Socialismo Unplugged

Por: Alexander Riera

Al principio era el verbo. Con esta frase comienza la narrativa a cerca de la vida y obra de Jesús en el Evangelio según San Juan; lo que en sí mismo, más que describir cómo sucedieron y se concatenaron toda una serie de eventos previos que terminaron llevándoles hasta los días que les tocó protagonizar, los cuales sin duda marcaron un antes y un después en el devenir de la historia; más que ello, nos dejan como enseñanza que nada ocurre por obra de la casualidad, donde el verbo es solo un sistema de códigos que nos permiten darle forma a una realidad siempre que éste la exprese de la manera adecuada para que se corresponda con la misma.

En tal sentido, antes de entrar a describir ciertas situaciones de orden sistémico para contextualizar las circunstancias que en tiempo y espacio envuelven a nuestro socialismo, es necesario comprender algunas precisiones en cuanto a la selección del verbo adecuado para abordar el tema en perspectiva desde los distintos ángulos, de modo que nos permitan ampliar el espectro para encontrar la mejor interpretación de la realidad que se intenta materializar.

El Verbo, la Acción y los Resultados.

En esa compleja pero perfectamente articulada dinámica universal de transformación de materia en energía y viceversa, se encuentra intrínseco un elemento clave que proporciona el orden lógico para que todo lo que haya de ocurrir ocurra de acuerdo a lo que se le suele llamar inercia natural, que según los principios de acción y reacción son los que determinan el curso de tales acontecimientos relacionados entre sí como causa y efecto. Ese elemento clave es: la información.

Así bien, cuando el apóstol Juan abre sus escritos aludiendo al verbo, puede interpretarse que se está refiriendo específicamente a la información que le dio forma a las acciones que desde la génesis se materializaron y determinaron los hechos concretos que aborda en su mensaje y hacia donde los mismos habrán de conducir a la humanidad, de acuerdo a su interpretación filosófica y espiritual de la realidad, en medio de las circunstancias que le tocó vivir y según su propia cosmovisión.

De esta manera, cabe entonces hacerse una precisión generalizada para referirse a cualquier definición sistémica de todos los acontecimientos que se suscitan en el universo y es que en los mismos se encuentran presentes y en perfecta armonía tres elementos: la materia, la energía y la información.

Este supuesto, claro está, incluye a los procesos sociales donde su principal artífice es el hombre y su limitada capacidad para procesar la información en torno a los mismos en su verdadero contexto y que por tanto, exige considerar todo lo que ello representa al quererse unificar criterios o por lo menos cuando se pretende alcanzar un punto de equilibrio, en el entendido de que todos quienes interactuamos con nuestros semejantes pensamos diferente, sentimos diferente y en esencia somos diferentes, he ahí el asunto.

De todo lo que antecede, la necesidad de encontrar el verbo adecuado para compartir e intercambiar información relacionada con los aspectos sociales de la vida cotidiana y la forma como pueden ser canalizados para el logro del bien común en términos del necesario equilibrio, donde como tal confluyen los precedentes, las circunstancias y el porvenir; pero bien diferenciados y bien definidos en su justa dimensión y en el que se hace menester el saber distinguir entre lo que es y lo que no es.

Hablando de nuestro socialismo.

La manipulación de la palabra no es exclusiva de un solo sector, porque donde pueda tener cabida la deformación de la realidad de seguro que los factores perturbadores siempre estarán haciendo su función. Precisamente, en cuanto al socialismo, nos encontramos que se pretende practicar, pero lo menos que hacen es considerar a los pueblos para los cuales se deben sus líderes.

