Balance 2019. Perspectivas y recomendaciones 2020 (Primera parte)

Como su título lo indica, el siguiente trabajo editorial especial fusiona un balance en materia económica y política de 2019 con una proyección de perspectivas y recomendaciones para 2020. La conclusión para 2019 -el «año en que vivimos peligrosamente»- es que acabamos de atravesar los doce meses más difíciles de una transición muy compleja, transición que, dicho sea, no es solo económica sino también política, social e inclusive cultural.

En medio de esta transición entramos a 2020, año en que la agenda política seguramente marcará de nuevo a la económica pero que, contrario al año que termina donde el asalto a la institucionalidad impuso la pauta, las elecciones parlamentarias puede que capitalicen las energías confrontacionales. Desde este punto de vista, 2020 también será un año complejo. No compartimos los pronósticos que hablan de una recuperación de la economía, si bien es posible que el ritmo de de la contracción ralentice, sobre todo si lo político no se sale de curso nuevamente. Y de la misma manera, lo más probable es que en su esfuerzo pre-electoral el gobierno haga todo lo posible por alargar la sensación de estabilidad creada por la burbuja decembrina. En cualquier caso, siguen estando en el horizonte las sanciones, la deuda externa, los dilemas cambiarios y monetarios, la política de laissez faire del gobierno nacional (que apuesta a la autoregulación del mercado despues de haber levantado las banderas del buen gobierno económico), la precarización salarial y laboral, las remesas y los esfuerzos de millones de personas por mantenerse a flote y no dejarse abatir por la adversidad. A estas y estos últimos, sobre todo, están dirigidas nuestras recomendaciones al final de la segunda parte, si bien también hacemos algunos alcances sobre cuestiones ya de política económica que pensamos son imprescindibles para entrar en la senda real de la recuperación. Pese al panorama complejo, creemos que existen multiples alternativas de acción todavía.

A efectos prácticos y para no abusar del tiempo de nuestras lectoras y lectores, dividimos el texto en dos parte, dejando esta primera para el balance 2019. Las proyecciones de 2020 y recomendaciones las dejamos para una segunda parte a publicarse los primero días del enero que pronto comienza, si bien algunas cosas ya avisamos en esta entrega. 

2019: ¿el año de la transición?

Muy probablemente el año 2019 quedará para la historia como el de la transición. La pregunta que habría que hacerse es transición hacia dónde. Es una pregunta difícil de responder y cuya respuesta en tal virtud dejaremos abierta. Pero en todo caso, lo cierto es que el modelo económico instaurado a partir de la Constitución del 99 poco a poco ha venido desapareciendo, o en todo caso, mutando ante nuestros ojos.

Se trata de un cuadro de cosas complejo pues dicha transición es encabezada por el propio gobierno continuador de aquel modelo, al mismo tiempo que ha logrado sortear con bastante habilidad las múltiples intentonas para su derrocamiento. Intentonas que, recordemos, y esto es más que anecdótico, fueron protagonizadas por movimientos oposicionistas apoyados desde el exterior y que tenían como bandera, precisamente, encabezar una transición. Apoyo que en momentos determinados puso sobre nuestras cabezas la posibilidad de invasiones militares y el comienzo de una guerra abierta y sangrienta con destino incierto.

El tema además es que tal transición ocurre sobre el marco de los estragos amulados provocados por la confrontación política. Son ya siete años de la misma y esto se evidencia en lo económico en cuadros tales como la histórica contracción del PIB, la hiperinflación, la depreciación vertiginosa del bolívar, la huida de éste hacia otros medios de pago y principalmente hacia el dólar (lo que aquí llamamos dolarización de facto o inercial), la caída estrepitosa de la producción petrolera, la desinversión, la precarización salarial, la desestructuración del empleo formal y la proliferación de la informalidad. También en otros indicadores como la migración masiva de ciudadanos en general y de la mano de obra en lo particular, lo que va desde la emigración a otros países hasta la migración interna desde unas ocupaciones hacia otras y/o unas regiones a otras.

