Dinero inorgánico e hiperinflación: una mentira repetida mil veces…

Por: Pasqualina Curcio

Es un invento de los neoliberales. El dinero inorgánico no existe. Cuentan los monetaristas que es la causa de la inflación, que cuando el Estado imprime dinero no “respaldado en la producción” para cubrir su déficit fiscal incrementan los precios.

La masa monetaria es un indicador que permite medir el porcentaje de dinero que circula en la economía (liquidez monetaria) con respecto a los niveles de producción (producto interno bruto).

Según datos del Banco Mundial, la masa monetaria de EEUU para el 2017 fue 90,28%, la de Rusia 59,39%, la de China 202,60%, Suiza 189,99%, Brasil 99,8%, Japón 242%. En cambio, la de Venezuela, para el mismo año, fue de apenas 20%. Pero además ha disminuido: el 2014 era 66%, el 2015, 50%, el 2016, 42%. Hoy, esa masa monetaria no llega al 6%.

Interesante sería conocer la explicación de los monetaristas ante esta realidad, nos referimos especialmente al hecho de que la masa monetaria de EEUU, China y Rusia es superior a la de Venezuela, pero sus niveles de inflación no superan los dos dígitos. Mientras que en nuestro país, desde el año 2013 hemos registrado una escalada de los precios observándose niveles hiperinflacionarios los últimos meses, acompañada de una caída de la masa monetaria.

¿Será que no es la liquidez monetaria la causa de la hiperinflación en Venezuela tal como afirman los seguidores de la teoría cuantitativa del dinero?

Insistimos en que la causa determinante de la hiperinflación en Venezuela no es el aumento de la cantidad de dinero, es la manipulación política y criminal del tipo de cambio.

En hiperinflación, aquí, en China, Rusia o EEUU, siempre los presupuestos fiscales de gastos serán insuficientes. Cuando éstos se elaboran se estiman los niveles de salario, inversión y gasto suponiendo un nivel de precios para el año siguiente. Si la inflación supera las estimaciones, ese presupuesto que estaba programado para los 12 meses del año no alcanzará ni siquiera los primeros 3.

En este tipo de situaciones, dos opciones están planteadas para los gobiernos:

1) garantizar el “equilibrio” fiscal y no incurrir en déficit lo que implicará cerrar las escuelas y los hospitales a partir del segundo trimestre del año y seguir pagando, a partir de marzo, los mismos salarios y pensiones de enero, aunque éstos estén pulverizados por la hiperinflación, escenario en el cual no será necesario ampliar la cantidad de dinero logrando un “equilibrio” monetario

2) establecer como prioridad el buen vivir de la población garantizándole similares niveles de consumo de bienes y servicios, para lo cual es necesario mantener las escuelas y hospitales abiertos durante todo el año y ajustar los salarios y pensiones en función de los aumentos de precios, este escenario implicará un déficit fiscal, que necesariamente, en el marco de una hiperinflación inducida, solo puede cubrirse expandiendo la cantidad de dinero.

Mientras en la primera opción se da prioridad a los “equilibrios” económicos sacrificando los sociales, en la segunda la población está de primera en la lista de prioridades.

En revolución no debe existir dudas de cuál es la prioridad.

Establecer topes a las tablas salariales, achatarlas y en un ejercicio de planificación mantener literalmente anclados los salarios con el objetivo de garantizar el “equilibrio” fiscal para evitar imprimir dinero “inorgánico” constituye un grave peligro para la revolución. No solo no detendrá la hiperinflación, porque ni el aumento de los salarios, ni la emisión de dinero son las causas determinantes de los aumentos de precios, sino que contribuirá al objetivo del enemigo debilitando a los verdaderos soldados de esta guerra económica, la clase obrera revolucionaria.

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