En sus discursos mucho se habla de democracia, participativa y protagónica y casi con la misma entonación con la que los otros pronuncian el acento en la letra “d” de la palabra “libertad”. Sin embargo, en medio de la conflictividad política y la coyuntura que genera la disputa por el poder, en ninguna de sus acciones se ven impulsados procesos estructurales de transformación destinados a satisfacer las demandas reivindicativas del proletariado y las bases de sus fuerzas productivas, que a la postre solo terminan siendo utilizados para generar riquezas exclusivamente para quienes acumulan capital y no para su bienestar, al menos en su adecuada proporción.

¿Qué el hacer socialismo en la práctica pueda significar un cambio radical de paradigmas o que pueda llevarnos a echar a un lado el conocimiento formal y obligarnos a desarrollar nuestro propio conocimiento para darle forma sistemática? Pues hagámoslo, para eso estamos al frente de una revolución. Ahora, si pretendemos reeditar o reformar recetas muy al estilo del viejo orden cuartorrepublicano, que se vendían con pautas publicitarias como aquellas que cerraban con el slogan: “Porque ahora Venezuela es otra”, o que se edulcoraban con frases acuñadas por la clase política de entonces como aquella de: “Esamos mal, pero vamos bien”; no valdría la pena ni siquiera querernos convencer de que también hemos arado en el mar, porque siendo así, ya ni arando estaríamos, a duras penas sobreviviríamos en medio de un naufragio.

¿Qué otro modo es posible? Claro que es posible, si se ha logrado hacerle frente al imperio más poderoso del planeta en su feroz arremetida contra nuestro pueblo, tratando de dejarnos sin energía eléctrica, sin alimentos, sin medicamentos, bloqueándonos nuestras cuentas, despojándonos de nuestros activos y poniendo a los gobiernos lacayos de otros países en contra nuestra; mal pudiera entonces alguien pretender justificar que no hay forma de acabar con los carteles oligopólicos y las mafias organizadas que desde adentro someten al pueblo, imponiendo de forma fáctica sus prácticas neoliberales con las que se apoderan del fruto de su trabajo y empobrecen a nuestra nación, al tiempo que ellos se hacen cada vez más ricos.

¿Qué todo ello supone revisar y reestructurar las metas? Pues precisamente de eso se trata; ya que mal se haría, por ejemplo, con vanagloriarse de que se ha derrotado el “Control de Cambio” (¿cuál, alguna vez existió tal control?), cuando la recuperación de la economía aún sigue dependiendo de que se logren incrementar los ingresos en divisas provenientes de la renta petrolera. Entonces, ¿Qué de distinto se hace?

Mal pudiera también alguien sentirse realizado porque académicamente se ha logrado detener la hiperinflación, aun a sabiendas de que es a expensas del shock de precios, de la pauperización salarial y de las miserias del pueblo. Bajo esta realidad, en lugar de medir y tratar de contener la inflación, por qué no considerar que el parámetro a medir y controlar sea el “poder adquisitivo” del venezolano y con ello garantizarle a través de fórmulas novedosas que reciba la justa retribución por su trabajo y que esta no se vea afectada por la manipulación inducida de la depreciación de la moneda, aplicando principios simbióticos de ganar-ganar, por demás factibles. Amén de que eso de decirse ser de izquierda, pregonar el socialismo y no luchar por salarios dignos para sus pueblos, sin lugar a dudas que constituye un contrasentido.

Anclaje e indexación salarial

En línea con lo anterior, vale retomar la propuesta del Presidente Nicolás Maduro en su Plan de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica que lanzara el pasado 20 de agosto de 2018, donde con visión estratégica estructuró los esquemas salariales para que estuvieran blindados a través del Petro, de manera que fluctuaran de acuerdo a como se comporte la dinámica del mercado petrolero y la actividad cambiaria.

Según esta lógica, la actividad cambiaria necesariamente tiene que ser unificada con la del llamado “libre mercado”, como en efecto ocurrió y esto precisamente para recuperar la gobernabilidad en cuanto a este último aspecto, pero que en un principio no estuvo del todo clara en cuanto a sus formas.