Un comentario aparte merece el caso del cuasi-colapso de los servicios públicos, lo que va desde el transporte hasta la electricidad pasando por el agua y los combustibles, hasta llegar a los de telefonía e inclusive la salud y la educación, todos fuertemente afectados por la desinversión, la fuga de mano de obra calificada y en no pocos casos los sabotajes.

Pero para no seguir con el mero inventario desordenado de cosas más o menos conocidas, detallemos datos para de la manera más objetiva caracterizar de dónde venimos y estamos en la económico y político para luego dar cuenta de hacia dónde vamos.

Hay que dejar claro que los análisis que a continuación siguen toman como fuente los datos oficiales emanados por el BCV. Sabido es que a la fecha no todos están actualizados, pero optamos por limitarnos a su uso no solo porque es la fuente oficial, sino también para evitar malos entendidos e interpretaciones con respecto a las conclusiones que puedan los mismos arrojar o los cuadros complejos que puedan pintar. En los casos en que hagamos alguna estimación o utilicemos algún dato no oficial, lo diremos expresamente.

2019 en lo económico

El indicador más representativo del estado de cosas actual es el que tiene que ver con la contracción del PIB. Podemos discutir desde un punto de vista más amplio y heterodoxo, si el PIB como indicador convencional da cuenta o no de una economía y más aún de un caso tan complejo como el venezolano. Pero más allá de ello, lo importante a tomar en cuenta es que la contracción venezolana expresa no tan solo problemas de productividad, empobrecimiento, caída del consumo, etc., habituales en estos casos, sino que es señal del empequeñecimiento de su economía con todo lo que ello implica.

Así las cosas, lo primero a tomar en cuenta es que la economía venezolana acumula en 2019 seis años consecutivos de contracción, lo que es la serie más larga registrada en nuestra historia contemporánea. Tomando en cuenta la data oficial BCV, los últimos años de crecimiento fueron 2012 (5,6%) y 2013 (1,3%), cuando se comenzó de lleno la confrontación y de allí la notable ralentización del crecimiento. Pero de 2014 en adelante estamos en caída libre. Si tomamos linealmente la variación entre 2014 y 2018, se acumula un -64,2% de contracción. Si tomamos el nivel de actividad para el primer y último año de la serie la caída es de -49,3%.

En cuanto a 2019, la última data publicada por el BCV da cuenta de un -26,8% de contracción para el primer trimestre, lo que es el peor desempeño trimestral de la economía venezolana desde el primer trimestre de 2003, cuando tras el sabotaje petróleo se contrajo -26,7%. Habrá que esperar que el BCV se ponga de nuevo al día con este indicador, pero estimamos que para finales de este 2019, si bien el segundo semestre se comportó mejor que el primero, la contracción puede estar por el orden del -25%, lo que sería el peor desempeño anual de la historia contemporánea venezolana.

Así las cosas, linealmente acumularemos una serie de entre 75 y 80% de contracción, lo que dicho en otros términos significa que la economía venezolana en este tiempo se habrá reducido a un 25 o 20% del tamaño que tenía hace solo 6 años atrás. Por nivel de actividad la caída estaría en torno al 65%.

Como hemos señalado con anterioridad, esto ubica a nuestro país entre los descalabros económicos más agudos de la historia reciente, solo comparable al de países en guerra como Siria. Pero más importante es hacer conciencia que esto supone entre otras cosas lo siguiente:

  1. Que actualmente no estamos en la capacidad de mantener las condiciones de vida óptimas de los casi 30 millones de habitantes que debería tener el país según las proyecciones INE.
  2. Que en razón de lo anterior, es entendible el proceso de expulsión de personas que implica la emigración.
  3. Que la mayoría de los que no migran se han visto sometidos a un violento proceso de precarización de sus condiciones de vida, en eso que eufemísticamente los economistas llaman “ajuste”.
  4. Que tamaña contracción ya no solo supone un retroceso productivo y comercial más o menos momentáneo o de la generación de riquezas, sino una destrucción masiva de las fuentes mismas de generación de la riqueza.

