Esta semana se dieron nuevos anuncios con respecto al Petro. Tal vez el más llamativo es que quienes los adquieran entre el 05 de noviembre y el 31 de diciembre, podrán convertirlos inmediatamente a otras criotomonedas y divisas, incluyendo dólares y euros.

Se dijo entre otras cosas que se podían utilizar entonces para adquirir electrodomésticos de audio y video por internet. O para viajar, por ejemplo a Estambul, capital de Turquía.

No quedaron claros los mecanismos para hacer efectivo todo esto, suponemos que en los próximos días se especificarán.

Ahora, llama la atención de los anuncios varias cosas:

En lo inmediato, que se utiliza como gancho para la promoción de los petros su inmediata convertibilidad a otras monedas y criptomonedas. Y esto es un detalle. Pues entonces no es una moneda ni una criptomoneda en sentido estricto, sino una suerte de cripto-título que se adquiere como requisito para acceder a otras monedas en una suerte de DICOM paralelo más expedito, como en un tiempo fueron las notas estructuradas o el SITME.

Pero, además, con este punto pasa otra cosa: y es que esa inmediata convertibilidad depende de que exista una contraparte que desee cambiar sus monedas y/0 criptomonedas por petros. Imaginamos que esa contraparte serán otros privados, pues si el caso es que el Estado va a dar divisas para que luego sean cambiadas por petros a particulares, estaremos ante un caso de bicicleta financiera clásico pero además incomprensible. Pues si se supone que buena parte de nuestros problemas vienen del no acceso a divisas, ¿cómo es que las pocas que tenemos se van a destinar para que «la gente» compre equipos de audio o viaje en navidad? ¿No hay otras prioridades, como alimentos y medicinas? ¿No sería más provechoso utilizarlas para inversión productiva, recuperar PDVSA, estabilizar el sistema eléctrico nacional, mejorar el suministro de agua, etc?

Es que incluso sea el caso que la operación se de entre privados tampoco tendría sentido, pues las urgencias actuales indican que la política debe ir dirigida a la inversión y captación interna de recursos, no a levantar una criptoingeniería financiera para que salgan más rápido.

Por último, pero no menos importante, tenemos la gente a la cual va dirigida esta política, es decir, el precio de desigualdad impuesto. Se dijo de hecho que el acceso y topes de la política dependen de la capacidad de ingreso de las personas. Pues bien, aquí es donde entra el precio de la desigualdad. Para decirlo rapidito, un precio de desigualdad es justamente aquel que impone una jerarquía de participación en una actividad o política que de entrada se supone es de acceso universal. Y ese precio de desigualdad está determinado fundamentalmente por el nivel de ingreso.

Por caso: en el mercado de divisas «libre» que existía en los años 90 en nuestro país, desde el punto de vista formal cualquier mortal podía ir a una casa de cambio y obtener divisas, pues no había ninguna restricción legal que se lo impidiera. Pero es que en realidad no hacía falta: pues la restricción era económica. Lo que determinaba que unos fueran y otros no era la desigualdad en los niveles de ingreso, por lo cual los asalariados comunes y corrientes ni siquiera se molestaban en ir al menos fuese un caso excepcional.

De tal suerte, en un contexto donde está visto que a las grandes mayorías nacionales sus ingresos salariales no les alcanzan para comprarse un petro o un lingotico, ni siquiera juntando sus aguinaldos ya que estos los usaran para su consumo más inmediato y urgente, debemos tener claro entonces que esta es una política dirigida a la minoría que todavía cuenta con ingresos suficientes. Y, además, en vez de ponerlos a gastar sus ingresos en inversiones productivas a lo interno, se le están dando facilidades para que los pongan a buen resguardo o los depositen fuera, utilizando para ello al petro, que se supone es la moneda sobre la cual además está anclada el Bolívar Soberano.

Son cosas que no se entienden muy bien y que merecen ser explicadas, porque lo poquito que se entiende nos retrotrae a épocas de las cuales se dijo en buena medida nos trajeron a la situación actual.

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