por proveerse ellos mismo. O en todo caso, se ven forzados a conseguir las divisas. Hace rato que en el terreno de la importación de estos insumos ya casi no se aceptan bolívares, sea al cambio que sea.

En cuanto a los pacientes o familiares de personas enfermas, la situación es la misma: desde tratamientos de conducto hasta quimioterapias, se cobran directamente en dólares. Y esta lista incluye hasta consultas, que pueden variar entre 8 y 20 dólares dependiendo del sitio, el caso, etc. Una ronda de quimioterapia anda por los 7 mil dólares. No sirve pagarlas en bolívares sino en dólares. Y preferiblemente en efectivo.

De allí en adelante, son cada vez más las transacciones que se están haciendo en dólares u otras monedas. Ya no solo pasa en el mercado inmobiliario o automotriz.

Recientemente, una periodista de Telesur denunció el caso de los pasajes de avión, cuyos precios están dolarizados. Pero no dolarizados en el sentido que se cobren a una suerte de “tasa internacional» pero en moneda nacional: se cobran directamente en dólares u otras monedas, independiente si el viajes es para Nueva York o Maturín. Las aerolíneas cada vez aceptan menos bolívares. Pero igual pasa con proveedores de repuestos de vehículos, artefactos electrónicos, teléfonos celulares, instrumentos musicales y artículos deportivos, entre otros.

En días pasados, en el tuiter de 15 y último se hizo una encuesta al respecto. Se reportaron diversos casos, pero destacó el de los condominios, tanto para pagos especiales como ordinarios. Y es que para arreglar un ascensor o una bomba de agua al parecer los bolívares ya no sirven o sirven cada vez menos.

Y es aquí cuando se comprende el giro en el negocio de “Carlos”.

¿Qué está pasando?

Lo que viene ocurriendo es la profundización de una tendencia observada al menos desde 2014: la desbolivarización de hecho de la economía. Se trata de un fenómeno que no es total pero es cada vez menos parcial, en la medida en que va descendiendo desde los mercados de mayor lujo hasta los más cotidianos. Y que paradójicamente, parece avanzar con más fuerza en tiempos de la reconversión monetaria y el bolívar “soberano”.

Pero no solo está pasando con la huida desde el bolívar hacia los dólares. En el estado Táchira, se da  hacia el peso colombiano. Como en la zona sur de Bolívar hacia el real brasileño, siendo inclusive que en este caso el tipo de cambio paralelo se fija en reales ante que en dólares (ver acá y acá).

Adicionalmente, aunque en el agregado no tenga mucha importancia, cada vez es más notoria la penetración de las criptomonedas. Según un informe reciente, el bitcoin alcanzó niveles récord  de transacciones en el país. Mientras que la criptomoneda dash afirma que Venezuela es su principal mercado emergente.

Por eso es que no hablamos de dolarización, si bien es verdad que esta situación puede terminar conduciendo hacia allá. Hablamos de desbolivarización porque la tendencia, más que ir al dólar, es a huir del bolívar o a deshacerse de los bolívares, buscando refugios en otros monedas –reales o virtuales- o cualquier otro bien que no se deprecie tan velozmente.

¿Cuáles son las causas de este fenómeno?

A nuestro modo de ver, son fundamentalmente cuatro:

  1. La depreciación acelerada del bolívar. De las tres funciones básicas de toda moneda, el bolívar ha perdido su cualidad como reserva de valor y unidad de cuenta. Solo conserva, y cada vez menos, su cualidad como medio de pago. La pérdida de su cualidad como reserva de valor, lo atestigua el hecho de que la gente prefiere salir de él apenas llega a sus manos, así sea gastándolo en cualquier cosa, pues conservarlo no tiene sentido ya que día a día pierde valor de compra. Es una consecuencia lógica de la hiperinflación. La llegada del bolívar soberano alteró esa tendencia. Pero la velocidad que adquirió la suba de precios la ha retomado. Por otra parte, y no menos importante, los llamados del propio gobierno a ahorrar en cualquier otra cosa que no sean bolívares (en oro, y ahora en petros, o cualquier otra criptomoneda), refuerza esta tendencia: es un reconocimiento implícito de la pérdida acelerada de su valor. De paso, la gente cuenta cada vez menos en bolívares y prácticamente nada en petros: a la hora de calcular opta por hacerlo en dólares. Esta moneda está actuando como la unidad de cuenta realmente existente.
  2. En segundo lugar, la escasez de divisas en medio de un país tan altamente dependiente de las importaciones, ha terminado por acelerar su búsqueda colectiva. Sobre todo porque ya se anunció que la fuente principal de las mismas –el Estado- no seguirá proveyéndolas. Y las que provee el sector privado son a cuenta gotas. Se celebra la decisión del Estado de no entregarle “ni un dólar más” al sector privado. Sin embargo, tal vez se ha subestimado el efecto astringente y por tanto contractivo que esto tiene sobre la economía nacional, altamente dependiente como dijimos de las importaciones y sin expectativas reales en el corto plazo de su sustitución. En tal sentido, si bien es verdad que el DICOM ha aumentado sus niveles de asignación (más o menos el 50% de lo que se ha tranzado por esa vía en 2018 corresponde al mes de septiembre), también lo es que muchos comerciantes y empresarios para hacerse de divisas opta por cobrar directamente en ellas y no en bolívares.
  3. Esto último hace que cada vez más sean las personas comunes y corrientes quienes hagan lo mismo,es decir, busquen dólares. Bien porque tengan alguna contingencia o se encuentran ante un pago que forzosamente deben hacerlo en divisas, o bien porque así sea intuitivamente entienden que es la tendencia general. A este respecto, incluso siendo cierto que el dólar también ha venido perdiendo su poder de compra dada la hiperinflación (en la actualidad, con un dólar se compra la mitad de lo que se compraba hace seis meses atrás), de todas las opciones del mercado sigue siendo la más atractiva para ahorrar junto a adelantar los pagos o comprar por adelantado. En resumen: tanto para gastarlo como para ahorrar, la tendencia es a deshacerse de los bolívares.
  4. A lo anterior habría que agregar otras razones más obvias, como la fuga de capitales y aquellos que buscan divisas para emigrar.

¿Podrá el petro revertir esta tendencia?

El gobierno nacional pareciera procurar por diversas vías revertir esta tendencia.

En primer lugar, lanzó una reconversión monetaria, redenominando la moneda y haciendo una fuerte inyección de efectivo, el cual prácticamente había desaparecido de circulación.

Por otro lado, “ancló” al bolívar soberano al Petro, lo que en teoría vendría a evitar su manipulación cambiaria. Adicionalmente, sacó nuevas modalidades de ahorro, como los ya famosos “lingoticos”. Y ahora, ha relanzado el petro.

El tema es saber hasta qué punto estas medidas evitarán la desbolivarización de la economía. El caso, por ejemplo, del anclaje del soberano al petro todavía está por verse cómo funciona más allá del decreto. Y en términos reales, es evidente que el petro no está funcionando como unidad de cuenta, por ejemplo: en los comercios no se observa la publicación de los precios en petros, como se supone debe ocurrir.

En cuanto a lo lingoticos, la cuestión pasa en principio por dos cosas. La primera es si en términos agregados –es decir, numéricamente importantes- la gente común y corriente tiene suficientes ahorros como para adquirirlos. Y la segunda, hasta qué punto es rentable hacerlo. Pues si bien es verdad que siempre será seductor ahorrar en oro, también lo es que dadas las condiciones actuales de la economía nacional y las asignadas a la modalidad de los lingoticos, no luce muy atractivo hacerlo.

Veámoslo con un ejemplo:

Si en estos momentos usted compra un certificado de 1,5 gramos a BsS 3.502 (precio base fijado por el BCV), unos 56 dólares al tipo de cambio oficial actual, y transcurrido un año el precio del oro sube 10%, entonces su inversión pasó a valer unos 62 dólares.

Así las cosas, para que dicho incremento realmente sea una ganancia, debe ocurrir lo siguiente: que el gobierno devalúe el bolívar a la misma velocidad que sube el precio del oro, pero además y sobre todo, que la inflación en ese lapso sea menor al rendimiento obtenido. Y es poco probable que esto último ocurra. Y si para hacer rentable el ahorro en lingoticos la condición es devaluar el bolívar, entonces no parece tener mucho sentido en cuanto a los fines manifestados de fortalecer la moneda e ingreso familiar en bolívares.