A este respecto, consideramos que adicional a la confrontación política seis factores han sido determinantes para este desempeño tan negativo de la economía venezolana:

  1. La especulación de precios arrancada en 2013 y transformada a partir de 2017 en hiperinflación, precarizadora del ingreso y por esa vía pulverizadora del consumo, lo que terminó afectando al sector comercial con cierres masivos. Lo que no deja de ser paradójico, habida cuenta los ánimos con que muchos comerciantes se sumaron en su momento a la especulación como una vía rápida de hacer riquezas al tiempo de conspirar contra el gobierno. Visto en números, de nuevo en cifras oficiales, los precios entre diciembre 2012 y septiembre 2019 (ultima data BCV disponible) han variado la astronómica cifra de 990.213.120%. Tamaña variación ha tenido desde luego su impacto no solo en los bolsillos de los consumidores (contracción del consumo) sino también en la inversión por el aumento de los costos asociados a la misma
  2. La vertiginosa devaluación del bolívar. Consideremos solo lo siguiente: al cierre del mercado cambiario este 27 de diciembre de 2019, el tipo de cambio oficial se ubicó en 45.874,81 bolívares por US$ (a mediados de mes llegó a bordera los 50 mil). Esto significa que en un año y 4 meses que tiene de entrado en vigencia el bolívar soberano ha variado en 76.358,02% su valor. Y si el caso fuera que todavía estuviera en vigencia el bolívar fuerte, dicha variación sería de 30 mil millones por ciento. Evidentemente, al igual que en el caso anterior, el impacto sobre el consumo y la productividad son profundos.
  3. La caída de la producción petrolera: al cierre de 2012, PDVSA registraba una producción de 2.743.000 barriles diarios de petróleo. Al cierre de noviembre 2019 la producción registrada es de 965.000 B/D. Esto supone una caída del -65%, que durante varias veces durante este año llegó a estar incluso por debajo. Si lo llevamos a divisas, dicha caída implica unos 100 mil millones de US$ no ingresados entre 2013 y 2019 al país por este concepto. Tomando en cuenta que estamos hablando de la principal industria nacional y básicamente la única generadora de divisas, queda claro el impacto que ha tenido la misma en el descalabro económico que atravesamos.
  4. El apagón de marzo: desde luego, el severo apagón del 07 de marzo del presente año es otro importante factor contributivo de la contracción económica. Según diversas estimaciones, los cuatro días que duró supuso una pérdida superior al millardo de dólares para el país y por sí solo una contracción de 1,3% del PIB. De más no está decir que allende los cuatro días que duró, sus secuelas se siguen sintiendo, en la medida que desde entonces el Sistema Eléctrico Nacional no se ha estabilizado ni mucho menos robustecido. A lo sumo, puede decirse que viene siendo administrado de tal forma su carga que la inestabilidad afecta lo menos posible a Caracas y otros puntos neurálgicos del país, al costo del racionamiento que sufre el resto. Luego del apagón de marzo se suscitaron al menos otros cuatro de alcance nacional. Y de allí en adelante una serie interminable de suspensiones que contempladas o no en el Plan de Administración de Carga aplicado por Corpoelec. Ciudades como Barquisimeto y estados como el Zulia son las más afectados por estas suspensiones, muchas de las cuales duran horas. Como hemos señalado con anterioridad (ver nuestra publicación de 2018: Sin electricidad no habrá recuperación, crecimiento ni prosperidad), el problema del estado actual del SEN no es solo doméstico o las molestias típicas asociadas a los cortes de luz: es también productivo, en la medida que su situación no permite una recuperación económica pues mayor actividad económica implica automáticamente un mayor consumo eléctrico que el sistema no luce en la capacidad de dar. Sobre este punto volveremos más adelante, a propósito de las recomendaciones, dado no parece clave en la resolución del estado de cosas actual.
  5. El bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por el gobierno norteamericano y replicado por sus países satélites. Además de restringir el comercio y complicar en grado sumo las operaciones financieras (lo que incluye la confiscación de cuentas y pagos a proveedores), el bloqueo tiene un impacto directo en la actividad petrolera, cuya aceleración de caída coincide con el comienzo del mismo (si bien no es la única causa) y cuyo corolario fue la confiscación de CITGO. Por otra parte, encarece los productos importados por el costo adicional de fletes, seguros, etc., aumentando la escasez relativa a lo interno y la inflación. Adicionalmente, crea severos problemas en cuanto la matriz productiva, pues muchos repuestos, piezas, software, materias primas, etc., necesarias para la producción interna y el funcionamiento del país en general también se ven afectados.
  6. Por último, pero no menos importante, la política de restricción aplicada por el BCV y el ministerio de finanzas como parte de sus medidas antiinflacionarias, de estabilidad monetaria y equilibrio fiscal. Es tal vez el menos evidente de todos los factores, entre otras cosas porque es el más reciente y también porque se trata de una medida tomada por el gobierno en las antípodas del imaginario económico chavista. Pero en lo concreto y más allá de las intenciones, lo cierto es que se trata de una medida que deliberadamente sacrifica la actividad económica en aras de ciertas metas cuyo cumplimiento, dicho sea, es bastante discutible.