Sin embargo y en virtud de lo anterior, por no haberse instrumentalizado el anclaje salarial de la forma correcta y por haberse entendido erráticamente (se supone) que dicho anclaje era de un valor fijo en Bolívares para el salario, fue por tal razón que no se creó el blindaje que se esperaba y en su lugar se produjo el efecto contrario llevando hoy día el salario mínimo en su equivalente a poco menos de 4 dólares al mes; aun así, se está a tiempo de hacer las debidas rectificaciones.

Por cierto, cabe destacar la necesidad de incluir en la fórmula la premisa de que las escalas salariales deben estar siempre por encima de las que rigen para Colombia al cambio equivalente, ya que este otro elemento es lo que garantiza que los arbitrajes de precios –incluyendo el de la gasolina– siempre estén a favor de la productividad y de la eliminación progresiva del contrabando de extracción al desaparecer los incentivos que lo sostienen, al tanto que también se contendría la hiperinflación, ya que los precios tienen su techo y es justo lo que el consumidor colombiano según su nivel de salarios que es 54 veces más alto que el de los venezolanos, está dispuesto a pagar por nuestros rubros.

 Hacia una verdadera conexión socialista entre el pueblo y sus líderes.

A la luz y a las sombras del acontecer cotidiano en lo que va del 2019 y del nuevo período presidencial del Presidente Nicolás Maduro, signado por la arremetida imperial en su contra y en la nuestra, proviene a manera de reflexión el cómo denominarle a la condición actual de este, nuestro socialismo; de lo cual toma la forma el inédito concepto de «socialismo unplugged«.

¿Por qué unplugged? Por todo lo que con dicha palabra se significa y se ha de significar al utilizar todas sus acepciones y traducciones para describir las particularidades de un modelo en construcción que apenas se enfrenta a los avatares de su fase más incipiente. Por tanto, en términos literales y figurativos, valga la expresión para referirse a todo lo que se circunscribe en medio de una coyuntura muy sui generis que habrá de definir hacia a dónde nos conducirá la forma en el cómo se construye el socialismo y si va cónsono con su planteamiento originario.

En principio, el término unplugged en su traducción literal significa: desconectado o desenchufado y mayormente se utiliza para referirse a la condición de cualquier dispositivo eléctrico o electrónico al ser desacoplado de la fuente que le proporciona la energía o que lo vincula al resto de algún sistema con el que guarda relación o forma parte. O sea que sin mayores detalles, el término cobra plena vigencia al reseñar los continuos ataques de los que ha sido objeto el sistema eléctrico nacional como forma de llevar al país al colapso total y de lo que cabe destacar que aun así no pudieron, siendo que el fin ulterior buscaba la dimisión del presidente Nicolás Maduro y la traición de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, cosa que no lograron.

Sirva también esta acepción para relatar la manera cómo a nuestro país le fue cortado el acceso a sus reservas depositadas en el exterior para importar alimentos y medicamentos, así como también a la forma cómo le fueron confiscados sus recursos y sus bienes, aplicando ilegales sanciones que contravienen el derecho internacional, tanto a nuestro país, como a quienes mantengan relaciones comerciales con nosotros. Lo cual es otra forma de pretender desconectarnos del sistema mundo sobre el que las potencias imperiales se creen con derechos para regir sus destinos, por fortuna contamos con el apoyo de países aliados como Rusia, China, Irán, Turquía, entre otros.

En términos figurativos, la traducción de unplugged también suele ser utilizada para referirse a exfuncionarios del gobierno, que en su condición de “desenchufados” por sus diferencias con el mismo, así sea por posiciones válidas o no; por la forma como exponen su propia visión del socialismo del que se dicen defensores y como canalizan sus críticas a la actual administración, en lugar de ayudar a corregir de manera constructiva lo que requiere ser revisado, lo que hacen es facilitarles el trabajo a los enemigos de la patria para que nos hagan más daño, lo cual no los excluye a ellos.