Algo similar pasa con la modalidad de ahorro incluido en el nuevo libro blanco de el petro. No se habló de ella en la transmisión de relanzamiento del “criptoinvento”, como lo denominó el presidente. Pero es interesante. Se llama Stakin. Y consiste en premios que se reciben a efectos de comprar petros e inmovilizarlos en el wallet (billetera).

Aquí el detalle, además de si la rentabilidad del criptoactivo es lo suficientemente atractiva en comparación con otros, es que según se entiende dicha recompensa es igualmente petros, lo que es tautológico: para funcionar tiene que funcionar el petro como un todo. Ahora bien, supongamos que si lo hace y se logra el objetivo: ¿no constituye ese otro incentivo para abandonar el bolívar? Lo que nos lleva a nuestro último punto.

¿Acelera el petro las desbolivarización de la economía?

En el relanzamiento del Petro, se volvió a hablar del mismo como «moneda nacional”.

De hecho, está claramente establecido su uso para pagos dentro del territorio nacional en transacciones hechas dentro del territorio nacional.

Esto supone la coexistencia de dos monedas de curso legal en el país: el bolívar soberano y el petro, que deja de ser solo unidad de cuenta para convertirse en otra moneda, no solo para el comercio exterior sino el interior.

Como es ampliamente sabido, esto choca contra lo establecido en la Constitución vigente, dentro de la cual solo se acepta el bolívar como moneda de curso legal. Suponemos que esto es lo que se pretende solventar con lo de la “ley constitucional” por enviarse a la ANC.

Ahora, más allá de si es legal o no, el tema en el fondo es qué sentido tiene utilizar dos monedas de curso legal, y si se está conscientes de las distorsiones aún mayores que le puede traer esto al país.

En este sentido, y ya para terminar, tal y como se ha dicho en anteriores oportunidades, existe un viejo principio según el cual, cuando en dos economías circulan dos monedas, la tendencia es que la más fuerte desplace a la más débil.

En tal virtud, lo que habíamos visto hasta el sol de hoy es que en la medida en que se fue impulsando la dolarización de hecho de la economía –que quiso hacerse de derecho en las elecciones de mayo pasado-, el bolívar ha venido perdiendo espacios frente a la moneda estadounidense, que no de gratis se presenta en la actualidad como nuestro principal enemigo.

Ahora, todo indica que el plan de “el nuevo tiempo monetario” no del todo manifiesto pero que se deja leer entrelíneas, es que el petro ocupe el lugar del dólar, pero por esa vía también que reemplace al bolívar.

Podemos discutir a este respecto si eso es deseable o no.

Particularmente, pienso que el poder simbólico de el bolívar es muy fuerte como para desecharlo, por más ataques que haya recibido, y que sería más virtuoso conservarlo.

Pero más allá de ello que puede ser una apreciación subjetiva, lo cierto es que para que el petro ocupe el lugar del bolívar, pero a su vez se plantee como alternativa al dólar, debe contar con varias cualidades para las cuales solo decretarlas no basta, siendo una de ellas su liquidez y aceptabilidad.

Desde luego, pasa que el Estado siempre podrá crear mecanismos que obliguen a utilizar el petro, tanto para pagos nacionales como internacionales. La pregunta es si eso será suficiente, habida cuenta que se trata de un medio de pago que nace con el plomo en el ala de las sanciones del Departamento del Tesoro norteamericano, amenazando a quienes la usen.

Pero además, está ocurriendo que en todo este esquema de el petro también se esta colando la posibilidad de intercambiar con otras criptomonedas. De tal suerte, además de competir con el dólar (con todo lo que esto implica) el petro debe hacerlo con las otras criptomonedas, en un marco general de libre convertibilidad y al parecer de libre circulación.

Por decir lo menos, suena contradictorio. Y puede que nos encontremos ante un caso de cachicamo trabajando para lapa, con todas las implicaciones política y económicas que conlleva. No tiene por qué ocurrir. Pero tampoco tiene por que no ocurrir lo contrario especialmente si no es conscientes de los riesgos que conlleva la alquimia monetaria.