En sentido estricto, estas medidas comenzaron a tomarse en noviembre de 2018, en el marco de la corrección del plan de recuperación de agosto de ese mismo año. Pero de manera más clara con la aplicación de los encajes legales y todo el conjunto de decisiones de orden monetario y cambiario que tenían como propósito restringir la masa de bolívares en circulación, para de esa manera contraer el poder adquisitivo del público y bajar la presión sobre la masa disponible de bienes incluyendo las divisas.

Puede decirse a favor de estas medidas, que su éxito fue detener la escalada hiperinflacionaria que a principios de este 2019, amenazaba con desbordarse hacia números aún más siderales de los ya vistos. Pero si bien esto es cierto, la hiperinflación sigue siendo un riesgo latente, en el sentido de variaciones de los índices de precios por encima del 50% mensual (como fue el caso de septiembre según el propio BCV y muy probablemente sea el de diciembre). De hecho, una hipótesis nuestra es que la hiperinflación en realidad no desapareció, sino que se desdobló, en la medida en que el circulante monetario y el sistema de precios también lo hicieron.

Es decir: ya no resulta útil ni realista medir las variaciones de precios solo en bolívares, habría que hacerlo forzosamente también al menos en dólares, pues existe un sistema de precios que es literalmente independiente de la que todavía sigue siendo la moneda de curso legal pero cada día menos la principal. Desde este punto de vista, a lo que vamos es que, si bien la variación acumulada del INPC en torno al 4.700% hasta septiembre es muy inferior a la observada durante 2018 y que lo más probable es que el acumulado 2019 también lo será, puede no ser del todo realista, pues solo mide la variación en una moneda que cada vez se usa menos dentro de un sistema de precios que todo indica va de salida.

Lo que nos lleva al delicado tema de la “dolarización”, proceso que se ha visto favorecido por la política restrictiva del BCV en la medida que al drenar los bolívares de circulación creó las condiciones para su reemplazo definitivo como medio de pago. Pero antes de pasar allí, pues eso merece un comentario aparte, demos cuenta de algunos ítems relacionados a la contracción de la economía venezolana que al cierre de este 2019 acumula su sexto año:

  • Entre el año 2012 y el 2018 la actividad petrolera se contrajo 44,5% mientras que la no petrolera disminuyó 47,2%.
  • De las actividades no petroleras la que registró mayor caída fue la construcción: -90,7%. Le siguen las actividades comerciales: -75,6%. Manufacturas: -71,7%. Financieras y de seguros: -69,5%. Transporte y almacenamiento: -62,6%. Servicios inmobiliarios -33,7%. Electricidad y agua: -25,1%. Servicios del gobierno general: – 8,7%.
  • De la misma manera, y siempre según el BCV, entre 2012 y 2018, la demanda global interna de bienes y servicios disminuyó -68,1% desagregada de la siguiente manera: consumo final privado: – 50,2%; consumo final del gobierno: -27,6%. Por su parte la inversión, que también forma parte de la demanda global interna, disminuyó -89%.
  • En cuanto al tema salarial: a finales de 2012, medido al tipo oficial vigente de entonces, el ingreso mínimo legal (salario mínimo más bono de alimentación) equivalía a unos 700 US$, uno de los más altos sino el más alto de la región y del mundo. Al cierre de 2019 equivale a unos 6 US$, lo que significa que se ha reducido unas 116 veces en 7 años al punto de ubicarse unas 55 veces por debajo del promedio regional y convertirse en uno de los más bajos del mundo.
  • Otras severas disminuciones son las relativas a las exportaciones e importaciones. Las primeras disminuyeron en torno al 65% y las segundas por el orden del 85%. En cuanto a estas últimas, sin embargo, habría que decir que existe una cantidad importante que se vienen haciendo sin registro, en la medida que se realizan vía particular tanto en vehículos (desde Colombia básicamente, por parte de personas que viajan y retornan con mercancía para comercializar a lo interno que no se declara como tal) y por embarques currier. El caso del abastecimiento de los ya céleres bodegones depende en buena medida de esta última modalidad.

De la desbolivarización hacia ¿la dolarización?

Desde luego, desde el punto de vista económico, el acontecimiento más llamativo de este 2019 puede que sea el de la “dolarización transaccional” o “de facto”. Es un proceso complejo que venimos advirtiendo desde hace rato y que, recientemente, el gobierno mismo en palabras del propio presidente de la República, reconoció y de hecho celebró como “válvula de escape” a la situación de cerco al cual se ve sometida la economía nacional.

En términos cuantitativos, al 13 de diciembre de 2019, que es la última data disponible publicada por el BCV de este indicador, la liquidez monetaria de bolívares es equivalente a unos 808 millones de US$, si tomamos como referencia el tipo de cambio oficial (para este cálculo se toma la liquidez monetaria en bolívares y divide por el tipo de cambio vigente). Actualmente se estima que circula en la economía nacional una masa monetaria equivalente a 3,5 mil millones de US$, lo que supone que solo un 23% de dicha masa son bolívares, siendo el resto toda una gama que va desde dólares y euros pasando por pesos colombianos y reales brasileños (dependiendo de las zonas del país) hasta llegar a las criptomonedas. No obstante, dadas las condiciones de la información en nuestro país, resulta una estimación que se realiza con un alto margen de error.

A este respecto, pensamos que lo que ha venido ocurriendo, en primer lugar, es un proceso de expulsión del bolívar como medio de pago, expulsión que hemos denominado desbolivarización. Ante esto, el dólar ha venido tomando relevancia, si bien como hemos dicho no es la única moneda que circula. Para que esto ocurra debe ciertamente haber aumentado la cantidad de dólares en la economía, pero antes que esto lo que pareciera estar pasando es que fue la liquidez del dólar en Venezuela lo que aumentó y en tal virtud su velocidad de circulación. Es decir: la lógica cambiaria hasta no hace mucho consistía en que básicamente la gente compraba dólares como refugio de valor o para casos muy puntuales, como viajar, cuestiones de salud o compras suntuarias. Mientras otros vendían para tener liquidez en bolívares y/o aprovechar los diferenciales, etc. No obstante, en la medida en que ya se popularizó el pago directo en dólares, entre otras cosas por la falta de efectivo en bolívares, ambas cosas se hacen cada vez menos y de hecho tiene menos sentido hacerlas.

El punto de inflexión pareciera haber sido el apagón de marzo, que ante la imposibilidad de recurrir a medios electrónicos y la falta de bolívares, la alternativa inmediata para mucho fue sacar sus reservas. De allí en adelante los precios comenzaron a marcarse cada vez más en dólares: estos comenzaron a pasar de mano en mano y muchos (los prestadores de servicios no asalariados o por destajo, por ejemplo, plomeros, mecánicos, etc.,) vieron la oportunidad dorada de cambiar sus ingresos de bolívares a dólares. A esto hay que sumarle los ahorros y remesas, quienes hacen trabajos para el exterior y los remuneran en dólares, las empresas privadas que para mantener trabajadores hacen lo mismo, lo que ingresa vía contrabando y demás actividades ilícitas y, desde luego, la corrupción, cuyos capitales ante las sanciones se ven amenazados fuera y optan por quedarse en el país.

