El Plan (saqueo al) País

Por: Equipo 15 y Último

El término Procónsul lo inventaron los romanos: en la época del Imperium  fungía de representante del poder imperial metropolitano en la provincia, que literalmente significa territorio conquistado y subordinado.

A lo largo de los siglos, sin embargo, la figura se mantuvo, por lo general con otros nombres pero siempre cumpliendo la misma función.

La última figura de procónsul usada para la subordinación y administración de un territorio conquistado fue la de los Estados Unidos en Irak durante 2003-2004, cuando se nombró a Paul Bremer como Director de la Reconstrucción y Asistencia Humanitaria, y de hecho, Primer Ministro del Gobierno de Transición, posterior al derrocamiento de Sadam Husein.

Lo de procónsul, dicho sea de paso, no es una exageración o invento nuestro: era la manera que la propia prensa occidental proinvasión de Irak solía usar para referirse a Bremer. 

La labor de Bremer en Irak es ampliamente conocida. Formalmente se encargó de “dirigir la transición a la democracia”. Sin embargo, en la práctica fue el encargado de la guerra sucia de persecución contra los iraquíes de las más diversas tendencias, incluyendo muchos circunstancialmente aliados con los Estados Unidos en contra de Husein (como fue el caso de las facciones yihadistas, luego transformadas en el Estado Islámico).

Pero demás, y sobre todo, estuvo al frente de los procesos de licitación y confiscación de los bienes iraquíes, desde el petróleo hasta las reservas internacionales pasando por patrimonio arqueológico, bajo la excusa de ser usados para la reconstrucción de un Irak arruinado por años de sanciones económicas y luego devastado por la invasión, destrucciones que, paradojicamente, fueron responsabilidad directa de los Estados Unidos.

Justo por este triple rol de caudillo militar, encargado político y hombre de negocios, a Bremer era común verlo por las calles de Bagdad en traje, con corbata, maletín y lentes negros pero en botas de campaña, custodiado por militares y paramilitares fuertemente armados.

Al término de su mandato, Bremer dejó un Irak saqueado y destruido, segmentado en facciones armadas, con la tortura como práctica generalizada y los conflictos territoriales y confesionales resolviéndose a los tiros. La pobreza nunca fue tanta en Irak como a partir de entonces. La corrupción tampoco.

Sobre el propio procónsul cayeron acusaciones de enriquecimiento a través del desvío de fondos para la “reconstrucción” iraquí hacia sus bolsillos y los del clan Bush, casos todos también ampliamente reseñados por la prensa internacional. 

¿El procónsul venezolano?

Quince años después del último proconsulato conocido, otro gobierno norteamericano busca revivir la figura aunque no en el Oriente Medio sino en Latinoamérica. Pero además, con otra importante salvedad: al menos Bremer puede decir a su favor que no era iraquí sino norteamericano, por lo que al despedazar y saquear Irak servía a los intereses de su país.

Pero en el caso actual se recurre directamente a un nativo auto-proclamado “presidente”, promotor visible de una invasión militar contra su propio país (como lo reconoció abiertamente en una entrevista para CNN) y hasta partidario abierto de una guerra civil (como lo dejó claro en su más reciente intervención pública en la ciudad de Caracas).

En este sentido, Juan “Guiado” (John Bolton dixit) recuerda, más que a Bremer, a los jefes tribales que a cambio de servidumbre le ahorraban a la metrópolis el trabajo sucio contra sus connacionales.

Fotos de las marchas de la oposición el sábado 2 de febrero

Un gobierno de emergencia humanitaria es un gobierno de ocupación

El guaidonato ha sido impuesto en los siguientes términos: o el presidente Nicolás Maduro entrega la presidencia, o saldrá de ella intervención militar internacional mediante. Desde este punto de vista, la amenaza plantea la condición para su no cumplimiento: si los venezolanos y venezolanas, civiles y militares, no quieren ser invadidos, deben rebelarse contra el gobierno, obligarlo a renunciar. Así las cosas, las alternativas son: o se va el gobierno o hay invasión.