Otro uso que también en los mismos términos figurativos se le puede dar a la traducción de unplugged y que paso a explicar, pero no sin antes advertir que  es el que reviste de nuestra mayor atención, es el uso que se le da a dicha traducción para referirse a los funcionarios del gobierno que se desconectaron del pueblo al cual se deben y le dieron la espalda, cuyas consecuencias desencadenan en daños con impactos irreversibles para la revolución y de lo que solo basta observar el resultado de la gestión que llevan al frente, específicamente en el área económica, opacando los logros que se habían venido alcanzando.

Por supuesto que no podría faltar el particular significado de la palabra unplugged utilizado en el mundo del espectáculo para referirse a una modalidad de conciertos en acústico que solo cuentan con el acompañamiento mínimo de los instrumentos musicales esenciales que permitan apreciar la pureza original del sonido, directo y tal como este se produce, sin ningún efecto electrónico o pregrabado. Esto a propósito de los conciertos, para nada en acústico, que se dieron de lado y lado de la frontera con la “Hermana República”, en los días en los que se pretendía hacer entrar por la fuerza a nuestro país una supuesta ayuda humanitaria, so pretexto y como antesala para pretender invadirnos militarmente, como era su intención y que valga recalcar que del lado nuestro con la respectiva contraofensiva musical se logró impedir.

En esta onda de la dialéctica y muy a propósito del llamado que hiciera el presidente Nicolás Maduro al pueblo para escuchar de su viva voz las propuestas de mejora para corregir el rumbo de la revolución; cabría entonces introducir la conceptualización del: «socialismo en acústico», dedicado muy especialmente para quienes desde las altas esferas del poder pretenden construir el socialismo, en lo que destaca el hacer énfasis en la importancia que reviste el considerar y escuchar de forma directa a los pueblos, esto para que se le habiliten canales expeditos de verdadera participación y se permitan vivir con ellos sus propias realidades.

Sobre el particular, téngase siempre presente que el socialismo se construye con la gente mediante los modelos de desarrollo endógeno como el que quiso impulsar a gran escala el presidente Hugo Chávez y para lo que no necesariamente se requiere de divisas, o por lo menos no más allá de lo que se amerita para adquirir algún componente o materia prima de importación; siendo que los demás rubros todos lo podemos producir acá, haciendo de esto incluso, nuevas fuentes generadoras de ingresos en divisas y con ello sentando las bases para que nuestra economía deje de ser influenciada por la manipulación del mercado cambiario.

Claro está, para ello se requieren algunos otros cambios estructurales en el sistema en los que se sustituyan los medidas de adjudicación de divisas al sector privado de parte del Estado, por programas de financiamiento con créditos en divisas, pero para ser cancelados en divisas, no en moneda nacional, con la condición de que para optar a ello el beneficiario del crédito deba obligarse a exportar parte de su producción para honrar dichos compromisos, pero sin desabastecer al mercado nacional.

Por lo pronto y para no extenderme más, el llamado es mantenerse en pie de lucha, echando mano de cualquier recurso que tengamos a disposición y principalmente haciendo el buen uso de nuestra mejor arma, que no es otra que la palabra, el verbo, la información y el conocimiento, pero con pasión revolucionaria; si esa misma pasión que justo ahora mueve a Quasimodo, que personifica al pueblo galo de a pie, para reencontrarse cada sábado con su adorada Esmeralda y salir a su rescate, quien para el caso es la representación de la patria francesa y de lo cual, de no lograrse nada será llevada a su nueva condena, siendo testigos de ello las Mariposas Amarillas que también solían acompañar a Mauricio Babilonia en sus encuentros furtivos con su amada Meme y con la misma pasión.

Solo el pueblo salva al pueblo.

P.D.: Los Chalecos Amarillos solo piden salarios justos y que periódicamente le sean indexados a la inflación ¿Será descabellada esta idea?

Continuará…