A estas alturas de las cosas es difícil prever qué sucederá. Lo que si luce casi imposible es que el bolívar recupere su centralidad. En nuestra consideración avanzaremos inicialmente hacia un sistema oficialmente bi-monetario con el Petro desplazando cada vez más al bolívar, mientras éste va quedando para las operaciones de menudeo. Pero extraoficialmente será tri-monetario, en la medida que el dólar siga ganando espacios, como todo parece indicarlo. Esta tensión monetaria marcará 2020, siendo que las posibilidades de una dolarización formal no solo están latantes sino que institucionalmente se ha avanzado también en esa dirección, desde la derogación de la ley de ilicitos cambiarios y el levantamiento del control cambiario, pasando por la indexación de los créditos al tipo de cambio oficial y la apertura de cuentas custodia en divisas por parte de la banca privada. Según los manuales de dolarización, lo que sigue es la apertura de cuentas de uso corriente y ahorro en la banca para particulares y comerciantes y la posibilidad de asignar créditos en dólares, con lo cual el mandado ya estaría hecho y lo que resta es pasar todos los valores a la moneda norteamericana, desde los salarios hasta la liquidez monetaria (para esto último bastaría tan solo con el 10% de las reservas internacionales). El principal problema operativo para esto por paradójico que suene es, sin embargo, el bloqueo, que impone restricciones a la entrada de divisas y prohibe cosas muy importante como el trabajo de corresponsalía de los bancos. Pero amanecerá y veremos.

Por último, y no menos importante, valga agregar que la dolarización o el cómo se dirima el tema monetario no es solo un asunto meramente económico. Lo es también político, social y cultural. A este respecto, recomendamos este par de trabajos publicados en nuestra página que abordan estos temas (ver acá y acá).     

¿Y el Petro?

Precisamente el renacimiento transmutado del Petro ha venido a sumarle complejidad a la ecuación monetaria venezolana. Y decimos renacimiento transmutado pues el Petro, que ha sido lanzado y desaparecido de escena varias veces, retornó con fuerza a finales de año, pero ya no como una criptodivisa para el comercio exterior (como se planteó en sus inicios) sino como una critomoneda que reemplazará al bolívar como de curso legal o convivirá con él al modo cubano (CUC-Peso). El “ensayo” del criptoaguinaldo y los anuncios complementarios en torno al mismo como el de la contabilidad obligatoria en petros para el comercio, indican claramente este nuevo estatus o rol de la criptomoneda criolla. Entre otras razones suponemos que el cambio se debe a las sanciones que imposibilitan su comercialización fuera de nuestras fronteras. El problema sigue siendo la improvisación, que hacen que sus problemas iniciales de indiscernibilidad sigan arrastrándose dos años después de su presentación en sociedad, lo que junto a al tema de las sanciones arroja dudas sobre su futuro. Pero habrá que ver como fluyen las cosas.

Bonus track: del rentismo importador a la la bodegoneconomía

No queríamos terminar este balance económico sin tocar otro tema bastante peculiar:  la proliferación de los llamados “bodegones”, en medio de una dinámica pintoresca que hemos denominado bodegoneconomía.

Aunque este haya sido el año de su proliferación, eso que ahora se llaman bodegones no son un fenómeno exactamente nuevo. De hecho, en un par de trabajos nuestros, unos de 2016 y otro de 2017 anticipábamos lo que estaba por venir. Por lo demás, siempre han existido en el país, si bien de un tiempo a esta parte han dado un salto cualitativo para atrás o para adelante, dependiendo del punto de vista. Y es que los bodegones de antes eran sitios donde por lo regla se consumían exquisiteces y bienes suntuarios, por lo general importados y fuera del alcance de la mayoría. Hoy siguen estando fuera del alcance de las mayorías, pero ya no son necesariamente bienes de consumo suntuario o exquisiteces lo que en ellos se consigue. Salvo las excepciones de rigor, en los que ahora proliferan se puede adquirir bienes que hasta no hace mucho eran de consumo masivo, pero que dada la crisis se pusieron a precios prohibitivos. Este es el caso de muchas chucherías y licores, e incluso cosas como atún, diablitos, queso amarillo, salchichón, etc. Jabones de uso personal y para el hogar, detergentes, champuses, etc., entran en la nueva categoría de los nuevos lujos de los bodegoneconomía.