Ahora, lo primero que hay que tener presente aquí, más allá de lo obvio (cualquier alternativa que se le plantea a un país en esos términos es antidemocrática por definición) es que la hipotética renuncia del presidente Maduro o el derrocamiento de su gobierno, no es la alternativa a la intervención: es la intervención misma materializada. Y no solo por la pública, notoria y comunicacional voz cantante del gobierno norteamericano al respecto, así como por el patético papel de segundones que hacen los criollos que le hacen el juego, sino porque en los términos jurídico-políticos planteados de una emergencia humanitaria que ameritaría una “ayuda” ídem, tal declaración equivale a una suspensión de la soberanía en favor de una autoridad de internacional de tipo policial.

Dicho en otros términos: la emergencia humanitaria equivale a declarar que los venezolanos y las venezolanas somos impotentes para gobernarnos, dado lo cual otro tiene que cumplir este rol. Desde luego, cualquiera dirá que ese otro aquí si es un venezolano: el diputado Guaidó y sus cómplices. Pero es claro que se trata de un gobierno con mando a distancia, de un “gobierno” que por definición no puede gobernar si no ejecutar y administrar las órdenes que le vienen de fuera.

Claro que aquí también algún jurista podrá contradecir que la declaración de una situación de emergencia humanitaria tiene grados y no necesariamente hay que llegar al extremo de suspender el derecho que tiene un pueblo para darse sus gobernantes.

Pero se trata de un argumento de poco fiar. En particular, porque las actuaciones de la Asamblea Nacional se han concentrado y concentran en remarcar el status de emergencia humanitaria en ámbitos sensibles de la vida nacional. Además, han hecho hasta lo imposible por extender este estatus fuera de nuestras fronteras, al punto de llegar al extremo de declarar a los emigrantes venezolanos un peligro, una «enfermedad» para los países vecinos (lo que sin duda ha servido para avivar la xenofobia contra los venezolanos y venezolanas en el extranjero), promoviendo y aplaudiendo  las condiciones cada vez más excepcionales de ingreso y permanencia que han sido impuestas por diversos países a la emigración venezolana.

Por otra parte, diversas experiencias históricas muestran que las emergencias humanitarias no solo implican la existencia de gobiernos tutelados, que no pueden decidir nada por sí mismos, sino también la intervención militar. El gobierno de Bolsonaro ya ha declarado su beneplácito para capitanear una fuerza de cascos azules en él país bajo el modelo de la aplicada en Haití.

De hecho, la situación geopolítica de Venezuela –flanqueada por dos gobiernos abiertamente favorables a una intervención humanitaria (Bolsonaro/Duque) y por un tercero (Guyana), cuya incierta situación política aunada a los intereses británicos allí en juego, prefigura una pronta toma de posición en el conflicto semejante a los anteriores– hace posible pensar en un tutelaje temporal conjunto de los territorios contiguos a cada vecino «humanitario».

Así pues, bajo este escenario, está claro que el gobierno de Colombia se encargaría de la “restauración del orden” y el control sobre y desde nuestra frontera occidental y sur occidental; el gobierno fascista de Brasil desde la sur oriental, mientras Guyana (es decir, la Exxon Mobil e Inglaterra) y cualquiera de las islas del Caribe neo-colonias podrían servir de cabeza de playa para una intervención masiva del Comando Sur u otras fuerzas.

De hecho, de los anuncios hechos esta sábado 02 de febrero por el diputado proconsular sobre la entrada forzada de ayuda humanitaria eso es exactamente lo que se concluye.

Y no menos importante a este respecto: una intervención humanitaria tiene la particularidad de otorgar a los ocupantes potestad para intervenir en situaciones donde es presumible existan múltiples demandas políticas de todo tipo, desde aquellas que se pueden calificar como meramente reinvindicativas (salud, educación, servicios, justicia, etc.) hasta aquellas que atañen a las relaciones entre gobernados y gobernantes. Lo que esto significa en cristiano es que no serían fuerzas no-beligerantes, por lo que ejercerían poder de fuego si así lo consideran. Es exactamente lo que han hecho en otras partes. Y es de hecho lo que influencers de la oposición exigen abiertamente se haga: que actúen como ejercito de ocupación y persecución en el país. 

INEVITABLE YA

1) Intervención militar extranjera, control del territorio y del poder. 2) Guerra civil contra colectivos, pranes, paramilitares y guerrilla.3) Restablecimiento del Estado (FAN, Policía y Sistema de Justicia). 4) Sistema de identidad y electoral.

5) Elecciones