La dolarización transaccional de la economía ha sido caldo de cultivo para esta proliferación. Pero a su vez lo han sido otros tres factores: uno es el hecho de que la devaluación del bolívar, pese a lo severa que ha sido este año, ha marchado más lenta que la subida de los precios, lo que ha traído como resultado que salga mucho más barato importar que producir a lo interno, sumado además todos los problemas operativos que esto último enfrenta. El segundo factor es la exoneración impositiva y de permisos con que gozan actualmente las importaciones, los que la coloca todavía en más ventaja frente a la precaria producción nacional. En tercer lugar, la salvaguarda que en medio de las sanciones norteamericanas gozan los alimentos y medicinas en general, lo que permite por ejemplo que una Nutella importada por privados desde de Miami no viole el bloqueo mientras un repuesto para maquinarias sí.

En resumen, y para no extendernos en este punto que de por sí merece un desarrollo especial (como el del «emprendedurismo«, otro fenómeno de 2019 al cual dedicaremos espacio en la segunda parte de este trabajo)  la bodegoneconomía -suerte de neorentismo importador postpetrolero pero segmentarizado- también es un hecho destacable de 2019, que por lo demás es signo de la fragmentación actualmente existente entre quienes tienen posibilidad de acceder a divisas, y por tanto pueden consumir, y todos aquellos que no y por lo tanto sub-consumen.

El 2019 en lo político

Sobre el saldo de 2019 en lo político es mucho también lo que puede decirse, si bien pude resumirse en unos breves apuntes.

A nuestro modo de ver el principal balance es el fortalecimiento final del gobierno del presidente Nicolás Maduro, que logró sortear y superar todos los ataques dirigidos a derrocarlo pero además a violar la soberanía nacional.

Por otro lado, o en contrasprestación, notorio también ha sido el desinfle y posterior desmembramiento de la oposición, después del encumbramiento de principios de año cuando se llegamos incluso a tener un presidente autonombrado pero reconocido por factores internacionales.

El experimento con Guaidó tuvo un efecto adicional sobre el chavismo: nuclearlo pese a sus diferencias internas cada vez más manifiestas y explícitas, todo por razones que van desde el convencimiento político hasta el instinto de sobrevivencia dado el espíritu extremista del oposicionismo venezolano. Mientras, a lo interno de las filas opositoras el efecto ha sido la actual desmovilización, que comenzó sobre todo tras la fallida ¿intentona? golpista del 30 de abril.

En lo que al gobierno y la dirigencia chavista en cuanto tal refiere, parece notorio que ha logrado posicionarse el ala más pragmática, aperturista y liberal. Luce evidente no solo en el giro de las políticas sino en el cambio de los interlocutores de las mismas, en un proceso que comenzó en 2016 pero que se consolidó este 2019. Por ejemplo ya casi no aparecen en el discurso las comunas ni el socialismo ni la clase obrera o solo ocasionalmente y en coyunturas muy específicas, al cabo que su lugar lo han venido ocupando la burguesía revolucionaria, las fuerzas productivas, etc.

Por el lado del oposicionismo la situación es más confusa. A veces da la impresión que los sectores más extremista han monopolizado su conducción, pero después vemos posturas como las de María Corina Machado y sus cercanos y caemos en cuenta que hay otros más extremistas todavía que la disputan. De un tiempo a esta parte han surgido sectores más conciliadores o dialogantes queriendo capitalizarel fracaso de Guaidó, pero su alcance a lo interno de la militancia opositora parece poco.

Como quiera, también parace evidente que cada vez más sectores de la vida nacional están tendiendo a la despolarización gobierno-MUD, básicamente para dedicarse a resolver su vida diaria en medio de la crisis. Esto no significa forzosamente una despolitización, solo que la logica bi-polar puede que cada vez convenza menos y se presente como solución real. Se siente incluso cierto hartazgo en sectores importantes de la población, desencantados con unos y con otros. Habrá que ver en qué depara esto, pues o bien puede ser caldo de cultivo de nuevas experiencias solidarias o bien el comienzo de un proceso de atomización individualista y desmovilizada. Mientras no haya nada ni nadie que aglutine o haga sentido, parece más lo segundo que lo primero. Pero este será un tema para dedicarle un poco más en la segunda parte de este trabajo editorial especial.

5 Comentarios en Balance 2019. Perspectivas y recomendaciones 2020 (Primera parte)

  1. Los seres humanos necesitamos ESPERANZA….a veces lo decimos en plural, sin la expectativa de que haciendo algo o yendo en determinada dirección, podemos lograr lo que queremos, estaríamos vivos apenas en términos puramente fisiológicos…..vistas la «estrategia» y las «tácticas»(me niego a darles calificativos) del Gobierno de Venezuela y considerando sobre todo el asedio al que está sometido el país, la única esperanza que vislumbro es un «sueño dorado» de muy difícil realización…..voy: Que Bernie Sanders gane la nominación del Partido Demócrata, que luego gane la Presidencia de Estados Unidos y por último, lo más importante, indispensable…..¡¡¡que no lo asesinen!!!….al menos durante los primeros dos años de su gobierno….solo así podríamos esperar un cambio de la «política hacia Venezuela», que al menos aminore la intensidad del asedio.

  2. Precisiones mínimas necesarias:
    1-No es cierto que las medidas monetarias del BCV hayan afectado la liquidez, el índice de Monetización ajustado, tomando en cuenta los PTR y los fideicomisos líquidos está en el mismo alto nivel de 2017 y 2018. Las medidas no buscaban restringir la liquidez, sino los excedentes ociosos de los bancos, que destinaban al mercado cambiario, objetivo que sí se logró.
    2-No es congruente asumir la contracción del PIB, cifra cierta, y afirmar que están circulando en la economía más de USD 3,5 mil millones; cifra que por sí sola, sin contar VES y PTR, excedería la totalidad del PIB actual.
    3-Las cifras de transacciones electrónicas, y las estimaciones para el efectivo, no indican una mayor velocidad de circulación del dinero; además de que una supuesta mayor velocidad de circulación no es congruente con la presunta mayor circulación de divisas, a un tipo de cambio cada vez mayor, y con la contracción de la economía.
    4-En el lapso mencionado, 2012-2019, el tipo de cambio ha aumentado más de 12,5 veces por encima del INPC y del ingreso mínimo legal, por lo que no es procedente comparar los ingresos mínimos legales de 2012 y de 2019 en términos del USD. Además, tanto el sector público como el privado están remunerando, adicionalmente, en especie, esto es, entregando alimentos y productos de higiene personal como parte importante de la remuneración.
    5-Aun admitiendo, cosa discutible, una presunta inflación en USD, la misma NO podría ser «sumada» a la cifra de inflación general; sino que sería una porción de la cifra general, menor a la inflación en bolívares; simplemente serían precios variando en distintos porcentajes, medidos en una u otra divisa.
    6-En 2019, el tipo de cambio ha crecido, a la fecha, en la misma medida que el INPC
    7-No se presentan pruebas de lo que se denomina «improvisación» en relación con el PTR

    • sí, habría que ponderar dólares y bolívares para calcular la tasa de inflación mensual y acumulada, cosa nada fácil, ahora con los petros, además. Es indudablemente exagerada la liquidez monetaria en dólares, habida cuenta que es sólo en billetes. Por último, todo indica que mientras siga NM, todo seguirá igual

  3. Excelente resumen. Completo y necesario, especialmente en momentos en que la información se ha tornado tan esquiva. Qué bueno que han vuelto a funcionar digitalmente, creo que luego de varios meses «en mantenimiento», ahora se valoran aún más los trabajos que se publican en este portal. Saludos y el deseo de un Feliz Año 2020!

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